La ocupación de los corazones: el rescate del Gängeviertel, barrio histórico de Hamburgo

Una iniciativa de vecinos de variadísimas procedencias ha salvado de la demolición a un deteriorado barrio histórico situado en el centro de Hamburgo, que la ciudad ya había vendido a un inversionista. Las discusiones decisivas sobre el futuro del barrio están aún por venir.
Uno de los lugares más tristes del casco central de Hamburgo es el parque infantil del recientemente construido “Barrio Residencial Brahms” (Brahms-Quartier). En él oscila un columpio solitario que cuelga de un imponente estribo de acero, a la sombra de edificios de apartamentos de nueve pisos. No hay aquí ningún tobogán, andamio para trepar o cajón de arena, y los bancos que rodean al sólido artefacto suelen estar ocupados por empleados que vienen de las cercanas torres de oficinas a fumarse un cigarrillo. Tan sólo a un tiro de piedra se encuentra el llamado “Barrio de los Pasajes” o Gängeviertel, separado de las rutilantes edificaciones revestidas de piedras sintéticas, vidrio o madera, por la Speckstraße. O mejor, por lo que antes era conocido como tal. Esta histórica callejuela, en la que alguna vez estuvo situada la casa natal de Johannes Brahms, se ha convertido hoy en la entrada de un garaje subterráneo por la que limusinas SUV se desplazan lentamente con un suave murmullo hacia sus puestos de estacionamiento.
“Acércate a los Pasajes”
Patrimoniales y deteriorados edificios de ladrillo rojo junto a inversiones arquitectónicas con un nombre histórico: nada mejor para expresar el conflicto político desencadenado a raíz de la ocupación, en el verano de 2009, del Gängeviertel de Hamburgo. El 22 de agosto, unos 200 activistas se mudaron a los doce edificios vacíos, último resto de los barrios obreros que cubrieron alguna vez la zona que va desde el puerto hasta la ciudad nueva. Desde entonces, bajo el lema de “Acércate a los Pasajes”, los activistas dejan su impronta en el barrio con exposiciones, fiestas, conciertos y foros. Muchos de los ocupantes participan en una acción política por primera vez en sus vidas. Los medios de comunicación suelen denominarlos "artistas del Gängeviertel", pero los artistas independientes están aquí tan representados como el enfermero o la estudiante, la diseñadora gráfica o el receptor de un subsidio de desempleo. A menudo es difícil discernir las identidades: ¿Es acaso un cocinero este organizador de reuniones nocturnas, un empleado del sector gastronómico o un generador de cultura? Independientemente de cómo se ganen la vida los activistas, lo cierto es que se han propuesto conquistar con el Gängeviertel un espacio que les permita desarrollar libremente lo que consideran más importante. Reparan la infraestructura, negocian con políticos y elaboran planes para el saneamiento del barrio sobre la base de la autogestión, impulsados por una ola de simpatía generalizada, que abarca desde prominentes personalidades de la cultura de izquierdas, como el pintor Daniel Richter o el director de cine Fatih Akin, hasta el conservador periódico vespertino Hamburger Abendblatt. Miles de hamburgueses escuchan atentamente a los activistas de “Acércate a los Pasajes” explicar en sus visitas guiadas cómo aquí, en medio de un centro urbano abrumado de fachadas de vidrio, centros comerciales y gastronomía masificada, se esconde una verdadera joya.
El milagro de Hamburgo
De este modo, “Acércate a los Pasajes” no sólo se ha convertido en la primera ocupación de inmuebles vacíos que la ciudad tolera en veinte años; los ocupantes han logrado, además, que a fines de 2009 el Senado de Hamburgo recuperase todo el área comprándosela a quien era hasta ese momento su dueño, el consorcio Hanzevast. Este fondo inmobiliario holandés tenía proyectado construir aquí un complejo de apartamentos y oficinas en el que sólo algunos rasgos de las fachadas habrían evocado al barrio histórico. El Senado de la ciudad hanseática daba así un ejemplo práctico de autocrítica, porque en realidad se trataba de la reversión de un contrato de compra. En efecto, en 2002 la Oficina de Finanzas había vendido el Barrio de los Pasajes en subasta pública. El alto precio entonces alcanzado ejerció sobre el solar una fuerte presión de rentabilidad, lo que hizo que su primer comprador solicitara su demolición completa y terminase por venderlo a los holandeses, que dejaron que el barrio se siguiera deteriorando. La iniciativa “Acércate a los Pasajes” fue la primera instancia en llamar la atención de la opinión pública sobre esta forma de negociar con un sector del “viejo Hamburgo”, una ciudad que otrora diera cobijo a personajes tan originales como el famoso aguador Hans Hummel (el del saludo típico “Hummel, Hummel – Mors, Mors!”) y la menuda vendedora ambulante “Zitronenjette”. Eso les valió a los ocupantes un apoyo generalizado, que incluía a sectores acomodados de la población, hasta el punto de que de la noche a la mañana ya nadie en política quería hacerse responsable por la subasta del barrio histórico. A finales de agosto de 2009 la Senadora para la Cultura Karin von Welck explicaba que la iniciativa era “recibida en todas partes con los brazos abiertos”. Y en los diarios Die Zeit, Süddeutsche Zeitung y el Berliner Zeitung, o sea, en todos los rincones de la República, se hablaba del “Milagro de Hamburgo”.
