Proximidad en la Diáspora
“Las vidas de nuestros ancestros precedieron a esa perturbación”

Foto: Nestor Barbitta

La conexión entre los pueblos negros de las Américas ayuda a recomponer la memoria colectiva, especialmente respecto a la experiencia afro-latino-caribeña. Tres mujeres con recorridos que pasan por Jamaica, Barbados, Brasil y Colombia discuten cuán próximas son sus historias, culturas y luchas.

De Luciane Ramos Silva

En medio de las grietas sociopolíticas y las duras incertidumbres causadas por la pandemia que atraviesa el mundo, el discurso de las mujeres negras enfatiza la necesidad de construir nuevos futuros. Sus acciones y saberes preservan valores civilizatorios seculares marcados por la multiplicidad histórica y cultural, por nociones de bien vivir y fortalecimiento mutuo y por la consciencia de los engranajes coloniales del pasado y del presente. Conversamos com Yanique Hume, académica del campo de los estudios culturales, coreógrafa y sacerdotisa nacida en Jamaica/Barbados; Danielle Almeida, cantora, investigadora y artivista paulista; y Paola Palacios, afro-feminista migrante, nacida en Colombia y miembro del Kilombo Negrocentricxs. Sus ideas fundamentan modos de ser, proyectan formas de re-existir en los diversos contextos racializados de las Américas y apuestan a colaboraciones trasnacionales fructíferas.

¿Cuáles son los mayores desafíos paras las mujeres negras en los contextos latinoamericanos?

Paola Palacios: Los mayores desafíos están vinculados a la configuración del racismo estructural que impregna y precariza nuestra existencia en todas las esferas, la familiar, la económica, la social, la política o la religiosa. Cinco siglos después de que nuestros ancestros fueran secuestrados en África y traídos aquí en condiciones subhumanas, seguimos siendo relegados a espacios invisibles o, con mucha suerte, a espacios del fondo donde se silencian nuestras voces, se hace desaparecer a nuestras luchas y se fetichizan nuestros cuerpos. Nuestras culturas son comercializadas sin escrúpulos, sacadas de contextos. Nuestra espiritualidad, nuestros ritmos, comidas, formas de expresión, danzas, si es que no fueron usurpados, se consideran embrutecidos, poco adecuados para la “sociedad moderna”. Lo que no viene del Norte Global no tiene valor, no es necesario. Por todo eso, históricamente y hasta hoy luchamos para afirmar nuestra dignidad, para recuperar lo que fue perdido, porque cuando entendemos la grandeza de pertenecer a una cultura infinitamente sabia y diversa, nuestro poder regresa reencarnado en cada una de las mujeres negras de América Latina.

¿Puede hablarnos un poco de las epistemologías afro-atlánticas que inspiran su trabajo?

Yanique Hume: Las epistemologías sagradas afro-atlánticas a las que me refiero son aquellas enseñanzas transmitidas oralmente, que nos ayudaron y siguen orientándonos en la estructuración de nuestra existencia en la relación con lo divino, entre nosotros y con el medio natural que anima nuestros espacios de existencia. Estas enseñanzas se nutrieron a lo largo de los siglos y se basan en la acción colectiva/comunitaria, en el compromiso y la reciprocidad. Al hablar de la noción de reciprocidad, hablo específicamente de la necesidad de tener siempre consciencia de que estamos en una danza de dar y recibir. La acción colectiva/comunitaria es lo que nos recuerda que nuestra fuerza viene del reconocimiento de que no debemos actuar solos. Nuestro poder sagrado y nuestra presencia como comunidad que trabaja en conjunto para el cambio correcto o para compartir y expandir el conocimiento forman parte del esquema mayor de construir el individuo desde dentro hacia fuera y desde fuera hacia dentro.

¿Puede abordar la noción de solidaridad sin fronteras?

Danielle Almeida: La propuesta de una solidaridad sin fronteras viene de la esperanza de un movimiento efectivo en favor de la vida y la dignidad, especialmente la vida y la dignidad de personas racializadas como negras, indígenas, gitanas. Para estos grupos, la demarcación geopolítica se materializa en tortura y muerte (pensemos en la frontera terrestre de México y Estados Unidos y la frontera marítima que separa el norte de África del Mediterráneo). A pesar de todo, creo en la más pura radicalidad de la palabra solidaridad, abogo por la vida de todes y no pierdo la esperanza en el alzamiento y la unión de los condenados, rumbo al derrocamiento de las hegemonías y los sistemas de muerte.

