Alemán para refugiados menores de edad “Hay que formar al profesorado para impartir alemán como segunda lengua”

Schüler unterschiedlicher sprachlicher und kultureller Herkunft;
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A partir de los tres meses de estancia en Alemania, los niños refugiados están sujetos a escolarización obligatoria. Pero primero, en cualquier caso, tienen que aprender alemán. La situación plantea grandes retos a centros educativos y profesores, según Josef Kraus, Presidente de la Asociación Alemana del Profesorado.

Señor Kraus, ¿cuál es el número de niños refugiados que será necesario integrar en 2015 en el sistema educativo alemán?

No se dispone de cifras fiables, solamente podemos hacer estimaciones: suponiendo que en 2015 llegue a Alemania un total de 800.000 refugiados, entonces doy por hecho que que entre ellos habrá en cualquier caso de 100.000 a 120.000 niños en edad escolar.

¿Qué normativas siguen los centros escolares en este momento para la clase de alemán de estos niños?

Esencialmente, no podemos hablar de ninguna normativa razonable aplicada en toda Alemania. El mayor problema es que falta profesorado de alemán como segunda lengua. Por ello, solo unos pocos centros están en condiciones de ofrecer clases para mejorar el alemán. Hay algunos centros, sin embargo, y suelen ser los de alumnado multiétnico, que desde hace cierto tiempo tienen ya cursos para mejorar el idioma. En Baviera están los denominados “cursos escolares de transición” en centros de primaria y secundaria. En ellos da clase profesorado que ha estudiado para impartir alemán como segunda lengua. Los niños hacen un aprendizaje intensivo del idioma, con el fin poder incorporarse a un curso escolar normal tras un año académico. En todo caso, de momento existen solamente 375 de estos grupos, así que no los hay en todos los centros ni mucho menos.

En los centros de formación profesional, la situación es mejor en toda Alemania. Tienen más grupos de enseñanza del idioma, porque muchos de los refugiados jóvenes están entre los 17 y los 18 años de edad y viven en Alemania sin padres. Necesitan que se haga algo para ellos rápidamente. En Baviera hacen un aprendizaje intensivo de alemán durante todo un año, y a continuación pasan a un grupo de orientación laboral. Pero el problema está en que tampoco aquí hay de momento nuevo profesorado para los grupos que están aprendiendo idioma.

¿Cómo se las arreglan entonces estos centros para mejorar el alemán de los alumnos?

Si hay grupos nuevos de alumnos, es necesario fusionar otros o reducir las horas de clase normales. Es la única manera de que, por ejemplo, en los centros de formación profesional queden profesores con horas disponibles. Con frecuencia se encargan de las clases también profesores jubilados, a veces como voluntarios, que hayan hecho una formación adicional para impartir alemán como segunda lengua. Muchos centros de primaria y secundaria dependen de que se ofrezcan cursos intensivos para los niños en determinados centros escolares de apoyo y universidades populares. Según se ha comprobado, es conveniente que los alumnos pasen primero algunos meses fuera del centro escolar haciendo un aprendizaje intensivo. Al fin y al cabo, es una pérdida de tiempo enviar a niños de ocho o nueve años a un grupo escolar de primaria cuando el centro no ofrece ninguna clase complementaria para mejorar el idioma. E, incluso aunque las haya, no suele tratarse más que de entre tres a cinco horas a la semana. Demasiado poco sin duda.

Las asociaciones del profesorado llevan casi un año ya exigiendo más plazas de docentes. ¿Qué se ha hecho al respecto?

No mucho. Crear miles de plazas docentes nuevas no es algo que pueda conseguirse ya de un día para otro. En último término, aquí se trata de cuestiones presupuestarias, pero los planes presupuestarios de los estados federados alemanes suelen estar pensados para dos años, o solo uno en el mejor de los casos. Mediante presupuestos suplementarios, los estados podrían responder a la situación si quisieran, por ejemplo poniendo disponibles recursos económicos para contratar por tiempo limitado profesoras y profesores. Que los estados no quieran crear ya mismo plazas permanentes con las que tendrían que cargar cuarenta años o más, es algo que veo totalmente comprensible. Pero si hubiera recursos para contratar personal se podría, por ejemplo, recurrir eficazmente a algunos de tantos profesores de alemán que están buscando trabajo.