El entusiasmo por la retractación del Senado, cargada de simbolismo, no debe, sin embargo, hacer perder de vista que los principales debates sobre el futuro del Barrio de los Pasajes aún están por darse. En el maratón de negociaciones entre la ciudad y los ocupantes siguen enfrentadas dos posiciones irreconciliables: en el campo de la municipalidad reina una cierta indefinición, pero la tendencia dominante es a poner el desarrollo del lugar en manos del instituto municipal de vivienda Saga o de un inversionista privado, y ofrecer a la Iniciativa “Acércate a los Pasajes” solamente una utilización parcial del mismo; en cambio, los ocupantes se empeñan en asumir el pleno control del barrio con un modelo de financiamiento cooperativo y administrarlo de forma autónoma.
Dimensiones políticas y sociales
Este enfrentamiento revela las dimensiones políticas y sociales de los debates en torno al Gängeviertel. El estamento político interpreta la ocupación como un intento de los artistas y otros protagonistas de la cultura por conquistar, a precios favorables, espacios en una metrópolis cada vez menos accesible al precario sector creativo. “Es verdad que los artistas requieren espacio. Y la ciudad de Hamburgo debe proveerlo”, declaró a Die Welt la Senadora para la Cultura, Von Welck. De hecho, hace años que Hamburgo se ufana de ser una “metrópolis palpitante” para “todo tipo de creadores culturales”, en la línea de la tesis de las creative cities del economista estadounidense Richard Florida, según el cual una subcultura vigorosa en la sociedad del conocimiento supone una ventaja determinante para la localidad respectiva. “Los ambientes creativos y los espacios abiertos” —tal el título de un estudio recientemente publicado por funcionarios de desarrollo urbano de Hamburgo— son deseables como factor positivo de un emplazamiento y como un instrumento de revalorización y apertura de la política urbana. Pero deberían surgir, según la misma fuente, de arriba hacia abajo, y no de forma caótica. “La manera de administrar inmuebles urbanos tampoco cae bajo la competencia de ustedes”, les reprochaba a los ocupantes de los Pasajes, en una reciente entrevista de televisión, la Senadora para la Cultura.
La cuestión de la ciudad digna de vivirse
Los promotores de la iniciativa “Acércate a los Pasajes”, sin embargo, tienen una opinión muy diferente. Desde sus primeras declaraciones a la prensa han puesto de manifiesto que el objetivo de su proyecto es configurar “un barrio autónomamente administrado, público y vital, destinado a usos culturales y sociales”, y se han solidarizado con otras iniciativas distritales de Hamburgo, que, por cierto, se agruparon el año pasado bajo la red “Derecho a la Ciudad”. “En muchos sentidos, nuestra situación no difiere en absoluto de la de otros empleados precarios”, dice Marion Walter, artista y miembro de la primera oleada de ocupantes. “Yo, por ejemplo, tengo dificultades en encontrar en el mercado inmobiliario un lugar de alojamiento, porque como artista independiente no puedo presentar una constancia de ingresos”. Además, la iniciativa entiende su compromiso con el barrio como una apropiación legítima del espacio urbano, como una inversión social. “Tuvimos la previsión de contabilizar lo que hemos ido invirtiendo en el barrio en fuerza de trabajo y materiales”, apunta Walter, “y hemos llegado a una cifra de alrededor de un millón de Euros”. Los ocupantes señalan, al mismo tiempo, que no se trata de la “apropiación indebida de espacios privados por parte de hijos de la clase media, sino de devolverle al público algo que le pertenece”, para decirlo con palabras del arquitecto y activista de los Pasajes Heiko Donsbach. Sólo si los usufructuarios administran por sí mismos el barrio, está garantizada, según aquél, la existencia de espacios residenciales a precios razonables y dotados de servicios sociales. Y éste es también sin duda el verdadero mérito de "Acércate a los Pasajes": que su forma de abordar el tema de una ciudad digna de vivirse ha permitido que ya nadie en Hamburgo pueda dejar de plantearse la cuestión.
es periodista y escritor y reside en Hamburgo. En 2003 publicó en alemán el libro Tiendas, tinglados y bodegones. Una historia de la cultura pop en Hamburgo. A finales de abril de 2010 saldrá a la luz, también en alemán, su nuevo libro Gentrifidingsbums: Una ciudad para todos.
Traducción: Fabio Morales
Copyright: Goethe-Institut e.V., Redacción online
Marzo de 2010










