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Columna sobre el lenguaje
Viejos parientes

Ilustración: Una boca con un globo de diálogo redondo y uno dentado
Se llama “falsos amigos” a las palabras que suenan parecido en dos lenguas diferentes, pero que significan algo muy distinto | © Goethe-Institut e. V./Ilustración: Tobias Schrank

A veces, las palabras de otros idiomas suenan parecido a alguna alemana, pero tienen un significado muy distinto. Thomas Böhm observa más de cerca estos “falsos amigos” y constata que sí pertenecen a la misma familia.

De Thomas Böhm

¿Cuándo fue la última vez que te encontraste con un falso amigo? (Estás pensando que esa pregunta es de las que hace alguien a quien en realidad no le interesa tu respuesta, sino que quiere contarte una historia. Y aquí viene.)

Viaje en el tiempo a la Edad Media

La última vez que me encontré con falsos amigos fue donde menos me lo esperaba: en el alemán. Para ser más preciso, en el alto alemán medio, el idioma que hablaban nuestros ancestros en la Edad Media. Y el primer falso amigo que me encontré fue la palabra "Bescheidenheit". En ese entonces, esa palabra todavía no significaba “modestia”, sino "discernimiento". "Bescheiden" tampoco significaba —como ahora— darse por satisfecho con poco, sino poder "discernir".
 
Así que si este verano no pasara mis vacaciones en algún otro lugar de Europa, sino —por razones desconocidas— en Alemania, y no precisamente en el Bosque Negro, sino en la Edad Media y ahí pidiera un desayuno "bescheidenes" [modesto], los posaderos no me entenderían. Y seguramente mi empleador tampoco me habría entendido si le hubiera pedido "Urlaubsgesuch" [días libres]. En el alto alemán medio, "urloup" también significaba "retiro". Y yo sí tenía planeado aparecerme de vuelta en el trabajo tras mis vacaciones.

¿"Liegen" [yacer] o "lügen" [mentir]?

En este momento quiero retirarme de los jueguitos de palabras y los malabares mentales a los que se ha dedicado mi texto hasta ahora, inspirado por los "falsos amigos". Ese concepto proviene de la lingüística comparada, que investiga la relación entre lenguas. Los "falsos amigos" son pares de palabras que se escriben igual o de forma parecida en dos idiomas distintos, pero que tienen significados diferentes.
 
Ejemplos muy citados son la palabra inglesa "billion", que en alemán no significa "Billion" [billón], sino "Milliarde" [mil millones]. O la palabra inglesa "corn", que no significa "Korn" [grano] sino "Mais" [maíz]. La palabra francesa "apparat" significa lo mismo que "Prunk" [pompa] y que "Glanz" [fasto]; lo que en alemán se designa con "Apparat" [aparato], en francés se dice "appareil". Y la palabra neerlandesa "liegen" no significa la actividad de, por ejemplo, estirar las piernas en un camastro en la playa [en alemán también "liegen", “yacer”]. No: la "liegen" neerlandesa en alemán es "lügen" [mentir].

Babel y sus secuelas

Al ver estos falsos amigos, me vienen dos pensamientos a la cabeza.
El primero es esta frase de mi hija: "El inglés en español es alemán".
El segundo es la confusión de las lenguas en Babel.
El tercero es la pergunta de si "falsos amigos" de verdad es un buen término para este fenómeno.
Porque, si nos lo preguntamos, ¿hay algo menos agradable que un "falso amigo"? Son algo de lo que todos debemos y queremos mantenernos alejados. Pero ¿queremos y debemos mantenernos alejados del lenguaje?
 
A mí me parece que en los "falsos amigos" se esconde la misma idea del lenguaje que en la historia bíblica de la confusión de las lenguas en Babel. Como los seres humanos tenían el plan soberbio de construir una torre que llegara hasta el cielo y, por lo tanto, hasta dios, dios los castigó. El castigo consistió en que las personas ya no hablaran el mismo idioma, sino que cada pueblo tuviera el propio. Dios "confundió" las lenguas. Y desde entonces —al menos en la cultura occidental—, cualquier suceso lingüístico en el que los hablantes no se entienden de inmediato tiene una connotación negativa. Al igual que los "falsos amigos".

Todo queda en familia

Sin embargo, la mayoría de los "falsos amigos" han surgido entre idiomas emparentados o, en otras palabras, entre idiomas que han tenido un contacto estrecho durante un tiempo prolongado. Como el inglés, el francés y el alemán. O el alto alemán medio y el alto alemán a secas. Por lo tanto, no son "falsos amigos", sino "viejos parientes". Sin embargo, no albergo la esperanza ni la intención de corregir a la lingüística comparada. Solo quería, anticipándome a las inminentes vacaciones de verano y a los consecuentes encuentros entre lenguas y personas, expresar el pensamiento de que no deberíamos malentender los malentendidos.
 
Porque hablar no se trata de "entender", "no entender" o "malentender". Se trata, en primer lugar, de hablar con otras personas. No se trata de lo "correcto" y lo "incorrecto", sino de comunicarse. Y cuando nos malentendemos, es un regalo que indica lo rico que es el lenguaje, tanto que hasta permite malentendidos. Porque las personas no somos "falsas amigas", sino viejas parientas.
 

Columna sobre el lenguaje

En esta columna nos dedicamos regularmente al lenguaje como fenómeno cultural y social. ¿Cómo se desarrolla una lengua? ¿Qué relación tienen los escritores y escritoras respecto con “su” lenguaje? ¿Cómo marca el lenguaje a la sociedad? Diferentes columnistas –vinculados profesionalmente o de otro modo al lenguaje–, exploran su tema personal en seis entregas seguidas.

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