Ciudades y regiones

Riga – La calle Moscú

Cinco estudiantes alemanes de Potsdam viven y trabajan tres meses con estudiantes letones de cine en Rica. Su propósito es hacer cada uno de ellos, en estas doce semanas, un film que analice la historia o el presente de Letonia.

Para ello cuentan con el apoyo del director alemán de cine Fred Kelemen. A pesar de las crisis pasadas concluyen 15 películas explicativas que dan una impresión del país. ¿Cómo observa una joven generación el futuro de Letonia en el año de su ingreso en la Unión Europea?


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Realización: Andrea Horakh
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Letonia, como todos los Estados del Mar Báltico, tiene una historia llena de vicisitudes. Fue ocupada varias veces por la Unión Soviética y Alemania el siglo XX. La ocupación rusa, sobre todo, ha dejado huellas en la conciencia de su población, en las costumbres de la vida cotidiana y en su estructura demográfica. Más de un tercio de sus habitantes constituyen una minoría rusa. En 1991, Letonia, Lituania y Estonia se liberaron definitivamente de los ocupantes soviéticos. Por primera vez, los tres Estados bálticos demostraron en 1989 su destino común formando una cadena humana de 600 kilómetros desde Tallin hasta Riga y Vilna. El año 2004 marca un nuevo hito histórico:

El primero de mayo ingresa Letonia en la Unión Europea y manifiesta así con toda claridad su alejamiento de Rusia y su adhesión a Occidente. Da comienzo a una nueva Era, a nuevas esperanzas y a nuevos temores y preocupaciones. No olvidemos que Letonia pertenece ahora a un conjunto de gran poder y pierde parte de la autonomía recién lograda.

Cinco estudiantes alemanes de cine de Potsdam y el varias veces galardonado cineasta alemán Fred Kelemen viajan a Riga con este trasfondo histórico viajan en abril de 2004. Trabajan tres meses con trece estudiantes letones de cine en un taller. Cada uno de ellos debe desarrollar una idea, escribir un guión y hacer un film que esté relacionado con la historia y el presente de Letonia.

Se deja abierta la forma del film. Puede ser un largometraje, un documental o una cinta experimental.

El seminario cuenta con el fomento de la ‚Fundación Cultural de la Federación’, la ‚Central Federal para Formación Política’ y la ‚Fundación Roberto Bosch’, así como con la cooperación del ‚Instituto Goethe’. Dispone por tanto de un presupuesto que le permite producir con los adelantes técnicos más modernos y realizar, si lo desean, ideas extraordinarias.

Los estudiantes están conscientes de que esta es una oportunidad singular, como lo expresó uno de ellos: ‚Fred Kelemen nos anima a hacer algo nuevo’. Los jóvenes participantes acometen su propósito con gran energía. El punto de partida de los filmes es la calle Moscú de Riga, un eje que atraviesa la ciudad, rebosante de vida desde las naves del mercado en el centro urbano hasta la periferia. Es famosa y tildada de ser un centro de delincuencia, drogas, pobreza y desempleo. Gran parte de sus vecinos pertenece a la minoría rusa. Antes del holocausto vivían aquí primordialmente judíos.

En las primeras semanas, los estudiantes escriben sus ideas día y noche, las desechan y buscan con denuedo otras más interesantes. No tienen miedo de ser francos, de revelar sus propios pensamientos y sentimientos íntimos. ‚Las películas funcionan sólo cuando uno se arriesga a ser sincero consigo mismo’, señala el docente y director cinematográfico Fred Kelemen, aludiendo a sus propias experiencias.

Más adelante, los estudiantes luchan contra el escaso tiempo disponible para rodar y el verano letón sumamente frío y lluvioso. Ninguna fase de la producción discurre sin dificultades. Pero jamás los abandona el deseo de hacer un film y una intensa experiencia.

Es el caso, por ejemplo, de Annett de la Escuela Superior de Cine y Televisión de Potsdam, la primera en rodar. Pasa semanas enteras en la calle Moscú con el camarógrafo ruso-letón Aleksandrs. Su idea es observar allí el quehacer cotidiano en determinadas esquinas y plazas y filmar las escenas desde distintas perspectivas, a diferentes horas del día y con distintas condiciones de luz. Pintan siempre escenas inesperadas. Anett y Aleksandrs tropiezan con situaciones delicadas. La cámara capta refriegas reales, las amenazas de que son objeto por algunos jóvenes, el incendio de varias casas. Sin embargo, Anett termina sintiéndose en casa en la calle Moscú.

Maija de Riga escoge a un niño de este barrio para que sea el protagonista de su largometraje y llega a conocer con él otras facetas de la ciudad. Repentinamente mira esta calle con otros ojos.

La letona Liene recuerda a Hänsel y Gretel y narra un amargo cuento de hadas. Dos niños se pierden en el bosque al huir de sus propios padres, unas personas alcoholizadas y violentas de la calle Moscú. Allí son recogidos, encerrados y cebados por un hombre. Al finalizar el rodaje, Liene tiene los nervios de punta, pero está orgullosa de lo logrado.

Tres de las quince historias conmovedoras.

Los niños y los jóvenes desempeñan un importante papel en casi todos los filmes de los estudiantes letones. En calidad de atormentados o inteligentes reconocen lo que ignoran los adultos y exteriorizan de esta forma los deseos de una generación de mirar hacia adelante, de dejar arás la historia y los traumas consiguientes. La mayoría de las veces miran el futuro con optimismo.

Entre los alemanes se anota veces un atisbo de nostalgia. Los deprime un poco la falta del verano y tampoco escasean los malentendidos que originan las diferencias culturales.

Al final, todos los estudiantes coinciden en que aquí han aprendido más que en sus años de estudio. Han sido quizás los meses más intensos de su vida. Uno que otro llegó a conocer sus propios límites. Pero se han realizado quince películas interesantes, confesiones emocionales, incursiones en esperanzas y los deseos y temores de una generación. Y esto, en un país que vuelve a encontrarse en plena transición. Unas personas de dos países han aprendido bastante uno de los otro, han surgido nuevas amistades y proyectos comunes para el futuro.

Este proyecto no puede ayudar a todo un país, pero sí fortalecer el ánimo de cada uno a seguir su propio camino, reafirmar sus propias facultades’, según su maestro Fred Kelemen.

‚Europa vive’ es la conclusión de todos.
Goethe-Institut e. V. 2005