La otra lengua

Ulf Stolterfoht

”un sistema de signos forma un bosque”

Ulf, tu nuevo poema largo recién aparecido, holzrauch über heslach (humo de madera sobre Heslach ), es caracterizado en la solapa como poema “etnológico”. En él aparece el así llamado “manisch”, un dialecto que supuestamente es cultivado por un grupo de jóvenes de Stuttgart, del distrito de Heslach, como lengua de comunicación y de poesía. ¿De dónde proviene ese idioma?

De variaciones de las jergas que todavía existen en Wurtemberg y en Baden. Lo que yo uso realmente es la variante turingia. Nadie en Heslach, ni tampoco en Suabia, habla así.

Has contado que tenías una lista de topónimos de tus años juveniles en Heslach, y un plano de Stuttgart, cuando en el 2007, en la Villa Massimo, en Roma, comenzaste a escribir este poema. Al final del libro presentas una lista de algunos libros sin los que “el tantas veces tartamudo motor del poema habría enmudecido por completo”. ¿Qué es recuerdo, qué es construcción y cita?

Acordarse de algo, a secas, es bastante aburrido. Rellenar los recuerdos con todas esas extravagancias [en el libro] fue justamente lo que se me hizo divertido. En Heslach no había músicos vagabundos , ni tampoco cepilleros, pero sí que los había en la comunidad vecina. Peter Weiss dice de La estética de la resistencia que esa sería la biografía que él desease. Así me habría gustado que hubiese sido mi vida. Por otra parte hay también otras cosas que sucedieron como se cuentan: ese asunto con las drogas se encuentra relativamente cerca de la realidad.

Pero no siempre está claro lo que es “verdadero“ y lo que no. Me gusta el verso: «la ficción vuelve insípido el poema, lo fáctico por contra es sinigual: esconde lo que muestra».

Eso, en parte, es de Emily Dickinson (se ríe). El título holzrauch über heslach proviene de un poema de Heissenbüttel, “Poema sobre el ejercicio para morir”, de 1962. He leído bastantea Heissenbüttel, también en los últimos tiempos, y él, tengo esa impresión, llegó también en algún momento a ese punto en que la cosa ya no le satisfacía. No por lo experimental, sino por un escepticismo que no está justificado por causa ninguna. En un texto que se llama “casi autobiográfico”, Heissenbüttel ensaya con una literatura experimental que de alguna manera está justificada por la persona. Solo que en él la cosa va más allá, naturalmente, lo que tuvo como consecuencia un autodesnudarse, todos esos asuntos sexuales, y que se informe sobre todo de una manera sincera. Conmigo, naturalmente, nunca podría ser de ese modo. El engaño es el elemento principal en holzrauch über heslach. Lo autobiográfico es un engaño, lo etnográfico es un engaño. En cualquier caso lo que pensé fue: Cuando se pone lo auténtico prácticamente en contra de sí mismo, se hace como si fuese así, y entonces gracias a ello se produce de cierta manera algo casi auténtico, quizás así se sale uno del círculo vicioso de tener que andar siempre desmintiendo lo que se ha dicho en la frase anterior. Y del círculo vicioso me he escapado, sólo que posiblemente pagando el precio de haber traicionado a la literatura experimental (se ríe).

Quizás a la radicalidad de tu literatura experimental, pero no a la literatura experimental, no lo creo.

Espero que no.

¿Y de dónde te llega ese «círculo vicioso de tener que andar siempre desmintiendo lo que se ha dicho en la frase anterior»? O mejor dicho: ¿De dónde proviene esa radicalidad, esa necesidad de diferenciar lo más posible el idioma poético del uso idiomático comunicativo, por medio de una cierta inaccesibilidad, algo que está muy claro en los tres volúmenes de Fachsprachen [Lenguajes técnicos]?

