El arte de la Independencia... y algunas reflexiones sobre lo heroico

“Cuánto nos reíamos”

Bärbel Bohley, 2009, Foto: Christian Thiel El nombre de Bärbel Bohley se asocia a la revolución pacífica de la RDA. Esta defensora de los derechos civiles nos cuenta cómo fue perseguida por la Stasi… y lo que se reía ella.

El 3 de octubre de 1990 concluyó el proceso de unificación alemana: se disolvió la República Democrática Alemana o, mejor dicho, pasó a formar parte de la República Federal Alemana aportando cinco nuevos estados federados recién fundados. La reunificación se hizo posible con la caída Muro de Berlín un año antes, el 9 de noviembre de 1989, culminación del desmoronamiento definitivo del sistema político de la RDA.

La defensora de los derechos civiles Bärbel Bohley fue una de las personas que contribuyó al derrumbe de la dictadura de la RDA. Nacida en 1945, poco después del final de la Segunda Guerra Mundial, pasó su infancia en un Berlín derruido por los bombardeos. Tras sus estudios de Bellas Artes, trabajó de pintora y diseñadora gráfica independiente. En 1982 creó el grupo Mujeres por la Paz; en 1985 fue miembro fundador de la Iniciativa por la Paz y los Derechos Humanos. Bohley estuvo expuesta a una vigilancia continua de la Stasi. En 1986,pasó seis semanas arrestada por “transmisión de noticias que traicionan a la patria” y en 1988, seis meses en la cárcel por “relaciones que traicionan a la patria”.

A continuación fue deportada a Inglaterra. Al cabo de seis meses regresó y en septiembre de 1989 redactó la proclama fundacional de Neues Forum (Nuevo Foro), al que se adscribieron 250.000 ciudadanos de la RDA en muy poco tiempo.

Aunque participó activamente en la legendaria revolución sin sangre de hace dos décadas, Bärbel Bohley, una de las “heroínas” de entonces, no tuvo ningún reparo en renunciar al gesto altivo de lo heroico.

En 1994 encabezó la lista de Neues Forum a las elecciones europeas, en 1995 contribuyó a la fundación de la Oficina Ciudadana para las Víctimas del SED (Partido Socialista Unificado de Alemania, es decir, el partido del gobierno de la RDA). Desde 1996 hasta 2008 trabajó en Bosnia para la ONU, en proyectos de agua potable y programas de asistencia a niños traumatizados por la guerra. Bohley vivió hasta su muerte en septiembre de este año en su antiguo piso del barrio berlinés Prenzlauer Berg, donde tuvo lugar la entrevista de la que HUMBOLDT ha escogido algunos pasajes.

Su nombre se asocia siempre al otoño de 1989.

Sí y ello me pone a veces un poco nerviosa y además me enfurece porque el movimiento del otoño de 1989 sólo puede comprenderse en su totalidad, teniendo presentes todos los rostros que intervinieron.

¿Cómo logra mantener ese espíritu de independencia?

Yo siempre he hecho lo que me parecía correcto. Dos o tres veces en la vida tuve que avergonzarme por cosas que había dejado de hacer, ¿sabe? Sólo eran pequeñeces, pero no quería volver a tener que ponerme colorada interiormente.

Su actitud le ha acarreado no pocos problemas. En 1982 la expulsaron de la junta directiva de la Asociación Berlinesa de Artistas Plásticos (Berliner Verband Bildender Künstler) como consecuencia de su compromiso político por la paz. Usted era licenciada en Bellas Artes y se dedicaba a la pintura y, de repente, dejó de recibir encargos, ¿cómo se ganó la vida a partir de entonces?

En los años ochenta me dediqué a decorar hueveras a mano. […] creo que toda la vida he sido creativa, para ello no me hacía falta tener un lienzo. En este sentido comparto el enfoque de Beuys sobre la escultura social, es decir, que la acción humana modela la sociedad.

¿Y con eso podía mantenerse?

Algo así sólo era posible en la RDA porque no había hueveras y cualquiera que descubría en algún mercadillo una de cerámica se llevaba una alegría: las pintaba de azul y blanco o con adornos de flores y ramas, cosas así. En las tiendas sólo vendían hueveras de plástico.

¿Echa de menos la RDA?

Echo de menos algunas cosas. Cuando esto se afirma hoy en día, se ignora siempre al instante. Echo de menos la idea de igualdad que existía, siempre me pareció muy agradable. Incluso a los que tenían el poder, éste no les servía para nada. Sólo tenían ese estúpido poder que para mí no era importante. Yo vivía sin ninguna envidia y siempre tenía la sensación de que había igualdad social. A mí tampoco me gusta que vengan a pedirme dinero en las estaciones, eso yo no lo viví nunca en la RDA. Ni siquiera en Bosnia, donde estuve trabajando hasta el año pasado. Allí las familias hacían de colchón de los pobres. Y luego me vine desde Sarajevo a Berlín y delante de los grandes almacenes donde habitualmente compro estaban sentados unos mendigos.

¿Qué le parecía divertido en la RDA?

Nos reíamos como locos, sí, cuánto nos reíamos. Había chistes políticos. Muchas cosas eran divertidas en “Absurdistán”. A mí personalmente hasta la Stasi me hacía gracia. Ya sé que es un sacrilegio decir algo así y también sé lo atroces que eran del otro lado. Aun así era divertido verlos delante de mi casa con una bolsa en la mano y pensando que no se les reconocía. Siempre intentaban disimular pero todos sabían quiénes eran. A ellos se les quedaban los pies fríos en la calle mientras nosotros tomábamos unos vinos.

