Acceso rápido:
Ir directamente al segundo nivel de navegación (Alt 3)Ir directamente al segundo nivel de navegación (Alt 3)Ir directamente al primer nivel de navegación (Alt 2)

Se investiga la procedencia de las obras de arte
La herencia colonial

A partir de 2020, las colecciones no europeas podrán visitarse en el Palacio Real de Berlín.
A partir de 2020, las colecciones no europeas podrán visitarse en el Palacio Real de Berlín. | Foto (detalle): picture alliance/dpa/Stefan Jaitner

El Humboldt-Forum, proyectado en el 2020, acogerá piezas de exhibición no europeas, favoreciendo el encuentro entre culturas. Pero ¿qué actitud adoptan las instituciones culturales alemanas y europeas frente al delicado tema de la restitución de la herencia colonial? ¿Es lícito el derecho de poseer y exhibir bienes culturales de otras partes del mundo?

En breve, el Foro Humboldt de Berlín abrirá sus puertas. Hasta ahora, las colecciones no europeas de los museos estatales de Berlín se alojaban en el barrio, algo apartado, de Dahlem, lejos de las atracciones turísticas de la capital. A partir de 2020 podrán verse en el reconstruido Stadtschloss, el Palacio Real de Berlín. Con su rico acervo, la Isla de los Museos de Berlín se convertirá en escenario universal de las culturas del mundo, aunque dicho proyecto sea a su vez sumamente polémico. Sobre todo, debido a una nueva sensibilización frente al trato de las reliquias heredadas del período colonial: ¿cuál sería la mejor forma de presentar estos objetos? Y, aún más, ¿cómo es posible que llegasen a ser posesión de una institución europea?

La cuestión de cómo los museos europeos deberían tratar los objetos coloniales de otras culturas conlleva desde hace algún tiempo acalorados debates. En Alemania, la discusión estalló con ocasión de la proyección del Foro Humboldt en Berlín. En 2017, la historiadora de arte Bénédicte Savoy renunció al comité asesor de dicho foro alegando incluso algún reproche, dado que comparó el nuevo museo con el reactor de Chernóbil: tratar de tapar una sangrienta injusticia con un mero manto de plomo. Savoy cuenta entre los consejeros del presidente francés, que se dispone a realizar numerosas restituciones en los próximos años (es decir, que devolverá bienes culturales no europeos a sus países de origen).

La investigación de la procedencia: una herramienta limitada

Muy posiblemente, la investigación de la procedencia de las obras de arte ayudaría a clarificar este asunto en parte. Esta rama relativamente nueva de la historia del arte reconstruye la historia del origen de los objetos de arte. Con esta información –y esa es la esperanza– podría averiguarse si llegaron a ser una posesión de las instituciones culturales de forma legal o ilegal. En 2018 el Deutsches Museumsbund (Asociación de Museos Alemanes) publicó una guía del tratamiento de los objetos adoptados en el período colonial, a pesar de que sus mismos autores a su vez indicasen la falta de un fundamento legal para restituir dichos controvertidos objetos.
 
Soldados británicos delante de obras de arte requisadas en Benin, 1897. Soldados británicos delante de obras de arte requisadas en Benin, 1897. | Foto: picture alliance/CPA Media Sin duda, el asunto conlleva su complejidad desde el punto de vista legal. A diferencia de los bienes robados durante el nacionalsocialismo, para las obras de arte expatriadas en la época colonial no existe una regulación internacional como la Declaración de Washington, en la que se comprometieron numerosos países –entre ellos Alemania. Bien es cierto, sin embargo, que si el concepto de robo y expropiación no se trata tan solo de una mera metáfora, también en el caso de los objetos del período colonial es ineludible la valoración jurídica de las condiciones de posesión, aunque la Convención de la Haya para la Protección de Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado (1954) ni la Convención sobre las Medidas que Deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes Culturales de la UNESCO (1970) hayan previsto una aplicación retroactiva de este derecho. Además, en el siglo XIX prevalecían otros criterios distintos a los actuales.

Como disciplina científica es, es imposible que la investigación de la procedencia cumpla con todas las expectativas depositadas en ella. Examinar el origen de las fuentes lleva su tiempo y no obtiene conclusiones inequívocas. Además, no todos los objetos expuestos en los museos denotan un trasfondo colonial inmediato ni de lejos. Algunos de los casos más controvertidos y famosos tienen que ver con ciertas transacciones legales acaecidas en tiempos de paz. A salvo están por tanto, el caso de Nefertiti, un busto egipcio que se expone en la Isla de los Museos, o el de los Mármoles de Elgin, una colección de estatuas de mármol de la Acrópolis de Atenas que hoy pueden verse en el Museo Británico de Londres.

Parte de un pasado común

Nuestra relación con los antiguos territorios coloniales es un problema imposible de resolver desde el ámbito museístico. Exceptuando algunos pocos casos inequívocos, el debate de la restitución requiere una decisión política entre intereses y opiniones contrapuestos, e igual de irreconciliable es la actitud que adoptan los actores implicados. Horst Bredekamp, uno de los directores fundadores del foro Humboldt, expresa su descontento de esta manera: “Lo que se debate actualmente no es la correcta valoración de las obras expuestas de otras culturas, sino la culpa hipostasiada de poseerlos”. Por su parte, Bénédicte Savoy exige la redistribución: “No se trata de si esos objetos llegaron a Europa de modo legal o ilegal. Se trata de una distribución más justa, más correcta de la herencia cultural en las regiones de las que proceden esos objetos.”
 
El braquiosaurio de la antigua África Oriental Alemana del Museo de Ciencias Naturales de Berlín Oriental es, con sus trece metros de altura, el esqueleto del dinosaurio más grande que se exhibe en el mundo y constituye una atracción para el público. El braquiosaurio de la antigua África Oriental Alemana del Museo de Ciencias Naturales de Berlín Oriental es, con sus trece metros de altura, el esqueleto del dinosaurio más grande que se exhibe en el mundo y constituye una atracción para el público. | Foto: picture alliance / Eventpress HHH Después de más de cien años, los cuestionados objetos ya forman parte de un pasado común y en muchos de los casos permiten más de una lectura. Por eso debería de cuestionarse la restitución como una forma universal de compensación. Un giro inesperado en este sentido se dio, por ejemplo, en la discusión sobre los huesos de dinosaurios que llegaron del África Oriental Alemana a Berlín entre 1909 y 1913. En una conferencia de prensa con su colega alemán Heiko Maas, el ministro de relaciones exteriores de la actual Tanzania exigió, en lugar de una devolución, formas de cooperación orientadas al futuro.

Top