Construcción sustentable

Edificios “verdes”, ciudades sostenibles

Instituto de Investigación para la Silvicultura y la Naturaleza de Wageningen, Países Bajos, realizado por Stefan Behnisch, Cop: Behnisch ArchitektenNo sólo imperativos económicos tales como el precio del crudo en alza continua se encargan de que el consumidor exija, además de un efectivo aislamiento térmico, fuentes de energía alternativas en la vivienda.

Por ejemplo, se pretende que el carné de eficacia energética recientemente introducido en Alemania genere transparencia a la hora de determinar la demanda energética real de cada edificio. En este marco, también se puede lograr el aprovechamiento óptimo de la energía en edificios antiguos e incluso en edificios de interés histórico. “El ahorro energético comienza ya al instalar un mejor sistema de calefacción”, subraya Gerhard Weiß, director de conservación edilicia en el Land de Hesse, Alemania. Además, la conciencia de ser responsables del medio ambiente conduce a muchos propietarios a renunciar, de ser posible por completo, a los agentes energéticos fósiles. Sin embargo, incluso la geotermia y la energía solar para el hogar bien aislado térmicamente constituyen sólo aspectos parciales de una aproximación mucho más profunda a la cuestión, a saber, la sostenibilidad en la construcción.

Planificación sostenible

'R 128', realizado por Werner Sobek, 
Cop: Roland HalbeLo que en alemán se denomina, con una cierta intención de alto vuelo, “arquitectura ecológica” (ökologische Architektur) recibe en inglés la plástica denominación de “arquitectura verde” (Green Architecture). Y este tipo de arquitectura está de parabienes en todo el mundo, por ejemplo, en los proyectos de arquitectos estrella como Sir Norman Foster o en los del ingeniero Werner Sobek – pensemos en su casa modelo de Stuttgart (Stuttgarter Modellhaus) R 128 –. Ya en la década de los 90 del siglo pasado, Stefan Behnisch, quien hizo de la ecología una seña de identidad de sus creaciones, construyó en los Países Bajos el Instituto de Investigación “Alterra”: un edificio de vidrio dispuesto en torno a verdes oasis en forma de jardines de invierno. Posee también carácter de “ejemplo verde” el edificio de la Oficina Federal Alemana del Medio Ambiente de Dessau, realizada por Matthias Sauerbruch y Louisa Hutton. Esto se debe, entre otros aspectos, a una fachada exterior reducida a líneas mínimas por la estructura edilicia y magníficamente aislada, a un intercambiador de calor basado en aire y energía geotérmica así como a un sistema de refrigeración accionado por energía solar para salas donde la temperatura asciende en exceso, como por ejemplo la central de ordenadores o la cocina.

Escuela METI, obras, Foto: Kurt Hörbst Lo heterogéneo de la sostenibilidad se ve ilustrado con la escuela METI construida por Anna Heringer y Eike Roswag en Rudrapur (Bangladesh). Allí se combinaron técnicas de construcción tradicionales adaptadas y la utilización de materiales locales como el adobe y el bambú con una aireación natural del edificio, de modo que fue posible prescindir del sistema de climatización. Al mismo tiempo, este proyecto fomentó la economía local, pues se hizo realidad en una de las regiones más pobres del país.

Al fin y al cabo, la sostenibilidad abarca más que construir una sola casa y significa combinar todo un conjunto de medidas diferentes. “Lo más importante para una planificación sostenible y de largo plazo es el urbanismo”, destaca el arquitecto austríaco Carlo Baumschlager, de la renombrada oficina Baumschlager Eberle. “El concepto que ha resultado más sostenible hasta ahora es combinar la vivienda, el trabajo, la educación y el tiempo libre en los diversos barrios”, destaca por ello la Carta de Leipzig para el desarrollo sostenible de las ciudades europeas (Leipzig Charta zur nachhaltigen europäischen Stadt), aprobada en 2007 durante la Presidencia alemana de la UE; constituye una declaración de intenciones con carácter de directiva para futuras medidas de urbanismo.