Asimismo me resulta divertido que sólo haya fotos de mi casa con contenedores de obras delante. Antes se refugiaban en ellos los de la Stasi, hoy guardan sus herramientas los obreros. Es como si me hubiera casado con un contenedor de obras.

¿No tenía miedo a la Stasi?

Sí, pero no podíamos permitir que el miedo se apoderara de nosotros. Por eso intentábamos mirar especialmente el lado divertido de las cosas.

¿Le gusta el término Wende? [La palabra alemana Wende significa “cambio” y se utiliza mucho para referirse a la transformación político-social de la RDA que acabó haciendo posible la reunificación alemana. N. de la T.]

En mi opinión no es un término muy acertado. A mí me encanta la palabra revolución y es que lo fue, porque sucedieron muchas cosas con las personas y en el interior de las personas. Fue bello, muy bello. Fue algo maravilloso en mi vida que ya nadie podrá arrebatarme. Yo creo que para los que pudimos experimentar aquello de una manera consciente, sin sentirnos arrollados por completo (lo que les pasó a muchos), es algo que infunde fuerza. Uno sabe que las cosas pueden cambiar radicalmente y durante toda la vida. Esto es algo esperanzador, el magma más inerte puede causar una erupción volcánica.

Cuando mira atrás, ¿cuál de sus sentimientos predominó durante aquel tiempo?

A veces estaba agotada. Por ejemplo, el día que cayó el Muro habían aceptado por la mañana el Neues Forum como asociación política. Al mediodía hicimos una rueda de prensa enorme aquí en el patio, bajo este arce, y por la tarde cayó el Muro. Y entre medias pasaron por aquí cientos de personas con asuntos muy diversos. Sólo estaba cansada, en realidad sólo cansada. En nuestro interior todo nos sobrepasaba… demasiada adrenalina.

¿Cuál fue el momento más alegre en aquel otoño de 1989?

Lo más bonito fue ver que la gente de repente comenzó a mirar: los zombis se transformaron en seres vivos… ¡maravilloso!

¿Se dio cuenta entonces de que usted estaba desempeñando un papel histórico?

Yo rechazo de plano lo del papel histórico. El otoño de 1989 fue una experiencia colectiva y lo bueno y lo especial era precisamente esa alegría compartida. Quiero decir, si somos sinceros, quién conocía en la RDA a Bärbel Bohley. Yo no pertenezco a los que han olvidado lo que de verdad queríamos. Nosotros no estábamos empeñados en que cayera el Muro, eso ni se nos había ocurrido. Y cuando actualmente muchos dicen que querían la reunificación, se les olvida que querían libertad, pero libertad en la vida que llevaban en la RDA. Todo lo demás vino después.

¿Cómo lleva lo de ser tachada a veces de Casandra y otras de llorona?

Yo no reflexiono sobre los motivos por los que se enojan conmigo: sería una tontería. Tienen que preguntarle a la gente qué le hace enfadar tanto. Por tanto, no lo sé y me da igual porque no los puedo tener en cuenta. Eso significaría que deseo ser querida y ése no es mi motor ni mi objetivo. A mí no me tiene que amar nadie. No, no quiero, es bueno que la gente tenga una opinión clara.

¿Qué la enoja actualmente?

Sólo puedo decirle que me siguen alterando las contradicciones que nos rodean. La crisis financiera ha llegado aquí de una manera muy moderada y no hablamos de lo que sucede en el resto de los países. Olvidamos por completo a los niños que pasan hambre y que mueren todos los días. Eso es terrible. No existe una nueva forma de pensar, siempre se va en la misma dirección: crecimiento, crecimiento. Muy pocos lo cuestionan. El medio ambiente nos pasará factura y también las personas de los países que ahora se olvidan.

Aquí está otra vez la Casandra de Prenzlauer Berg.

Yo no me alegro del mal ajeno, pero veo: tendremos que aprender a la fuerza. Aprenderemos nuestras lecciones de una manera muy desagradable. Lo único que se potencia hoy es el deseo de consumir más. Sin embargo, uno no es más feliz por tener un par de zapatos más. La cuestión de los nuevos valores, o más bien de valores muy antiguos, vuelve a ser actual. Y en 1989 podríamos haber dado una buena respuesta a muchas de estas preguntas.


Extracto de una entrevista publicada en el periódico alemán taz– die tageszeitung del 1 de octubre de 2009
Anja Maier
(1965, Berlín) es tipógrafa cualificada y estudió Ciencias de la Comunicación. En la actualidad trabaja como periodista y autora para la edición berlinesa del periódico taz.

Bärbel Bohley (1945–2010),
defensora de los derechos civiles y pintora, fue miembro fundador de la Iniciativa por la Paz y los Derechos Humanos. En 1988 fue detenida y deportada. A los seis meses regresó a la RDA, donde en 1989 inició el Neues Forum del movimiento por los derechos civiles, que demandaba cambios fundamentales. En 1990 ocupó, junto con otros activistas, el edificio de la antigua Stasi para ver sus actas. En 1994 recibió la Cruz Federal del Mérito, y el año 2000, el Premio Nacional Alemán. Falleció en septiembre del presente año.

Traducción del alemán: Carmen García del Carrizo
Copyright: taz – die tageszeitung, www.taz.de
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