El concepto de la vulnerabilidad: ¿una teoría para los problemas de mañana?

Cuando una sociedad no es capaz de reconocer su propia vulnerabilidad y los individuos no se arman suficientemente en contra de posibles catástrofes a causa de sus escasos recursos, se generan las condiciones para que los eventos naturales desplieguen su completa dinámica de destrucción.
La mirada asustada de un campesino hacia las nubes monsónicas también puede ser un signo de pobreza. Con esa observación, Amartya Sen introdujo el concepto de vulnerabilidad en la política de desarrollo y las ciencias sociales a principio de los ochenta. El economista y premio Nobel de origen indio había analizado diversas hambrunas, lo que le había permitido entender más a cabalidad el significado de la amenaza de catástrofes naturales, a la vez que concluir que la vulnerabilidad no tiene su fuente únicamente en la violencia de la naturaleza, sino que con frecuencia, es la falta o el malfuncionamiento de instituciones sociales lo que posibilita que las catástrofes naturales desplieguen su completa dinámica destructora.
Las „catástrofes naturales“ son catástrofes culturales
La pérdida de las cosechas provoca hambrunas solo si faltan los mecanismos de seguridad compensatorios para campesinos y trabajadores rurales, o si existe incapacidad o ausencia de voluntad por parte de las instituciones políticas de hacer algo en beneficio de los afectados. Efectivamente ocurre que se exportan alimentos mientras una parte de la población está sufriendo hambre: las “catástrofes naturales” son con frecuencia catástrofes culturales.
El concepto de la vulnerabilidad fue adoptado y enriquecido por expertos en desarrollo y pobreza. Desde su punto de vista, lo especial del concepto es que en él no solo se consideran recursos existentes, como por ejemplo los ingresos de que se dispone, sino que también se analiza la medida en que la escasez y la distribución de los recursos vuelven problemáticas a circunstancias gravantes externas, como tormentas, crecidas o sequías. Porque en términos abstractos, la vulnerabilidad significa estar sometido a factores de estrés que no pueden ser superados con los recursos de que se dispone. ¿Es aplicable también este concepto, desarrollado a partir de la situación de los países en vías de desarrollo, a países occidentales con altos niveles de industrialización?
También los „riesgos mudos“ son más grandes para los más pobres que para los ricos
Hasta hace algunos años todavía pensabamos que era posible controlar peligros eventuales con medios técnicos, o por lo menos que se disponía de suficientes recursos para poder compensar colectivamente las pérdidas individuales ante un caso efectivo de catástrofe. Aun cuando hubiera nuevas circunstancia gravantes, no se consideraba que estas estuvieran en la relación de interdependencia con la pobreza propia del concepto de vulnerabilidad.
En una perspectiva de largo plazo puede que eso sea efectivamente así. Pero investigaciones epidemiológico sociales muestran que especialmente los „riesgos mudos”, como las aguas subterráneas, el particulado fino y el ruido, también en los países industrializados afectan mayoritariamente a los sectores de ingresos bajos. Igualmente, los primeros efectos del cambio climático, que se manifiestan en tormentas, inundaciones, olas de calor y derrumbes de tierra, afectan en las naciones industrializadas en primera línea a los sectores más pobres de la población. Solo aquellos que puedan darse el lujo, abandonarán con antelación áreas residenciales, regiones o países amenazados, y tendrán además una mayor capacidad de reacción ante situaciones de emergencia. Considerando las crecientes consecuencias palpables del cambio climático, esta segregación por riesgo tenderá más bien a aumentar que a disminuir dentro de un plazo previsible.
La catástrofe desatada por el huracán Katrina en Nueva Orleans fue un ejemplo maestro de lo anterior. A la insuficiente prevención para enfrentar una eventual catástrofe, se agregó una evacuación demasiado tardía y „privada“, a la que era difícil sumarse sin contar con auto propio. La rotura de los diques malamente mantenidos se vio agravada por las fallas en la gestión de crisis. Las inundaciones cubrieron fundamentalmente los barrios pobres de la ciudad.
La prevención de la existencia humana es una tarea colectiva
Ambos aspectos de la vulnerabilidad -la distribución de recursos, por una parte, y las circunstancias gravantes, por otro- demarcan el espectro de las posibilidades de intervención. Aquellos que disponen de suficientes recursos financieros y conocimientos están en mejores condiciones para protegerse a sí mismos, sin embargo, las amenazas colectivas solo pueden reducirse, o al menos canalizarse, por medio de medidas colectivas. Los diques, los depósitos de agua o los „cyclone shelters/refugios anticiclones“ en Bengala solo pueden ser implementados como bienes públicos. Por lo mismo, ese tipo de prevención de la existencia humana depende (no solo) de la existencia de una comunidad en funcionamiento y estructuras democráticas, en las que los intereses de todos los grupos de la población estén representados.
La nueva realidad que plantea el cambio climático exigirá cada vez más al estado en su calidad de instancia reguladora. Su repliegue, con la consecuente privatización del riesgo de responsabilidad colectiva, no haría sino seguir aumentando cada vez más la vulnerabilidad de la sociedad en su conjunto y con ello la de cada individuo. El concepto de la vulnerabilidad puede aportar en este proceso mejor que ningún otro a volver visibles las interrelaciones entre factores medioambientales y sociales.
es docente de la Escuela Superior de Munich y de la Universidad de Munich. Se ha especializado en temas de política social, pobreza y desigualdad social.
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Julio 2010
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