Derroche de valiosos recursos

En este marco, el interés en obtener beneficios a corto plazo por parte de los inversores (que apuestan a amortizar en pocos años grandes proyectos edilicios) puede constituir un problema para las administraciones comunales, pues las ciudades deberían estar pensadas para el largo plazo, como de hecho lo estuvieron a lo largo de siglos. Sin embargo, con demasiada frecuencia el urbanismo y la arquitectura suelen estar dominados por una mentalidad del “úselo y tírelo”: en cuanto los edificios dejan de reflejar los deseos de sus habitantes o si remozarlos parece ser muy complejo o caro, se cierne sobre ellos la amenaza del derribo – que en alemán recibe eufemísticamente la denominación de Rückbau: “deconstrucción”. Sin embargo, cada vez que se derriba un edificio – lo cual significa también una incisión en la planta urbanística – se dilapida la preciosa energía invertida al construirlo y se producen residuos: en muchos casos, se trata de residuos tóxicos. El resultado de todo esto es un derroche de valiosos recursos.

Calidad y durabilidad

Edificio de la Oficina Federal Alemana del Medio Ambiente de Dessau,  Copyright: UBA/Foto: Linnart Unger Por ello, las ciudades deben planificarse de modo que sus unidades funcionales, es decir, los edificios, tengan una durabilidad que supere los meros 30 años. No es nada sencillo lograr esta meta en tiempos en los cuales, por un lado, en Alemania muchas ciudades están expuestas a procesos de “mengua” en su tamaño, mientras que en otros lugares del mundo hay ciudades que crecen a pasos agigantados. Además, se van modificando en ciclos cada vez más cortos las exigencias en cuanto al tipo de aprovechamiento y a las condiciones técnicas de los edificios y, con ello, las exigencias que se le plantean a la ciudad como tal. De este modo, practicar el urbanismo significa ir pensando desde hoy la ciudad del mañana. En el trasfondo de este proceso se cierne una pregunta de sencillez sólo aparente, formulada por Carlo Baumschlager, a la cual no hay respuestas simples, en vista de los intereses individuales encontrados de los grupos de interés envueltos en temas de urbanismo: “¿Qué tipo de ciudad deseamos?” La idea de la sostenibilidad, con la vista siempre puesta en los efectos sobre las generaciones futuras, debe tener prioridad sobre intereses individuales de corto plazo.

Pequeños pasos y medidas sencillas

¿Pero qué significa esto para la arquitectura? Por lo general, son los pequeños pasos y las medidas sencillas los que ayudan a recorrer el camino de la arquitectura y el urbanismo sostenibles: este camino comienza, por un lado, al aprovechar a fondo los potenciales de ahorro energético en los edificios nuevos necesarios – desde la aislación térmica hasta la energía solar, incluyendo los sistemas fotovoltaicos. Además, construir según las reglas de la sostenibilidad significa utilizar materiales disponibles en la región en vez de importarlos consumiendo ingentes cantidades de energía. Por otro lado, se requiere optimizar los edificios ya existentes o cambiar la finalidad de los edificios antiguos en vez de declarar nuevos terrenos como urbanizables, contribuyendo también así al deterioro del medio ambiente. Los arquitectos Baumschlager y Eberle han desarrollado además un concepto adicional para sus proyectos: su objetivo es generar estructuras edilicias tan neutrales como sea posible, adaptables a posteriori con sencillez para servir como viviendas u oficinas. Por supuesto que una flexibilidad estructural tal no supone generar aburrimiento urbanístico ni arquitectónico. Esto se contrarresta con el diseño atractivo de las fachadas. Pero también en este aspecto ha de valer la máxima que cuenta para todo tipo de construcción sostenible: la calidad es imprescindible.
Jürgen Tietz
trabaja como crítico de arquitectura freelance en Berlín.
Traducción: Gladys Janicha

Copyright: Goethe-Institut e. V., Online-Redaktion
Abril de 2008

Enlaces sobre el tema

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