65 años del Muro de Berlín   "Ante el alambre de púas, el mundo dejó de tener sentido para mí"

Vista desde Berlín Occidental hacia Berlín Oriental: una calle dividida por la franja del Muro
Vista desde Berlín Occidental hacia Berlín Oriental: una calle dividida por la franja del Muro Foto (Detalle): © Creative Commons Attribution 4.0 International

Cuando el 13 de agosto de 1961 comenzó la construcción del Muro de Berlín, la vida de millones de personas en Alemania cambió de un momento a otro. Los testigos de la época, Rainer Just y Michael "Micha" Synowzik recuerdan cómo vivieron ese día cuando eran niños y por qué siguen contando sus historias hasta el día de hoy.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las potencias vencedoras dividieron Alemania en cuatro zonas de ocupación. De esta partición surgieron, en 1949, dos Estados alemanes: la República Federal de Alemania (RFA), en el oeste, y la República Democrática Alemana (RDA), de orientación socialista, en el este. Berlín, situada en pleno territorio de la RDA, también quedó dividida entre un sector soviético y tres sectores occidentales, que en conjunto conformaban Berlín Occidental. Durante años, la frontera entre ambas partes de la ciudad permaneció abierta. Miles de personas la cruzaban diariamente para ir al trabajo, visitar a familiares o ir al ciner de uno a otro lado de la ciudad.

Hasta 1961, alrededor de 2,7 millones de personas decidieron abandonar la RDA a través de esta vía abierta. La continua emigración de ciudadanos, entre ellos un número cada vez mayor de médicos, ingenieros y trabajadores cualificados, ejerció una presión creciente sobre la dirigencia de la RDA. La pérdida de estos profesionales amenazaba la base económica del país.

“Nadie tiene la intención de construir un Muro”


Cuando Walter Ulbricht, líder del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED por sus siglas en alemán), el partido gobernante de la RDA, pronunció el 15 de junio de 1961 la frase hoy famosa en todo el mundo: "Nadie tiene la intención de construir un Muro", los estudiantes Rainer Just y Michael "Micha" Synowzik disfrutaban, sin sospechar nada, del verano berlinés. Sin embargo, el SED planeaba precisamente eso.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania había quedado dividida en dos Estados y Berlín en una parte oriental y otra occidental. El 13 de agosto del mismo año, el régimen socialista comenzó a levantar en tiempo récord una barrera de 155 kilómetros alrededor de Berlín Occidental, separando definitivamente la ciudad. Su objetivo era impedir la huida de personas desde el este. Una sexta parte de la población de la RDA pudo escapar de la dictadura socialista incluso antes de que se construyera el Muro.

El verano de 1961 fue especialmente tenso desde el punto de vista político. Los niños Rainer Just y Michael “Micha” Synowzik lo pasaron en Berlín Oriental. Just estaba de visita desde Berlín Occidental en casa de sus abuelos; Synowzik creció allí con su padre y su hermano. 65 años después, ambos participan como testigos históricos y conversan con jóvenes sobre sus recuerdos y las consecuencias de la división de Alemania.

“Berlín Oriental era un mundo aparte”, recuerda Rainer Just al pensar en su infancia en una ciudad dividida. Su abuela cuidaba un huerto no muy lejos de la prisión de la Stasi en Berlín-Hohenschönhausen, el principal centro de detención preventiva del Ministerio para la Seguridad del Estado de la RDA, donde hoy se encuentra el Memorial Berlín-Hohenschönhausen.

Para llegar allí, tenían que caminar junto al Muro de la prisión; había guardias por todas partes y la abuela se lo señalaba a su nieto. Hasta el día de hoy, recuerda cómo llegaban los transportes de prisioneros.

La noche en que Berlín cambió


Cuando el 13 de agosto de 1961 se cerraron las fronteras, el niño se quedó atrapado repentinamente en Berlín Oriental, separado de sus padres. Se pasó todo el día pegado a la radio, siguiendo cada palabra de las noticias.

