Artículo Instalación en el parque infantil del San Borja

Sonidos de Uruguay, Brasil y Chile forman parte de esta instalación realizada por lo artistas y curadores de “El futuro de la memoria” en el laboratorio “Territorios desplazados”. 

Parque 2 Fotos: © Sabina Harari El parque San Borja de Santiago de Chile plantea en su cartografía un entramado de memorias y símbolos de distintos momentos de la historia de la sociedad chilena. Este parque se construye en el emplazamiento original del primer hospital público de mujeres y niños, del cual sobrevive como único testimonio la capilla en manos de los Carabineros de Chile a partir de 1975.

La instalación sonora generada en el parque infantil del San Borja busca ocupar este espacio uniendo memorias a través de sonidos. Dialoga con sus instalaciones y usuarios, no solo al sacar partido de los efectos posibles a nivel sonoro, como puede ser el colocar un parlante en un tubo de los juegos infantiles que amplifica el sonido y genera una atmósfera particular, sino también al crear una nueva narración y espacio escénico.  

Cada secuencia sonora se arma como un rompecabezas libre de forma, donde las piezas pueden colocarse en distinto orden, cortarse y volverse a armar. La única premisa son las piezas con las que se cuenta, las cuales nos traen sonidos de otras ciudades, otras memorias e historias que dialogan con las inscritas en el parque: una voz de una niña de siete años que canta un fragmento de una canción escrita por ella y cinco compañeros de la escuela en el Rincón de Los Francos, Treinta y Tres Uruguay, una pequeña localidad rural de este despoblado país; sonidos realizados con sus compañeros usando como instrumento improvisado el comedero de ovejas de la escuela; el sonido de la demolición de una casa en Vila Autódromo, Río de Janeiro, testimonio de la práctica de remociones llevadas a cabo para la creación de la Villa Olímpica, la cual eliminó literalmente del mapa la comunidad mencionada anteriormente y dio paso a una historia de resistencia; sonido de los helicópteros en el barrio denominado “Cracolandia” en São Paulo al momento de una redada policial, barrio que lucha por el reconocimiento de su cultura y en contra de la gentrificación; la voz de un niño que relata la historia del hospital, la voz de un bebé chileno.

Todos estos sonidos como piezas de un rompecabezas improvisado fueron los que distintos artistas tuvieron en sus manos para crear su propia secuencia sonora y transmitir una nueva narración e interpretación de estas memorias de los territorios desplazados. Así se generó una estratigrafía de historias particulares que se cruzan y que en esencia son la misma: historias de resistencia, de no olvido.

Estas secuencias dialogan entre sí, con los juegos infantiles, con quienes se acercan al parque y deben acomodar su cuerpo al tamaño de los juegos para poder escuchar la “cacofonía” resultante.

Así, el sonido de los helicópteros de São Paulo nos transporta a los sonidos de la represión estudiantil o de la represión durante la dictadura que se dio en este parque. La niña que canta, bien puede representar lo que siente un extranjero en tierra ajena o a quien sacan de su tierra en contra de su voluntad. También es una niña que juega en el parque y como niña es esperanza, es el futuro de la memoria: “Cerca pero tan lejos mi tierra hermosa (…) Desde mi rincón yo quiero ser tantas cosas (…) Yo sé que es posible, puedo soñar”. Así mismo se asocia con la lucha de los vecinos para que este parque permanezca más allá de los intereses del mercado inmobiliario. Los sonidos de las remociones de Río son también los de la destrucción de un hospital público de mujeres y niños en tiempos de dictadura. Los helicópteros y balazos de “Cracolandia” nos remiten a todo acto represivo sobre la sociedad civil.

Los sonidos de hoy de estas memorias que se están creando y buscan resistir son los sonidos del ayer de la historia particular del parque San Borja: generan un entramado de sonidos y memorias que se resignifican, que se anuncian para mantenerse erguidas.

*Los participantes de “El futuro de la memoria” que participaron en esta instalación fueron: Julio Cabrio y Sabina Harari (Uruguay); Igor Vidor (Brasil) y Mauricio Barría (Chile).