Erika Blumenfeld

¿Qué es blanco?

Erika BlumenfeldDía 16, 7 de febrero de 2009;
Vesleskaervet, Queen Maud Land, Antártica
Temperatura promedio hoy: -7,9° C
Velocidad promedio del viento hoy: 21,6 km/h
Sensación térmica: -19° C

“Un color nunca es solo un color, sino siempre un color de un objeto determinado…“
Maurice Merleau-Ponty (de la Fenomenología de la percepción)

© Erika BlumenfeldAquí en la Antártida, la nieve y el hielo son prácticamente omnipresentes; un hecho que al principio podría parecer elemental, pero que después de una reflexión más detenida resulta infinitamente complejo. La impresionante diversidad de estos elementos naturales cristalinos se extiende hacia las alturas y cubre vastas superficies, penetra el aire y cubre la tierra. El hielo debajo de mis pies tiene una profundidad de 9 metros, pero la capa más gruesa de hielo del continente alcanza un espesor de 4.800 metros. Encima de la tierra congelada, incluso el cielo está saturado de partículas de hielo suspendidas, que captadas por el viento crean remolinos propulsados a caótica velocidad. Estos tornados gélidos generan una calidad del aire, responsable de las maravillosas condiciones de luz que pueden admirarse todo el día.

La enceguecedora extensión de los campos de hielo seduce mis ojos, haciendo que mi mirada se pierda en el horizonte infinito, como si tratase de redibujar los límites de mi campo visual, y fuera tentada a mirar más allá de los límites de mi percepción anterior. Allí, en la línea transparente entre cielo y tierra, solo veo extensiones interminables de nieve y hielo. Incluso en dirección a las montañas del sur, allá donde los Nunataks del Ahlmann Ridge Range interrumpen la planicie, se impone la insistente presencia de la nieve y el hielo.

Sería natural suponer que un paisaje como el que describo es blanco, pero cuanto más tiempo paso observando mi entorno, más me alejo de la idea del blanco. Mientras las impresiones pasajeras transmiten algo que se siente como blanco - por ejemplo al medio día, cuando el sol inunda el paisaje con sus rayos poderosos, de modo que la sola fuerza de su radiación perpendicular sofoca cualquier esperanza de color- lo que domina en realidad es una luz brillante. El blanco pareciera transformarse simplemente en un vehículo para que la luz actúe sobre el paisaje, pero resulta desconcertante la idea de que el blanco solo pueda existir como consecuencia de la luz.

© Erika BlumenfeldLa idea del blanco es de alguna manera es como la idea del cero. Ambos son difíciles de aprehender, pero al mismo tiempo definen sistemas completos en la ciencia o en las matemáticas. Mientras ellos mismos son intangibles, crean sus propias infinitudes. Tanto el blanco como el cero contienen, cada uno, su propia paradoja interna: el blanco aparece ante el ojo como la ausencia de todo color, pero científicamente está comprobado que contiene a todos los colores; el cero, por su parte, es la suma total de nada, y su existencia sin embargo se puede comprobar. Es interesante como ambos, de manera diferente, tienen una relación con el concepto del vacío. El blanco y el cero son como lobos solitarios, aislados, como el continente antártico, justamente de aquellas cosas con las cuales tienen una relación íntima.

El blanco en sí no es un color en el espectro de luz visible, sino que constituye más bien la suma de todos los colores. Si se eliminaran todas las frecuencias de colores de la escala de colores perceptibles de 380 a 750 nanómetros, se obtendría luz blanca. Sir Isaac Newton, quien se basó en los hallazgos ópticos de físicos anteriores, nos mostró estos principios básicos en su experimento legendario del prisma. Colocando un prisma directamente en la radiación del sol, detectó que la luz blanca se refracta en los colores espectrales puros, conocidos como violeta, azul, verde, amarillo, naranja y rojo.

Si el blanco es la suma de todos los colores espectrales, ¿por qué percibimos el blanco como la ausencia de cualquier color? Es cierto que el descubrimiento de Newton hizo avanzar la ciencia de manera extraordinaria, pero qué parte de esta teoría de la diferenciación cuantitativa nos habla de los millones de otros colores que percibimos y que no tienen nombre. El mundo que vemos con nuestros sentidos no se compone solo de estos seis colores.

© Erika BlumenfeldDesde la perspectiva filosófica, el blanco siempre se ha relacionado con una “tela vacía”, un nuevo inicio, y simboliza la paz y la pureza. ¿Pero existe algo realmente blanco? Cuando creemos estar percibiendo el blanco, en realidad todavía estamos viendo otros colores, cuando la luz es reflejada por objetos y superficie y cuando se refracta. Observe, por ejemplo, una simple pared pintada de blanco durante un período de 24 horas. Al principio a usted le parecerá obvio que es blanca, porque es lo que uno espera. Pero al mirar detenidamente y por un rato más largo, notará que la pared cerca de la ventana alrededor del mediodía tiene un tono levemente azul. Y más tarde, tendrá una ligera apariencia amarilla gracias a la lámpara que usted prende después de la caída del sol. Finalmente, una silla naranja se reflejará suavemente en la pared, haciendo aparecer una mancha de esa tonalidad.

