Pop y música electrónica 2025  Las rebeldes y los tiernos

DJ Koze | Photo (detail): © Pampa Records DJ Koze | Foto (detalle): © Pampa Records

Género, Medio Oriente o la crisis de los clubes, 2025 fue un año político dentro del pop alemán, en el que lxs artistas de la generación Z formularon sus ideas estéticas de forma clara. Y hasta tuvieron tiempo para realizar un dueto con Ski Aggu.

La canción pop más escuchada del año en Alemania no era alemana, pero fue un potencial éxito de club que emocionó al público de forma tan duradera como pocas canciones lo habían logrado. “We’re goin’ up, up, up, it’s our moment”, cantaban Ejae, Audrey Nuna y Rei Ami al pegajoso ritmo de “Golden”, la canción estelar de musical animado de Netflix Las guerreras K-pop (KPop Demon Hunters). En las listas de popularidad en Alemania, “Golden” fue número uno por nueve semanas y se mantuvo en el segundo lugar hasta finales de noviembre, lista para saltar en cualquier momento.

Sin embargo, los lugares públicos en los que se reproduce y se celebra este tipo de música realmente no se beneficiaron del entusiasmo de 2025. Por mucho que molesten los prejuicios sobre la generación Z o las generaciones culturales aún más jóvenes, la experiencia demuestra que muchxs de ellxs están dispuestxs a hacer largas filas afuera de tiendas conceptuales o a hacer fiestas en casa para escuchar nueva música. Las generaciones más jóvenes ya no van tanto a los clubes en los que uno se dejaba sorprender por el DJ la noche entera y bailaba con desconocidxs. Al menos no tanto como sus antecesorxs en las décadas de los ochenta o noventa, quienes crearon una imagen de vida nocturna que sigue siendo el estándar.

Una lápida para la cultura del baile

En 2025, el suceso que marcó simbólicamente la continua muerte de los clubes llegó precisamente al principio del año. Uno de los clubes techno más emblemáticos de Berlín, Watergate, realizó su última fiesta en la víspera de año nuevo. Los dueños se rindieron, pues ya no podían solventar el alto costo de la renta en un lugar céntrico de la ciudad.

Algunas semanas después, el colectivo de activistas llamado "Steinzeit.Alter" colocó una lápida simbólica frente al edificio, un monumento para conmemorar una parte de la cultura pop de la ciudad, que, como ha ocurrido en otras partes de Alemania en los últimos años, ha desaparecido para siempre. Un par de días más tarde, también la lápida se había esfumado. Fue retirada por las autoridades de obras porque la consideraban un peligro para el tránsito.

Eso también fue simbólico: un ejemplo de cómo las instituciones alemanas son incapaces de mantener abiertos los pocos —pero necesarios— espacios libres que la cultura de los clubes necesita para seguir existiendo en la era post-COVID. Pero no todo es malo. El acuerdo de coalición para el nuevo gobierno federal, firmado en abril de 2025, brindó un poco de esperanza. Algunos puntos indicaban (o al menos sugieren) que la Unión (CDU/CSU) y el SPD conservan el tema en sus agendas.

Entre otras cosas, se prevé una modificación al reglamento de uso de construcción, lo que pueda otorgar mayor libertad para eventos nocturnos. También se espera que los clubes sean catalogados como instituciones culturales, como se ha prometido tantas veces. Pero como siempre, nadie sabe cuándo sucederá eso con exactitud. En 2025, sin embargo, también se observó que, mientras algunos clubes mueren, siempre hay nuevos y prometedores proyectos. El Open Ground, un centro de baile abierto apenas en 2023 en Wuppertal, fue reconocido por expertos como el mejor club del mundo, en parte también porque el ambiente es más amigable que competitivo. Al fin y al cabo, quizás ese sea un factor que podría atraer a la generación Z a una vida nocturna sin estrés.

El mundo quiere los beats de Berlín

Las estrellas alemanas han estado bastante acostumbradas al júbilo y al dinero del público internacional, por lo menos desde tiempos de Kraftwerk. En 2025, el colectivo de DJs y productores, Keinemusik, de Berlín, fue el que siguió alimentando la fama con presentaciones en Estados Unidos, Japón y Abu Dabi. Además, Ski Aggu, el rapero rebelde con la máscara de esquí, realizó una gira con entradas agotadas por clubes de ciudades estadounidenses, un episodio sorprendente. En el Festival de la Canción de Eurovisión, en Basilea, la dupla Abor & Tyna —en representación de Alemania— quedó apenas en el número 15. Sin embargo, “Baller”, una divertida y estridente pieza de techno-pop, se convirtió en la canción de mayor éxito comercial de todas las que participaron en el festival y alcanzó buenos puestos en las listas en Escandinavia, Inglaterra y hasta Estados Unidos.
 
En la otra punta de la escala de emociones, en 2025 estuvo un grupo de jóvenes que igualmente derivan su esencia musical del rap, la música de club y el soul eléctrico. Sin embargo, en su caso, el beat no solo pasa a segundo plano con frecuencia, sino que a veces está ausente por completo, por ejemplo, cuando Berq, alias de Felix Dautzenberg, canta, con un eco que resuena con fuerza, su canción “Blauer Ballon”: “Du fehlst mir unendlich / Nicht nur dein Lachen, auch der Streit” (“Te extraño infinitamente / no solo tu risa, también las discusiones”). Es un poco kitsch, pero también tiene un toque etéreo que conocemos desde la década anterior gracias al cloud rap y a los radicales experimentos digitales del cantautor James Blake.