"Poco a poco fueron cerrando la frontera", recuerda Rainer Just sobre aquel día terrible. "Tenía mucho miedo". Tardó unos siete días hasta que su madre pudo ir a buscarlo a Berlín Oriental. Se sintió aliviado cuando a ella le permitieron cruzar el paso fronterizo de la Friedrichstraße. Por fin estaba de vuelta en casa, en libertad.
 

La gente observa el cierre de la valla fronteriza en el Lenné-Dreieck Foto (detalle): © Fundación Muro de Berlín | Michael-Reiner Ernst

A varios kilómetros de distancia, Michael “Micha” Synowzik, entonces de 13 años, también vivió la construcción del Muro de primera mano. Justo esa semana se encontraba con otros niños y adolescentes en un campamento de pioneros (Pionierlager en alemán) junto a un lago cerca de Berlín.

Allí, los niños practicaban, entre otras cosas, el manejo de rifles y granadas de mano. Hacia las 8 de la noche, un líder de los Pioneros ordenó a los niños que entregaran sus radios de transistor. Sin explicaciones, los niños fueron enviados a sus tiendas para pasar el resto de la noche. Por suerte, un amigo de Micha había llevado dos radios: “escucha, Micha, algo está pasando en Berlín”, le susurró su amigo Jürgen.

A la mañana siguiente, él y sus amigos vieron la tensión reflejada en los rostros de los líderes del campamento. Una imagen que nunca olvidó.

"Ante el alambre de púas, el mundo dejó de tener sentido para mí"


El campamento se interrumpió después del desayuno y Micha y los demás niños desarmaron sus tiendas. Cuando el grupo regresó a Berlín, los padres no sabían nada del final anticipado del campamento. Así que Micha se fue solo a casa. En el camino se topó con los Grupos de Combate de Empresa (Betriebskampfgruppen), una milicia paramilitar del partido en la RDA, y los siguió con curiosidad; fue entonces cuando vio por primera vez el Muro.

"Ante el alambre de púas, el mundo dejó de tener sentido para mí", recuerda Synowzik. En lugar de una ciudad abierta encontró alambre de púas, guardias armados y caminos bloqueados. Un agente fronterizo le gritó: “¡Aquí no hay nada que ver! ¡Lárgate de aquí!”. Para el estudiante de apenas 13 años, la escena fue impactante: “Había guardias armados por todas partes, alambre de púas y ya no se podía ir a ningún lado”. Solo más tarde, al ver reportajes televisivos sobre la nueva frontera, se dio cuenta de lo que esto significaba para su familia: el padre de Micha perdió, debido a la nueva frontera, sus ingresos adicionales en Berlín Occidental, que habían ayudado a mejorar la situación económica de la familia. Además, el trayecto hasta los tres huertos de los Synowzik se volvió considerablemente más complicado debido al cierre de la frontera. Hasta entonces, la familia había ganado algo de dinero extra con la venta de frutas y verduras. Ahora, el viaje de ida y vuelta duraba alrededor de tres horas. "De repente, todos los privilegios habían desaparecido", recuerda él. Pero eso no fue lo más difícil para el niño de 13 años. "Estaba desesperado", dice Synowzik. "Me separaron de las personas más cercanas a mí". A partir de ese momento, ya no pudo visitar a su querida tía, que era maestra y le había enseñado a leer. "La vida social de mi familia se derrumbó en ese entonces", recuerda el hombre, que hoy tiene 78 años. “La vida social de mi familia se derrumbó.

Dondequiera que uno iba, inevitablemente se topaba con el Muro o con alambre de púas", describe Synowzik posteriormente la vida en Berlín Oriental. Su posibilidad de desplazarse, se reducía considerablemente. Cuando se le rompió la válvula de su bicicleta, ya no pudo encontrar ninguna pieza de repuesto. Antes de que se construyera el Muro, había recorrido con ella todo Berlín; representaba una sensación de libertad. Ahora la bicicleta ya no servía.