¿Qué ayuda se puede prestar aquí desde el ámbito político?

Lo que yo exigiría del ámbito político es que se dé a estos profesores formación para impartir alemán como segunda lengua, con lo cual a continuación se los podría contratar para dar clase al menos durante dos años a grupos escolares de refugiados. Después se les daría la posibilidad de volver a presentarse para aspirar a una plaza fija. De momento, en cualquier caso, lo único que hacen centros escolares, estados federados y gobierno federal es discutir sobre qué debe pagar cada uno. Las entidades municipales están completamente sobrecargadas; el gobierno federal tiene que facilitar más recursos económicos para cursos de alemán. Pero en el ámbito federal no he visto todavía ninguna iniciativa.

Pero en algunos estados federados se ha contratado profesorado nuevo para enseñar alemán durante el año escolar 2015/2016. En Renania del Norte-Westfalia hay 300 plazas nuevas, en Sajonia-Anhalt casi 100 y en Baden-Württemberg 365.

Sí, puede ser. Pero con eso no basta, ni mucho menos. Dando por hecho la cifra de 120.000 niños refugiados con escolaridad obligatoria, eso significará unos 6.000 grupos escolares más. Lo cual, a su vez, implica para Alemania entera unas necesidades de 10.000 docentes. Los políticos no son aún conscientes del orden de magnitud del que se habla aquí.

¿Qué apoyo reciben de momento los centros escolares?

Existen modalidades de cooperación en las que oficinas administrativas de extranjeros y de la juventud, la Beneficiencia Obrera alemana, sindicatos, iniciativas educativas eclesiásticas o los rotarios y el Lions Club aúnan sus esfuerzos sin burocracia y logran reunir dinero. Y, entre otras cosas, ofrecen también cursos de alemán. Cuando no, hay profesores jubilados que se encargan de dar horas de alemán con contratos de duración limitada o, también, totalmente gratis. Pero con eso no se cubren las necesidades.

¿A qué retos se enfrenta el profesorado que se encargue de impartir cursos para mejorar el idioma?

Además del reto profesional específico de dar clase de alemán como segunda lengua, está la circunstancia de que en clase tendrán sentados a alumnas y alumnos de diversa procedencia lingüística y cultural. Eso puede conllevar conflictos, en los que los profesores no tienen más remedio que intervenir como mediadores. Pero en ese caso tienen que estar familiarizados con las etnias, costumbres y religiones del alumnado. A ello se añade que los niños tienen diferente formación previa: los hay analfabetos, y los hay con nivel educativo alto. Y, además, las clases suelen tener muchos alumnos, y algunos están traumatizados por la huida que han vivido. No es un asunto sencillo.

¿Cómo se puede facilitar las cosas y ayudar al profesorado?

Como ya dije, lo primero que necesitan es formación para impartir alemán como segunda lengua. Además, tienen que tener formación en cuestiones multiétnicas. Por otra parte, yo recomendaría organizar regularmente mesas redondas, en las que se sienten juntos profesores, representantes de instancias oficiales y trabajadores de organizaciones humanitarias para hablar sobre su experiencia en los cursos, sobre problemas y posibilidades de mejora y sobre situaciones económicas y personales difíciles. Y, por otra parte, estoy a favor de que los profesores puedan contar con la ayuda de intérpretes, no siempre, pero sí cuando haga falta. Durante los primeros meses por lo menos.
 

Josef Kraus, nacido en 1949, dirigió hasta julio de 2015 un instituto de bachillerato en Baviera. Desde 1987 preside la Asociación Alemana del Profesorado, organización de asociaciones que representa a unas 160.000 personas dedicadas a la docencia.