La otra lengua

Augusto de Campos

"Un diálogo casi visceral con la traducción"

En este fragmento de una entrevista inédita de 1995, el poeta y traductor Augusto de Campos explica la idea de la “intraducciónen su obra.

Le di ese título a una serie de experiencias de traducción que comencé a hacer justamente por esa época [mediados de la década de los setentas]. Entendí que ellas se diferenciaban de otros trabajos de traducción, estando ambos tipos de trabajo vinculados a esa idea de la traducción creativa o de traducción-arte. Las intraducciones caracterizarían para mí un tipo de abordaje diferenciado, que sería la traducción no necesariamente de un poema integral, sino muchas veces de un determinado trecho del poema, al cual –con mucha libertad, con una libertad de prácticas que no estaban contenidas en el original, pero que tal vez fuesen sugeridas por ese original– yo aplicaba en esa traducción recursos no verbales, gráficos, visuales, que implicaban un layout diferente del poema, con una interferencia muchas veces hasta en la grafía de los poemas, objetivando una iconización del texto o a veces un diálogo entre texto e imagen, algo que también es característico de mi poesía visual, donde trabajo explícitamente en una zona límite entre lo verbal y lo no verbal.

El primero de esa serie fue una traducción de un fragmento del trovador provenzal Bernart de Vantadorn, del cual extraje dos líneas citadas por Ezra Pound en sus Cantos: «Si no'us vei, domna don plus mi cal, negus vezer mon bel pensar no val», y que traduje así: «Si no veo a la mujer que más deseo, nada de lo que vea vale lo que no veo». Estas palabras fueron recortadas, fragmentadas e interrumpidas. Las palabras del provenzal fueron graficadas en unos tipos de letra más arcaizante, diferenciada de la traducción, cuya expresión gráfica era en tipos más modernos. Se imbricaban, se interceptaban y producían un tercer texto, que podría ser leído enmendando una palabra del provenzal al portugués, a veces con efectos sorprendentes. Es un tipo de traducción que realmente da como resultado una cosa diferente.

Bauticé esos textos con ese nombre, objetivando una cierta ambigüedad. “In-traducción” en el sentido de no-traducción, e “intra-ducción” en el sentido de una traducción interna, un diálogo casi visceral o esencial con la traducción, que autorizaría esa libertad que me tomo en relación con los textos.

Hay varios más de esa serie, como una estrofa interesantísima de Maiakovski, que él no llegó a publicar en la versión oficial del poema, porque su gran amigo, el crítico Ossip Brik, no logró simpatizar con ella y la creyó un momento de fragilidad del poeta. La frase decía más o menos así: «Quiero ser comprendido por mi país, / pero si no lo fuera, lo mismo da, / pasaré al sesgo por vosotros, / como la lluvia oblicua pasa». Bauticé esa intraducción como “Lluvia oblicua de Maiakovski” haciendo una alusión a la “Lluvia oblicua” de Fernando Pessoa. Y por otro lado estampé en rojo el conocido retrato de Maiakovski que se debe a Rodchenko, con aquél tupé de perfil, y coloqué los versos de esa estrofa de manera vertical, pero en diagonal, como si fuese realmente una lluvia, recordando de algún modo el famoso caligrama de Apollinaire. Entonces ahí están imbricadas algunas formas de metalenguaje, alusiones a otros poetas, y una versión caligrámica del texto “en off” de Maiakóvski, al cual considero extremadamente significativo, y que retroalimentado por su fin trágico, viene incluso a volverse relevante, definidor de las contradicciones entre él y la sociedad en que vivió. Todo eso lo pasé al portugués en una versión absolutamente no ortodoxa, tomándome todas esas libertades, porque a fin de cuentas entiendo que no contradicen la naturaleza esencial del poema.

Para distinguir ese tipo de texto, quise llamarlas “intraducciones”, justamente porque los presupuestos de las traducciones de otro tipo que hago, las no-intraducciones, me orientan a respetar mucho, precisamente, el original. Entonces, digamos, si el poema es un soneto, no hago una traducción libre del poema, traduzco un soneto; si es un decasílabo en el original, por cuestiones de dimensión de la lengua portuguesa puedo transformar esos decasílabos en alejandrinos, pero siempre buscando un ritmo que se aproxime al del original; si está rimado, voy a rimar; si las rimas son ricas, haré rimas ricas; todo ello dentro de aquél espíritu de procurar reproducir al máximo los valores artísticos del original.

Yo diría lo siguente: En mis traducciones así estrictamente denominadas, existe una orientación en el sentido de aproximar el texto al máximo de su factura artística original; en las intraducciones me permito una libertad mayor y también desvío hacia esos textos una orientación intersemiótica, algo más próximo a la línea de mis poemas propiamente dichos. Tal vez por eso tengo publicadas esas intraducciones junto con mis poemas, porque las considero de cierta forma más próximas. No es que pretenda con eso que sean mejores que las otras traducciones, suponiendo que ellas tengan algún valor. Es una cuestión de mera proximidad: encuentro que incluso por su estructura visual, por su aspecto exterior, ellas tienen más afinidad con la modalidad de los poemas que practico en mis libros de poesía.

Augusto de Campos (São Paulo, 1931)
es poeta, traductor y ensayista. En 1951, publicó su primer libro de poemas, O Rei menos o Reino. En 1952, con su hermano Haroldo de Campos y Décio Pignatari, lanzó la revista literaria Noigandres, origen del Grupo Noigandres, iniciador del movimento internacional de la Poesía Concreta en el Brasil. Desde entonces, marcó decisivamente la escena cultural brasileña, rescatando en sus obras y traducciones diversas tradiciones inventivas de la literatura. A partir de 1980, intensificó los experimentos con los nuevos medios, presentando sus poemas en anuncios luminosos, videotextos, neón, hologramas y láser, animaciones computadorizadas y eventos multimediales, abarcando sonido y música. Informaciones detalladas sobre su extensa obra en su página oficial:
www2.uol.com.br/augustodecampos
Entrevista: Simone Homem de Mello

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