La huida por las alcantarillas


Menos de tres meses después, su vida dio otro giro. Mientras que Rainer Just, de Berlín Occidental, pudo salir de la ciudad sin mayores problemas al inicio de la construcción, la vida detrás del Muro se volvía cada vez más difícil para los Synowzik.

Después de que su hermano huyera al oeste, la familia quedó en la mira de la Seguridad del Estado. Padre e hijo decidieron también huir. Tras tres intentos fallidos, finalmente lograron escapar a través de las alcantarillas. Poco después, esa ruta de escape fue cerrada.

La construcción del Muro el 13 de agosto se convirtió en un punto de inflexión para la vida de Rainer Just y Micha Synowzik. Los escasos encuentros familiares estaban ensombrecidos por la tristeza ante su destino. Los abuelos fallecieron unos años más tarde, del otro lado del Muro. Aun así, Just regresó en numerosas ocasiones a la RDA. El Muro nunca dejó de acompañarlo. Hoy, como testigo de la época, habla de sus experiencias en Berlín Oriental. Para Michael Synowzik, tras su huida comenzó una nueva vida en libertad en la República Federal de Alemania. Sin embargo, la huida provocó la ruptura de su familia y en la escuela sufrió discriminación por ser refugiado. Durante veinte años no habló públicamente de ello.

Ambos tuvieron suerte. Muchos otros no la tuvieron: al menos 140 personas murieron en el muro de Berlín. En toda la frontera interalemana, la Fundación del Muro de Berlín calcula unas 650 víctimas mortales. Hasta el colapso del régimen socialista en 1989, las instalaciones fronterizas fueron endurecidas constantemente.

El Muro cayó 28 años después de su construcción, el 9 de noviembre de 1989. Las imágenes de aquel día siguen simbolizando la reunificación alemana.  

Mantener viva la memoria


A Rainer Just tampoco le abandona la huella de la historia hasta el día de hoy. A mediados de la década de 1980, estaba sentado en un cine cuando la secuencia inicial de una película le provocó algo. "Lo viví exactamente igual que en esa película", recuerda. Los recuerdos de Berlín Oriental regresaron "como un mosaico". Desde entonces, Just se ha dedicado más intensamente a la historia interalemana. Durante años, se involucró en el Memorial del Muro de Berlín en la calle Bernauer Straße. Las distintas sedes del Memorial del Muro de Berlín atraen cada año a muchos visitantes; el 60 por ciento de ellos proviene del extranjero. El 25 por ciento de los visitantes tiene vínculos con la RDA.

Por su parte, Synowzik también empezó a reconstruir su historia. Investigó la ruta de su escape y escribió el libro Octubre de 1961: Mi huida por las alcantarillas de Berlín, en Checkpoint Charlie.
Además, colaboró con la Fundación del Muro de Berlín coordinando el proyecto interactivo de Messenger "Mensaje de Micha", que ofrece una visión de su historia y de su huida de Berlín Oriental a Berlín Occidental a través de las alcantarillas.

65 años después de la construcción del Muro, Rainer Just tiene 73 años y Michael Synowzik, 78. Ambos siguen comprometidos incansablemente hasta el día de hoy como testigos de la época y mantienen vivo el recuerdo de la construcción del Muro y de sus consecuencias.

El Muro de Berlín: cifras y datos

  • 13 de agosto de 1961: los dirigentes de la RDA cierran la frontera entre Berlín Oriental y Occidental y comienza la construcción del Muro.
  • El Muro de Berlín llegó a medir 155 kilómetros de largo, de los cuales 43 kilómetros atravesaban el centro de Berlín y 112 kilómetros discurrían a lo largo de la frontera con el territorio circundante de la RDA.
  • Durante 28 años dividió la ciudad: hasta la caída del Muro el 9 de noviembre de 1989, no solo separó a Berlín, sino también a familias y amigos.
  • Al menos 140 personas murieron en el Muro de Berlín.
  • A lo largo de toda la frontera interalemana, la Fundación del Muro de Berlín estima que hubo alrededor de 650 víctimas mortales.