Stefan Pucher


© Sebastian Hoppe
Nació en 1965 en la ciudad alemana de Gießen. Entre 1988 y 1994 estudió historia del teatro y americanística en Francfort. A partir de 1995 se dedicó primordialmente a realizar puestas en escena en el Theater am Turm (TAT) en Francfort bajo la dirección general de Tom Stromberg.

Entre 1998 y 1999 realizó puestas en escena en el Volksbühne de Berlín con Frank Castorf y en el Deutsches Schauspielhaus en Hamburgo bajo la dirección general de Frank Baumbauer. Desde 2000 es director escénico del Schauspielhaus de Zurich (director general: Christoph Marthaler).

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Retrato: Stefan Pucher

Cambiar del teatro independiente a los teatros municipales hasta hace unos 15 años todavía se consideraba traición ideológica. Hoy en cambio los convertidos son los más fervientes admiradores de los teatros subsidiados. Christoph Marthaler, Stefan Bachmann, René Pollesch, Sasha Waltz o Lars-Ole Walburg provienen todos del teatro de proyecto autodeterminado y pasaron luego a la dirección de grandes escenarios. También Stefan Pucher comenzó a mediados de los noventa como creador teatral independiente en el TAT de Frankfurt.

Marcado por la cultura pop y de DJ de la década pasada que permanentamente volvió a encontrar estilos a partir de la mezcla de categorías aparentemente inconciliables, Pucher desarrolló un teatro de imágenes de cortos circuitos sorprendentes. Sus veladas en el TAT mezclaban concierto de club, performance y videoarte en un concepto salvaje de teatro – él mismo puso algunos discos. Esta primera etapa de tormenta y pasión alcanzó su máximo en 1997 en una acción nocturna con el título “15 minutes to comply” durante la documenta X en Kassel. En una parada subterránea de tranvía un perro corría en un video-loop sobre la pared, mientras que el grupo de performance germano-británico “Gob Squad” presentaba un teatro bailado perturbador, hasta que el tranvía pasaba a buscarlos. Esta enigmatización densa y dinámica de la vida cotidiana llevó a Pucher a los teatros municipales más importantes de los noventa: la Berliner Volksbühne y el Deutsches Schauspielhaus en Hamburgo.

Primero intentó en vano reproducir en proyectos propios su dadaismo-pop con actores de elenco.

Lamentablemente eso pareció un encuentro de clase de adolecentes en formación. Se había perdido la inmediatez. La salvación vino justamente de la mano de Chejov, el proveedor de recetas del teatro sensible burgués. Con la puesta de “El jardin de los cerezos” en el Teatro de Basilea en 1999 Pucher encontró el material que ofrecía suficiente resistencia a sus métodos, para permitir una fecundación.

La pregunta del millón en cualquier actualización, es decir si un material antiguo puede presentarse con personajes actuales de modo que ambos aspectos resulten creibles, recibió en este caso una respuesta convincente. El personal de Pucher que nuevamente parecía proveniente de videos pop, barrios de movida y telenovelas diarias narraba libremente el malentendido entre comerciantes y soñadores como historia actual colorida, reemplazaba sin embargo la melancolía chejoviana por autoobservación irónica. Coreografías de baile graciosas, colorido fuerte y un escenario de video con vista a los cables eléctricos del tranvía de Basilea creaban un ambiente paralelo a la observación seria del drama. Con el traslado de sus actividades al Schauspielhaus de Zürich de Christoph Marthaler, Pucher encontró en su tercera fase de teatro su estilo personal en el abordaje de clásicos. En sus trabajos sobre Shakespeare, Chejov o Büchner unió el arte narrativo tradicional con aquel esceptisismo irónico que siempre busca quebrar el patetismo falso – actitud que une a los mejores directores contemporáneos. De modo que para “Tres hermanas” creó una alegre atmósfera de asilo de ancianos, transformó la corte de Ricardo III en un gabinete de snobs, que puede encontrarse en cualquier agencia de publicidad (ambas puestas fueron invitadas al Encuentro del Teatro de Berlín) y su “Gaviota” se desarrolló sobre una superficie de hielo.

La aceptación de la realidad mediática que modificó nuestras formas de ver y comprender siempre juega un papel importante y factible en los trabajos de Pucher. Usando video, muestra el carácter público de lo privado y la duplicación de la existencia a través de copias. La cámara como expresión del control, la avalancha de información, aceleración o banalización domina sus puestas, sin embargo no como efecto rápido, sino como ampliación sobreentendida de la perspectiva. En el centro siempre están el hombre vulnerable y sus conflictos complicados. El concepto pop se transforma imperceptiblemente en el concepto humanidad.

Till Briegleb

Puestas en escena – Una selección

  • Stefan Pucher nach Max Frisch "Homo Faber"
    2004, Schauspielhaus Zürich
  • William Shakespeare "Otelo"
    2004, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Esquilo “Orestíada”
    2004, Schauspielhaus Zürich
  • William Shakespeare “Ricardo III“
    2002, Schauspielhaus Zürich), invitación al Encuentro del Teatro de Berlín
  • Georg Büchner “Leonce y Lena”
    2001, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Antón Chejov “Tres hermanas”
    2001, Schauspielhaus Zürich), invitación al Encuentro del Teatro de Berlín
  • Antón Chejov “La gaviota”
    2000, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Antón Chejov “El jardín de los cerezos”
    1999, Theater Basel
  • Stefan Pucher „Comeback“
    1999, Deutsches Schauspielhaus Hamburg
  • Stefan Pucher „Flashback“
    1998, Volksbühne Berlin
  • Stefan Pucher / Gob Squad “15 minutes to comply“
    1997, documenta X Kassel
  • Stefan Pucher / Gob Squad „Ganz nah dran“ (“Muy cerca”)
    1996, Theater am Turm Frankfurt
  • Stefan Pucher „Zombie – Ein Horrortrip durch drei Jahrzehnte“ (“Zombie Un viaje de terror por tres décadas”)
    1995, Theater am Turm Frankfurt