Cancún 2010

Protección climática: “Mejoraron las posibilidades después de Cancún“

Logo der Weltklimakonferenz 2010Logo de la Cumbre Mundial del Clima 2010Sorprendentemente, la comunidad de los países en la Conferencia sobre la Protección del Clima Global en Cancún finalmente logró dar algunos pasos hacia un nuevo acuerdo y la reducción de las emisiones de CO2. Goethe.de habló con el Gerente Político de la ONG Germanwatch, Christoph Bals, quien asistió a la conferencia como observador.

Señor Bals, el gran avance en México se dio literalmente en el último minuto, cuando la mayoría de la gente mentalmente ya se había hecho la idea de un nuevo fracaso de una Conferencia Climática de las Naciones Unidas. ¿Cómo lo vivió usted?

Bueno, las Cumbres Climáticas están diseñadas de tal manera que las decisiones recién se toman en la última noche. Desde temprano en la mañana, ya se había perfilado para mí que se llegaría a un acuerdo. No obstante, el avance me alegró mucho, aunque resulta evidente que se necesita mucho más.

Los estados firmantes del Protocolo de Kioto decidieron intensificar las negociaciones, para que pueda continuar ininterrumpidamente después de su expiración en 2012, buscando la limitación de la temperatura global a dos grados Celsius hasta fines del siglo. ¿Es posible contentarse con esto, dado que aún faltan resoluciones concretas sobre reducciones de emisiones y que en el acuerdo de Cancún los compromisos voluntarios hechos por los países industrializados hace un año en Copenhague, simplemente fueron “tomados en cuenta”?

Christoph Bals; Foto: German WatchEl resultado apunta mucho más allá de Copenhague. En primer lugar, nadie sabe detalladamente qué se ha prometido verdaderamente en los compromisos voluntarios de Copenhague, porque las afirmaciones son demasiado poco específicas. Esta parte debería aclararse dentro de los próximos meses en un proceso formal. En segundo lugar, hubo una opinión común de que estos objetivos mínimos no son suficiente. Los países industrializados deben corregir sus objetivos de modo que la reducción de emisiones al 2020 no alcance entre el 12 y el 16 por ciento, sino entre el 25 y el 40 por ciento. Adicionalmente, entre 2013 y 2015 habrá un proceso de revisión internacional para determinar cuál es la brecha que aún debe ser salvada para alcanzar el límite de dos grados y cómo esta brecha se podría cerrar. Así se prepara una estrategia doble: por un lado, acordar en forma consensuada –también en conjunto con EEUU- objetivos mínimos, y por el otro, ir mucho más allá con coaliciones con países de avanzada. Este cambio de estrategia es urgentemente necesario.

La UE se ha declarado dispuesta a reducir sus emisiones de dióxido de carbono al 2020 en 20 a 30 por ciento en comparación a 1990. Pero aparte del hecho de que esta afirmación no es legalmente vinculante, para cumplir el objetivo de dos grados Celsius, según opiniones de expertos, todos los países industrializados deberían reducir sus emisiones de CO2 en hasta 40 por ciento y hasta el 2050 en más del 80 por ciento. ¿No es ilusorio este panorama?

A esta altura, el objetivo de la UE de reducir las emisiones al 2020 en un 20 % cuenta con respaldo legal. El año que viene se luchará por mejorar el objetivo al 30 %. Después de Cancún han aumentado las posibilidades que esto ocurra. Sería deseable que a esta iniciativa se agregara el financiamiento de la protección de la selva, para poder acercarse al objetivo de una reducción del 40 por ciento.

Prácticamente todos los estudios de los últimos dos años muestran que es posible hacer más cosas de lo que se pensaba hace pocos años atrás. Una reducción del 80 al 95 por ciento de la emisión de CO2 al 2050 no solo ayuda al clima. La eficiencia energética y las energías renovables garantizan la seguridad del abastecimiento energético en tiempos de creciente escasez del petróleo. Y se transforman cada vez más en un motor de creación de empleo. Los distritos y ciudades de avanzada ya se están beneficiando de la generación de valor a nivel regional.

El Consejo Asesor de Ciencias del Gobierno Federal se basó en su borrador de proyecto en una reducción mundial de las emisiones anuales de CO2 de un máximo de 750 mil millones de toneladas hasta 2050. Esto serían tres toneladas per cápita. Los países desarrollados hoy en día tienen emisiones de 20 toneladas por persona y viven a costa de los países en desarrollo. ¿Qué habría que hacer para compensarlo?

Las 750 mil millones de toneladas corresponderían a la cantidad total de CO2 que hasta el 2050 todavía se puede emitir, si no queremos superar el límite de dos grados establecidos por primera vez a nivel internacional en Cancún o si no queremos enfrentar riesgos posiblemente insuperables. Alrededor del 2050 las emisiones anuales per cápita se deberían acercar a una tonelada de CO2, tanto en los países industrializados como en los países emergentes y en desarrollo. El desafío es grande, pero manejable. Los desafíos se volverán mucho mayores, si no actuamos con suficiente decisión.

¿Cómo evalúa el rol de Alemania en Cancún, que a pesar del criticado concepto energético del Gobierno Federal, aún es visto como pionero de la protección climática?

Los expertos alemanes negociaron bien. El Ministro del Medioambiente no dijo nada equivocado, pero no ha insistido lo suficiente en el trazado de la dirección estratégica.

Christoph Bals, nació en 1960, estudió teología, macroeconomía y filosofía. Es co-fundador de múltiples iniciativas de política climática y ambiental. Es, entre otros, miembro fundador de Germanwatch, una organización no gubernamental, que desde 1991 trabaja por la justicia entre norte y sur y la conservación de los fundamentos básicos de la vida humana.

Roland Detsch
hizo las preguntas. Trabaja como redactor, periodista y autor free lance en Landshut y Munich.

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enero 2011

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