El espacio público en el siglo XXI Más sitio para todos

Stadtpsychologin Cornelia Ehmayer bei der Tagung „Mehr Platz für Alle!“ im Februar 2014 in Tutzing.
Stadtpsychologin Cornelia Ehmayer bei der Tagung „Mehr Platz für Alle!“ im Februar 2014 in Tutzing. | Foto (Ausschnitt): © Karo Knote

Las metrópolis como Múnich tienen un problema: como la población crece, los planificadores urbanísticos buscan desesperadamente nuevos espacios para viviendas – incluso a costa de las zonas verdes y parques. Pero hay una resistencia popular activa que se opone. ¿Qué importancia tiene el espacio público en el siglo XXI?

Ordenadas geométricamente y separadas funcionalmente: así imaginaba el arquitecto estrella Le Corbusier la ciudad ideal en la primera mitad del siglo XX. Su visión urbana de líneas y ángulos rectos se subdivide en zonas de vivienda, trabajo y ocio. Todo ello surcado de una densa red de calles asfaltadas donde circulan los coches.

En su ciudad-probeta planificada matemáticamente, Le Corbusier no dejaba nada al azar. Debía funcionar de modo tan fiable como una máquina. Pero precisamente ése es el problema, opina el arquitecto hamburgués Jörn Gertenbach: “Le Corbusier había olvidado que en su ciudad también viven personas.” Según Gertenbach, una ciudad no surge del tablero de un urbanista omnisciente, más bien es el resultado de un proceso colectivo y dinámico: “Los usuarios son los productores de la ciudad del mañana.”

De una ciudad pensada para los automóviles a una ciudad para las personas

Diseñar juntos la ciudad del futuro – precisamente ése era el tema de las jornadas “¡Más sitio para todos!” en la Academia Evangélica de la ciudad bávara de Tutzing. A principios de febrero de 2014 se reunieron allí 120 participantes para analizar de qué modo podría utilizarse de manera creativa el espacio público de una metrópoli como Múnich. Su meta era apartarse de un modelo de ciudad pensada para los automóviles y aproximarse a un modelo de ciudad para las personas. En lugar de “cacharros motorizados” y “aparcamientos”, Benjamin David, co-organizador de las jornadas, sueña con un espacio público de “residencia de calidad, comunicación y encuentro”.p>

En el pasado, los espacios públicos “han estado fuertemente regulados” por prohibiciones, afirma la psicóloga urbana austriaca Cornelia Ehmayer. Y asegura que establecer una relación con su entorno es una necesidad básica de las personas. Porque crea identificación. “Apropiación” es como llama Ehmayer a este proceso, que requiere que “los ciudadanos tengan voz en las reuniones y participen en la toma de decisiones y en la configuración de su ciudad.” Por ejemplo, el urban gardening: si entre los muros de los edificios y los adoquines de repente surgen huertos comunitarios donde los urbanitas plantan frutas y verduras, esto no es sólo la expresión de una nueva cultura del hazlo-tú-mismo. “Así también se genera una sensación íntima de pertenencia a un lugar”, dice Ehmayer: “Mirad, ese tomate de ahí lo he plantado yo.”

Más participación: el ejemplo del Canal del Danubio

Para que la transición de la utilización pasiva de la ciudad a su diseño activo tenga éxito, la palabra clave es ‘participación’. En cooperación con el Ayuntamiento de Viena, Ehmayer empezó a desarrollar en 2007 un concepto para la remodelación de las orillas del Canal del Danubio como un lugar para el ocio, de 17 kilómetros de largo, que atraviesa la ciudad. Para ello, realizó encuestas entre los vieneses y vienesas acerca de sus necesidades y deseos. Determinante fue saber que a muchos les molestaba la creciente comercialización del espacio público. Según Ehmayer, “Las zonas libres de la presión del consumismo, que se pueden utilizar gratuitamente, son muy importantes para las personas.” Otra estrategia fue la introducción de las llamadas fairness zone. Dado que entre ciclistas y peatones con frecuencia hay conflictos, se pretendía sensibilizar a los distintos colectivos de usuarios de la vía pública con encuentros y campañas para una mejor convivencia.

En opinión de la investigadora urbanística Juliane Pegels, cada vez más agentes participan en la configuración de los espacios públicos: la administración pública, inversores, asociaciones. El mejor ejemplo de tal coproducción es el High Line Park en Nueva York. En el transcurso de estos últimos años, una antigua vía de tren metropolitano elevado, propiedad del Ayuntamiento, se ha ido transformando en una inmensa zona verde: a lo largo de 1,6 kilómetros se ha creado un paraíso sobre zancos en pleno Manhattan. El proyecto ha surgido a raíz de una iniciativa ciudadana, que sigue gestionando este parque público hasta la fecha.

Metrópolis crecientes, regiones menguantes

“Hay que intentar implicar a los ciudadanos apelando a su sentido de la responsabilidad”, afirma Pegels. Todo un reto, sobre todo en los pequeños municipios de Alemania. Mientras el número de habitantes aumenta sin cesar en ciudades como Munich, Berlín o Hamburgo, y con el crecimiento se intensifica la competencia por el espacio público, actualmente la población está disminuyendo en el 85 por ciento de las regiones de Alemania. Las consecuencias son: problemas económicos, edificios desocupados, pueblos desiertos. El espacio vacío así generado no debería “permanecer improductivo y deteriorándose, más bien debería utilizarse implicando a los ciudadanos”, opina esta investigadora urbanística.

Comprender el espacio público como “espacio de creación” era el punto esencial para los participantes en las Jornadas de Tutzing. Como conclusión, publicaron la “Declaración de Tutzing”, un catálogo de ideas para hacer más atractivo a los residentes el espacio público en Munich. En esta declaración, proponen reducir el número de calles y cruces, sustituyéndolos por plazas y zonas de descanso. Y evitar que los árboles y zonas verdes sigan siendo desplazados por las nuevas construcciones de viviendas de lujo para crear, en su lugar, espacio de vivienda asequible. Fieles a su lema: ¡Más sitio para todos!