Vila virtual Cuerpo-territorio

Los curadores y artistas de Río de Janeiro realizan una serie de talleres con los habitantes de Vila Autódromo. Es una apuesta por la creación colectiva que busca problematizar las memorias y deseos de los participantes. Aquí, algunas consideraciones acerca del primer taller titulado ‘Vila virtual’.

Vila virtual Foto: © Igor Vidor

Eran las 12:30 p.m. cuando llegamos al primer taller del proyecto Cielo abierto en Vila Autódromo. Penha aguardaba para terminar el arroz con pollo con el cual en breve nos deleitaríamos. Nos unimos a los residentes en la preparación del evento. Sillas y mesas de don Augusto, platos y cubiertos de Penha y Luiz. Todo fue llevado hasta la iglesia que rápidamente se transformó en salón comunal.

La alimentación es la precondición para una existencia colectiva y trae consigo el sentido del compartir más primitivo. La construcción de un algo común a todos, aun en los contextos más estrictos, es siempre una utopía, y también una experiencia sensible compartida que puede y es contributiva, no para una identificación de lo común, sino para un camino único, repleto de percepciones múltiples, y en este sentido, proponíamos el taller ‘Vila virtual’.

Su diseño tuvo como piedra fundamental la voluntad de reunión y de comprensión del territorio-comunidad, concepto que integra el discurso fundador del Museo de las Remociones (Museu das Remoҁões). Si el proyecto Cielo abierto tiene como pregunta fundamental de qué manera el arte se posiciona en relación con las luchas sociales y con los derechos humanos, era necesario la creación de vías de acción a partir de una situación inmersiva colectiva. Ranciére, al buscar entender la actuación del arte en relación con los contextos sociales, define que el arte “es política antes que nada por la forma como configura un sensorium espacio-temporal que determina maneras del estar junto o separado, fuera o dentro, semblante o en medio de”[1]. El taller acontecía mezclando recorte y proyección dentro de un presente de la Vila que aparece como estado pasado-futuro, o sea, vive simultáneamente el pasado reciente de lucha contra las remociones y la lucha actual por el futuro anhelado y anhelante de la Vila.

Las actividades propuestas sucedían como abertura, un campo provisorio para el cuerpo dentro de un espacio impuesto y regulado. Después del almuerzo, seguimos a la orilla de la laguna que antes rodeaba toda la Vila. La franja de asfalto, creada durante la urbanización olímpica, hoy es un desierto continental: separa la calle que configura la Vila de su origen pesquero. Para allá migramos. Los ejercicios corporales iniciaron buscando primero indisciplinar los cuerpos. Quedó inmediatamente evidente cómo nos movemos de acuerdo con una mecánica-cultural. La retoma allí no era solo la retoma del territorio, sino la del propio cuerpo. Se reconectaban brazos y piernas a la fuerza motriz del sentimiento no verbal. La conducción del proceso por parte del Estúdio Guanabara y Terceira Margem levantaba otro sistema de comunicación.

En el ejercicio siguiente fuimos convocados a encontrar un ritmo común entre el caminar de todos. En este punto, las variadas velocidades de cada cuerpo volvieron su atención para las singularidades que la cruzaban. Redefiníamos así una velocidad conjunta a partir de la reacción a la peculiaridad de todas las personas implicadas.

De este no condicionamiento enfático del cuerpo nos acostamos, unos en el prado que queda, otros en la amplia aspereza del asfalto. Fuimos invitados a cerrar los ojos. Ver no siempre es un ejercicio visual. La meditación sugerida trajo la calma cuando descansaron sobre los cuerpos pequeñas bolsas de agua fresca, tributarios de la investigación de Objetos Relacionais de Lygia Clark. La lucha de Vila Autódromo está repleta de capas y matices. En medio de la violencia más brutal, por ejemplo, aparecen formas de contraataque imbuidas de alguna docilidad. Son estrategias de lucha a través de la empatía. Tal vez, en contra de eso, la monstruosidad en que se transformó la asociación público-privada no esté instrumentalizada. Volviendo a las bolsas de agua, son de similar ambigüedad o contrapunto de lo que aparentan. El frescor y el desarraigo, el cuidado y el resentimiento, estaban allí accionados. Después de la transmutación de estas materias sensibles cada uno puede romper su bolsa y devolver a la tierra lo que a ella pertenece.

Retornamos a la iglesia y dimos inicio a la actividad final, de los diseños-deseos, diseños-proyecciones, diseños-ausencias, diseños-cobranzas y diseños-metafísicos. Allí en las mesas prestadas por don Augusto, a través del lenguaje gráfico, abstracto o figurativo, surgieron impresiones, traumas y reivindicaciones para formar por fin la ‘Vila Virtual’.

[1] RANCIÈRE, Jacques. A Política da Arte. p.1.