„Ich vergess manchmal das Wesentliche: Drogen, Sex und Party machen“ (“A veces olvido lo esencial: drogas, sexo y fiestas”), confiesa Zartmann en febrero con su éxito “Tau mich auf", con lo cual parece confirmar todos los clichés sobre la generación Z.

Zartmann, quien no revela ni su nombre ni su edad, tiene la típica trayectoria llena de interrogantes: terminó la secundaria, escribió sus primeras canciones como solista y luego llegó a un público más grande en internet. Su éxito también se debió gracias al apoyo del mencionado Ski Aggu, quien el año pasado grabó un dueto con él en el que suena sorpresivamente suave.

Cuando los chicos lloran, las chicas maldicen

Algunas personas hablan de la “nueva sensibilidad alemana”: un fetiche alrededor de la imagen del hombre vulnerable, la cual no se conocía antes a este nivel y en la que encajan artistas como Blumengarten o Smyt. Quizás simplemente se satisfacen las necesidades básicas del público muy similares a las que contribuyeron al éxito en los años setenta de cantantes melancólicos de schlager como Christian Anders o Michael Holm; no es algo repudiable. El hecho de que las presentaciones de Berq y compañía sean absolutamente contemporáneas desde un punto de vista estético es un punto a su favor. Durante la entrega del Premio Bambi en noviembre, Zartmann dio un breve discurso en contra del populismo de derecha —algo que nos gustaría ver más de los famosos.
Curiosamente, la tendencia —si es que todavía se puede hablar de tendencias en una época tan pluralista— tomó la dirección totalmente opuesta entre las artistas. “Drei Bitches auf’ner Yacht, und wir sehen gut aus” (“Tres perras en un yate, y nos vemos bien”), rapea, por ejemplo, Zsá Zsá de forma bastante agresiva, “dein Boy hat geguckt, tja, das hätte ich auch” (“Tu chico miró, bueno, yo también lo habría hecho”). Su vaporosa canción de electro-pop urbano “Bad Bunnie$”, la cual celebra cómo las mujeres pueden divertirse al límite en las noches, fue un éxito veraniego en 2025; tan solo unos meses después de que se aparecieran Fotze, el álbum debut de la rapera berlinesa Ikkimel, y Schlau aber blond, el álbum que Shirin David lanzó alrededor de su hit de gimnasio “Bauch Beine Po”. Estas personalidades ya tenían bastante en común como para encontrar un discurso y un género para ellas: Fotzenrap (lit. “rap de coño”).

Las raíces de su música se remontan a la cultura hip hop de Estados Unidos durante la década de 1990. Las letras tan explícitas por parte de artistas femeninas se han convertido en un tema relevante en Alemania en tiempos recientes, seguramente influenciadas por el factor generacional. Ikkimel, la representante más importante en 2025, tiene veintitantos años, estudió humanidades y ha creado un personaje que ignora muchos antiguos tabúes. “Ich bin eine geile Fotze und hab mich noch nie geschämt” (“Soy una perra cachonda y nunca me he avergonzado”), rapea y, curiosamente, otra vez en un dueto con Ski Aggu: “Aggu hat ‘ne Linie auf meinem Arsch getreut” (“Aggu me echó una línea en el culo”). El lema, inspirado en Zartmann: drogas, sexo y ningún compromiso.

Los bordes rara vez están claros

No hay un consenso entre lxs especialistas. Por un lado, las raperas, con su estilo agresivo, se están apropiando de términos que hasta ahora se habían usado como insultos y celebran un estilo de vida todavía muy asociado a los hombres. Por el otro, también están replicando los mismos estereotipos sexistas de la “chica fiestera” que sus contrapartes masculinas han perpetuado por décadas, sin sumar nada realmente sustancial. La respuesta más enérgica viene de la propia Ikkimel en “Jetzt erst recht”: “Ist Ikkimel überhaupt noch feministisch? Jetzt tun die kleinen Pisser so, als wär’s ihnen wichitg” (“¿Sigue siendo Ikkimel feminista? Ahora estos cabrones hacen como que les importa”).

Lo que este debate deja en claro es que no todxs están de acuerdo que tanto las mujeres, como los hombres y las personas no binarias deben disfrutar de los mismos derechos. 

Aunque ambas partes dentro de la guerra—librada, en parte, por Israel en violación flagrante al derecho internacional— firmaron un plan inicial de paz en octubre y liberaron a los rehenes sobrevivientes, no parece que vaya a terminar pronto. Por años, ha sido una eterna discusión, especialmente dentro de la escena de la música electrónica. El verano de festivales de 2025 fue prueba de ello: tanto los fuertes llamados a boicotear eventos que no se posicionaran claramente contra la política de Israel, como la exclusión de artistas que restaran importancia a Hamás o a los ataques terroristas antisemitas, encendieron el debate. Como pequeño consuelo se puede decir que los encuentros ocurrieron principalmente en redes sociales y no llegaron a la violencia física sobre las pistas de baile, lo cual puede ser una señal de que quienes asisten a los festivales están menos involucrados en la política internacional de lo que sugieren las redes sociales o las cartas abiertas.

Al final, la esperanza siempre baila

Para escapar brevemente de todos los conflictos que marcaron el 2025, vale la pena recomendar el mejor álbum de música electrónica del año: Music Can Hear Us del DJ Koze, originario de Flensburgo. Se trata de una espléndida mezcla de sonidos de fantasía, ritmos superpuestos y locura perfectamente arreglada. “Wir tanzen Wange an Wange” (“Bailamos mejilla con mejilla”), canta el vocalista de Beatsteaks Armin Teutoburg-Weiss, “und unter dem Schnee ist es alles okay” (“y bajo la nieve todo está bien”). Un breve, pero realmente hermoso momento de harmonía. En eso, nada supera a la música.