Johann Wolfgang von Goethe, el gran filósofo y teórico del color, estuvo menos interesado en refractar el espectro en sus componentes separables, que fue el caso de Newton, como en investigar el espacio vago entre los colores puros, donde la clara delimitación entre un color y otro resultaba más enigmática. Goethe no se preocupó de los largos de onda individuales, sino de la unión entre luces de onda corta y larga. Investigó el espacio donde la luz entra en interacción con ella misma. Su trabajo se inició a partir de la idea de que el color o la luz en realidad eran actos de percepción, que necesariamente contenían una interpretación más volcada hacia lo interior.

Al mirar el horizonte, con las tenues degradaciones de colores que se mezclan y superponen frente a mis ojos, comienzo a comprender la sabiduría de su pensamiento. Esta compleja estructura de la luz y nuestra percepción indican que el mundo de los fenómenos naturales realmente está más allá de la razón.

„Puesto que el observador nunca ve con los ojos el fenómeno puro, sino que mucho depende de su estado de ánimo, del estado del órgano en el momento, de la luz, el aire, el viento, los cuerpos, el tratamiento y otras miles de circunstancias …“
Goethe, 15 de enero de 1798 (Teoría de los colores, Goethe)

© Erika Blumenfeld

Cuando yo misma observo el fenómeno puro, cuando veo como los rayos del sol, reflejados por la nieve o por los cristales de hielo en suspensión, dispersados por el aire por los fuertes vientos de la Antártica, son refractados, entonces percibo no solo uno, sino muchos colores simultáneamente. Las masas de hielo y nieve son prismas autónomos que nos muestran una multiplicidad de colores, porque la luz irradia a través de ellas, mientras se fusionan en el cielo y en la tierra. Pero queda la pregunta, cuál es el color de todos los distintos cristales de agua congelados. ¿Son blancos? Fisiológicamente el blanco es la experiencia de la percepción creada por la luz y que a continuación excita igualmente los tres tipos de conos en nuestros ojos. Hay una cantidad prácticamente ilimitada de combinaciones de colores en el espectro visible que estimulan los conos de esta manera, o dicho de otra forma: la ilusión del blanco se puede obtener mediante una cantidad casi infinita de combinaciones relucientes de colores. ¿Dónde entonces existe el blanco? ¿Depende solo de nuestra mente?

Mientras observo minuto a minuto la manera en que la luz entra en interacción con el hielo, la nieve y las partículas de cristales suspendidas, no puedo abstraerme de la fascinación ante la idea de que aquello frente a mí, que se supone es “blanco”, en realidad es cualquier otra cosa. Un fuerte índigo, un tenue azul pálido, un amarillo deslavado, un rosado duro, un rosado amortiguado, un violeta y lavanda increíbles y un gris recatado en todas las degradaciones posibles. Estos y millones de otros colores son los que aquí llenan el cielo y la tierra. Por muy suave que penetren la superficie del hielo pálido o de la nieve, los colores están presentes y cambian en el devenir del día imperceptiblemente. En este paisaje, prácticamente todo es una superficie refringente de luz, esperando para dispersar y reflejar los rayos. La Antártida lleva la luz en sí. Mientras la luz solar coherente (luz blanca) se desplaza lentamente por todo el paisaje, reluce a través y debajo del hielo y de la nieve, hace brillar todo desde adentro y crea colores que parecen inimaginables.

Observando nuevamente el paisaje en búsqueda de claridad, veo la interacción íntima entre la luz y los cristales y encuentro la calma en su naturaleza enigmática. Goethe me recuerda que… lo más elevado sería: entender que todo lo fáctico ya es teoría. El azul del cielo nos revela la ley básica de la teoría de los colores. No hay nada que buscar detrás de los fenómenos: ellos mismos son la lección.”

Erika Blumenfeld,
Fotógrafa y audiovisualista, EEUU

Traducción: Isolde Gaßner
Copyright: Erika Blumenfeld 2009

    Biografía

    Erika Blumenfeld (*1971 en EEUU) es fotógrafa y audiovisualista con exposiciones internacionales. Obtuvo el Bachelor of Fine Arts en fotografía en la Parsons School of Design en Nueva York. Desde 1998, el trabajo de Blumenfeld se concentra en la física de la luz y los ciclos naturales del sol y de la luna. La artista documenta los cambios sutiles de fenómenos atmosféricos, astronómicos y ecológicos. En su Polar Project, Blumenfeld muestra instalaciones de fotografía, video y audio sobre el entorno natural de la Antártida y el Ártico. Sus obras fueron expuestas en la Segunda Bienal del Fin del Mundo (Ushuaia/Argentina y Antártica 2009). Blumenfeld ha participado en varias publicaciones y ha recibido múltiples premios, entre otros, la Beca Guggenheim. Erika Blumenfeld vive en EEUU.