¿Qué rasgos comunes podemos reconocer en las experiencias de resistencia y afirmación, alimentadas por interrogantes contemporáneos, de las poblaciones negras de las Américas?

Yanique Hume: Reconocer que nuestra grandeza es indiscutible y esencial. Y la recuperación de nuestras múltiples historias que nos muestran que nuestras vidas no comenzaron en la plantación ni en un espacio de la Diáspora. Las vidas de nuestros ancestros precedieron a esa perturbación histórica. Los libros de historia suelen comenzar nuestra historia de este lado del Atlántico, pero ya existíamos mucho antes. No me refiero sólo a nuestra realeza, al hecho de que éramos reyes y reinas y no meras personas esclavizadas. Me refiero también a que éramos cientistas y artistas, especialistas en rituales y músicos, bailarines y herreros, profesores y granjeros, parteras y constructores, pescadores y escultores. Fuimos y somos todas esas cosas y mucho más.
 

Yanique Hume​​, Danielle Almeida, Paola Palacios (de izquierda a derecha) | Fotos: Archivo privado
¿Qué importancia tiene la conexión latinoamericana con sus negritudes para la lucha antirracista?

Danielle Almeida: Como consecuencia del proceso colonial/esclavista, la Diáspora sembró Áfricas en todo el mundo, especialmente en el inmenso territorio de Abya Yala (América). El complejo cultural de los pueblos africanos llegó y, en el encuentro con pueblos originarios y europeos, se transformó. Nuevos cosmos de sentidos florecieron en la Diáspora a partir de un profundo sentimiento de nostalgia y pertenencia. La conexión de los pueblos negros de Abya Yala nos ayuda a recomponer la memoria colectiva. Considero que nosotros, los afro-latino-caribeños, somos una gran familia con especifidades y desafíos propios, entre ellos la lucha contra el racismo. Igual que en una familia, la unión nos da más posibilidades de resolución de problemas. Los centros grandes, como Brasil, tienen mucho para aportar a los centros menores, como Paraguay y Bolivia. Por ejemplo, el Brasil Negro, a lo largo de sus luchas, desarrolló tecnologías que pueden y deben ser compartidas para ayudar al desarrollo de otras comunidades, de la misma forma que los núcleos menores conservan tradiciones que nos ayudan a recomponer nuestra autoestima individual y colectiva. Creo que la lucha antirracista debe pasar por la reorganización y por el reencuentro de nuestra familia.

¿Qué impresiones tiene sobre el movimiento de mujeres negras de Brasil?

Paola Palacios: El movimiento de las mujeres negras de Brasil es un faro para el resto de América Latina. Tenemos mucho más en común con el movimiento feminista brasilero que con el de los Estados Unidos aunque, paradójicamente, en nuestras conversaciones haya muchos autores traducidos del inglés y pocos o ninguno traducido del portugués (debido a la colonización proveniente del Norte Global en todas las áreas, incluso en la de los oprimidos). Por eso considero de vital importancia la construcción de puentes antirracistas bien cimentados y duraderos entre Brasil y el resto de América Latina. Un ejemplo claro es el movimiento reciente de mujeres negras en el cono sur del continente, que es reciente, y contrasta con décadas de avance en el mismo tema en Brasil. Aclaro que, si bien veo la enorme dimensión de las luchas de mujeres brasileras, no ignoro la experiencia compleja que representa para el país la extrema derecha, con el resurgimiento del fundamentalismo y del fascismo absoluto.

¿Qué horizontes se vuelven posibles a partir de las articulaciones de las mujeres en las Américas?

Danielle Almeida: En los diferentes territorios de este continente vemos el protagonismo de las mujeres al frente de la organización de movimientos y acciones sociales. Los procesos más audaces, exitosos y desafiantes están siendo impulsados por mujeres que, con fuerza y coraje, ponen diariamente, incluso en tiempos de Covid-19, sus cuerpos y sus voces en el mundo. Las energías son muchas y la articulación de redes es fundamental para sostener y fortalecer esos movimientos. Queda mucho por construir pero también hay que celebrar las conquistas obtenidas. Siento y sé que la revolución ya comenzó gracias a las mujeres, y que será antirracista o no será.

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