La Berlinale afila su perfil: la competición cuenta historias de amor, poder y dependencia y, al mismo tiempo, lucha por mantener su visibilidad internacional.
Cuando Berlín se transforma en la capital del cine cada febrero, se trata de mucho más que solo películas. Del 12 al 22 de febrero de 2026 competirán 22 producciones de 28 países, 20 de ellas celebrando su estreno mundial. En un panorama de festivales cada vez más competitivo, esto no solo lanza una poderosa señal de autoconfianza artística, sino también es una sutil lucha por la relevancia y la resonancia.
Co-Directors of Film Programmin Jacqueline Lyanga und Michael Stütz mit Intendantin Tricia Tuttle bei der Programm-Pressekonferenz zu den 76. Internationalen Filmfestspielen Berlin | Foto: © Richard Hübner / Berlinale 2026
Historias privadas, problemas sociales
La competición de este año se centra menos en grandes nombres y más en el poder de las nuevas perspectivas. Una característica importante es el fuerte énfasis en narrativas íntimas: historias de amor, dinámicas familiares y cuestiones de dependencia y autodeterminación dominan el festival. Los conflictos sociales y las situaciones políticas se exploran con frecuencia a través de las relaciones personales.Por ejemplo, la autora finlandesa Hanna Bergholm emplea en su película Nightborn el género de terror para explorar el conflicto entre la maternidad y las expectativas patriarcales. Salvation, de Emin Alpers, es una historia sobre pueblos de montaña rivales y describe las estructuras de poder represivas en Turquía
Si bien Estados Unidos no está representado este año por producciones de Hollywood, envió por tres obras inusuales: Queen at Sea, del cineasta independiente Lance Hammer, explora temas como la demencia, el envejecimiento y la intimidad. El cine independiente estadounidense está representado por el thriller Josephine, de Beth de Araújo, y también por el único documental de la sección principal: YO (Love Is a Rebellious Bird), de Anna Fitch y Banker White.
Anna Fitch in „Yo (Love is a Rebellious Bird)”. Regie: Anna Fitch, Banker White | Foto: © Mirabel Pictures
Cine alemán con estilos distintivos
Este año, el cine alemán presenta tres estilos distintivos. Ilker Çatak –a quien la prensa y el público siguen de cerca tras su nominación al Oscar por Das Lehrerzimmer (“La sala de maestros”)–, participa en la competición con Gelbe Briefe (“Cartas amarillas”), un drama artístico sobre la arbitrariedad estatal. Eva Trobisch debuta en competición con Etwas ganz Besonderes, un multifacético retrato familiar de Turingia. La directora Angela Schanelec ya ha sido invitada en dos ocasiones al concurso por el trofeo de la Berlinale, el oso. Regresa en 2026 con Meine Frau weint. La programación alemana se completa con coproducciones como el drama histórico en blanco y negro Rose, de Markus Schleinzer, protagonizado por Sandra Hüller, y Rosebush Pruning, de Karim Aïnouz, con Callum Turner, Pamela Anderson y Riley Keough.
Frida Hornemann in „Etwas ganz Besonderes". Regie: Eva Trobisch | Foto: © Adrian Campean / Trimafilm
Internacional, pero no omnipresente
Llama la atención la cantidad de coproducciones internacionales, reflejo de la disminución de la financiación pública. Y, como suele ocurrir, los directores de renombre que suelen ser invitados a Cannes y Venecia están ausentes este año. Pero es precisamente de esto de lo que la Berlinale deriva su fuerza programática: la competición se presenta como una mezcla cuidadosamente compuesta de óperas primas y obras de cineastas de renombre. La diversidad temática y formal ofrece una visión emocionante del panorama cinematográfico internacional. “Cada película está elaborada con maestría y cumple su propia promesa artística”, enfatizó Tricia Tuttle en la conferencia de presentación del programa. Al mismo tiempo, se hacen evidentes las carencias: las producciones de Irán, Europa del Este –con la excepción de At the Sea de Kornél Mundruczó– o Ucrania son casi totalmente ausentes, y solo tienen representación esporádica en las secciones paralelas.
Amy Adams in „At the Sea". Regie: Kornél Mundruczó | Foto: © 2026 ATS Production LLC
Estrellas, glamour y decisiones del jurado
Sin duda, la Berlinale sigue generando una atención considerable. Se espera la participación de estrellas internacionales como Pamela Anderson, Juliette Binoche, Russell Crowe y la estrella de pop Charli xcx, cuyas apariciones refuerzan aún más el atractivo internacional del festival. Con la concesión del Oso de Oro Honorífico a Michelle Yeoh, un distinguido jurado que incluye a Wim Wenders y, por último, pero no menos importante, la película inaugural, No Good Men, de la galardonada directora afgana Shahrbanoo Sadat, la Berlinale reafirma una vez más su imagen como foro para la comprensión global del cine.La sección Perspectivas –la competición internacional de óperas primas– entra en su segundo año y sigue siendo un proyecto clave para el futuro. Las entradas con descuento para jóvenes visitantes y la retrospectiva de los años 90, Lost in the 90s, buscan atraer a más público.
Anwar Hashimi und Shahrbanoo Sadat in „No Good Men“. Regie: Shahrbanoo Sadat | Foto: © Virginie Surdej
Festivales bajo la lupa
La política mundial es actualmente ineludible. Esto también aplica a la Berlinale, aunque es más probable encontrar temas explícitamente políticos en secciones paralelas, como el documental Traces, sobre la violencia sexual perpetrada por las tropas rusas contra mujeres ucranianas. La Berlinale sigue siendo escenario de debates controvertidos y, por lo tanto, está bajo especial escrutinio. Tras los escándalos de los últimos años, la dirección del festival se esfuerza por lograr la desescalada, la transparencia y unas normas claras para las apariciones públicas.
Liudmyla Mefodiivna in „Traces”. Regie: Alisa Kovalenko, Marysia Nikitiuk | Foto: © Alisa Kovalenko
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febrero 2026