Cuando escribí los libros Lenguajes técnicos, en realidad ya desde que comencé a escribir, había leído sobre todo Filosofía (lo que en realidad también sigo haciendo hoy), y de entre ella, sobre todo, filosofía analítica del idioma y teoría del conocimiento. Cuanto más me ocupaba de ese tema, tanto más claro se me hacía el problema con esa idea de la referencia, que es altamente cuestionable, con todas sus remisiones (no digamos ya en la narrativa, donde es todavía más complicada).
En el habla cotidiana se hace como que el mundo está configurado así y así, de la manera como uno se relaciona con el mundo. Eso naturalmente se puede hacer, y mucho habla a favor de ello mientras la comunicación funcione. Pero cuando en la poesía se hace así como si la relación de referencia entre la palabra y el mundo estuviera completamente incólume, entonces creo que nos estamos mintiendo algo a nosotros mismos. Las poesías –como idioma en otro plano que el habla cotidiana– tienen que reflexionar y tematizar este problema. Las poesías que hacen hoy como si existiera un lazo entre las palabras y el mundo, igual que en el paraíso en el protolenguaje adanita, eso es algo que no entiendo. Esta cuestión no es en realidad un indicio de modernidad o algo por el estilo, los presocráticos yo lo habían pensado, no se trata de un nuevo invento.
Este problema fue en verdad el estímulo inicial: ¿cómo se comporta uno con él, cuando la ingenuidad ha desaparecido, y las palabras no se usan para remitirnos a supuestas apariencias del mundo exterior? ¿Qué es lo que queda entonces fuera de las palabras? Manejarse con este hecho es el ensayo de esos tres volúmenes de Lenguajes técnicos, eso es lo que pienso.
Y luego me pareció que yo había llegado a un punto en el que los procedimientos quizás no me parecían que estuviesen agotados, pero a mí mismo se me hacía aburrido el escribir. Volver a practicar lo mismo una y otra vez, volver a tener siempre mala conciencia si no se ha hecho pasar todo otra vez por el mismo molino, y siempre volver a tener que insertar el meta-plano y el meta-metaplano.
En holzrauch über heslach, eso fue lo que pensé, se podría eliminar todo el problema de un modo completamente elegante a través de una fuerte ficcionalización. Si hiciera así como si estuviese contando acerca de mi juventud y de un barrio de la ciudad, y no es cierto nada de aquello que contándolo parece auténtico, o sólo una mínima parte es cierta, o quizás también sea cierto pero lo sea de una manera distinta, entonces –eso fue lo que pensé– se resuelve todo por sí mismo de una manera satisfactoria. Porque nadie va a suponer entonces en serio que estoy remitiéndome con eso que cuento a alguna cosa real. Lo que dejé de ver, por completo, es que, naturalmente, cualquier forma de literatura ficcional trabaja en realidad de esa manera, que eso no es la solución del problema.

En tus primeros tres libros tomas la expresión por medio de fórmulas y la inaccesibilidad del lenguaje técnico como punto de partida para un lenguaje poético que defiende su autonomía muy radicalmente. En Traktat vom Widergang [Tratado del contrapaso (2005)], haces una seudotraducción de fragmentos del Farcino de Juan Filloy, una colección de palindromos en español, y lo que resulta de eso son textos propios. ¿El diálogo con otros idiomas es algo que le proporciona impulsos a tu escritura?

Yo creo más bien que se trata de que a mí –como lector– me interesa todo lo que no entiendo. Es por eso que me interesan los auténticos lenguajes técnicos. Leer realmente páginas enteras y no entender una palabra. Aun cuando de algún modo conozca todas las palabras, no podría decir de qué va en el texto. Es algo que me parece muy, muy grandioso. Y así fue con el español de Juan Filloy. Yo tenía más o menos una idea, por mis clases de latín y por el italiano y esas cosas, de qué se trataba en su libro, pero muy vagamente. Y seguro que lo que entendí en él era algo completamente distinto de lo que él había querido decir. Pero había ciertas metamorfosis. La primera versión probablemente andaba mucho más cerca del sentido del original. Después, sencillamente, se presentan motivos rítmicos que desquician por entero el conjunto. En el segundo libro de Lenguajes técnicos hay también nueve poemas, uno en danés, otro en sueco... Creo que se trata más del no entender que del trabajo con el lenguaje técnico. Es un camino para enajenar el idioma.

Y eso también lo consigues con la traducción. ¿Cómo se te ocurrió traducir al alemán Winning His Way de Gertrude Stein en el 2005?

Cuando cerraron la biblioteca de la American House en Berlín, regalaron muchísimos libros a la biblioteca donada por los Estados Unidos. Poco después de que estuvieran allá, tomé uno prestado y fue ese libro de las obras completas de Gertrude Stein. Yo creía que conocía todo lo que había escrito, pero jamás había oído hablar de ese poema. Y sólo existía esa edición hecha en Estados Unidos, nunca más se reeditó. Y me pregunté que qué me había caído en las manos. Y lo lei y me pareció magnífico. Esto tengo que hacerlo, me dije, porque si no seguro que no lo hace nadie.

Ulf Stolterfoht,
poeta, nacido en 1963 en Stuttgart, vive en Berlín. Estudió Filología Alemana y Letras en Tubinga y en Bochum. Entre otros ha sido galardonado con los premios Christine Lavant (2001) y Anna-Seghers (2005). En el 2007 fue becario de la Villa Massimo en Roma. Libros publicados: fachsprachen I-IX (1998), fachsprachen X-XVIII (2002), fachsprachen XIX-XXVII (2004), traktat vom widergang (2005), Gertrude Stein: Winning His Way / wie man seine art gewinnt (2005), holzrauch über heslach (2007).
Entrevista: Simone Homem de Mello

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