Poetry Slam El público es el que manda

Pablo Cortina, ganador de la edición. | © Paula Díaz
Pablo Cortina, ganador de la edición. | © Paula Díaz | Photo: © Paula Díaz

¿Poesía escénica? ¿Performance? ¿Spoken Word? El Poetry Slam es una competición en la que 12 poetas compiten por cautivar con la palabra a un público diverso e imprevisible que puntúa sus actuaciones en unas pizarras.

Miércoles 4 de marzo de 2015. El Intruso Bar de Madrid se ha transformado en una iglesia de la poesía y la ceremonia está a punto de comenzar. El pastor Luis Lambas cruza el tumulto, sube al escenario de neón y se para frente al micro. Los aforismos que comparte solo los entiende él. Los 12 poetas aguardan en la sombra puestos de potencialidad. Cuando todo esté dispuesto, cada uno contará con tres minutos para cautivar a un público que aguarda como una congregación de fieles. ¿Fieles? No. A continuación se repartirán cinco pizarras donde juzgarán y decidirán el desenlace de este ritual particular de lo imprevisible. Esto no es un recital cualquiera, aquí el público es el que manda.

Un público diverso

El Poetry Slam probablemente sea el evento poético en Madrid que atraiga a un público más diverso. De hecho mucha de la gente que acude es virgen en esto de escuchar poesía. En esta edición de marzo a Javier, un hombre de mediana edad, le ha tocado puntuar en una de las pizarras. “Al principio, por la responsabilidad, estaba tan nervioso que me costaba escuchar. Después he comprendido que se valora la espontaneidad, que el sistema permite que una persona como yo, que viene por primera vez, pueda participar y que vote por instinto o por lo que le parezca bien. Entonces me he relajado”.
 
“Llevamos viniendo un montón de tiempo”, admite Celia, una joven asidua a las jams poéticas en general. “Es diferente a otras jams de poesía porque el publico participa y puntúa. Es más espectáculo que una jam normal. Las puntuaciones son totalmente subjetivas pero en eso consiste también. La gracia es que se pueda dar un 10 y un 3 en el mismo poeta”.

Un público protagonista

El público del Slam no es pasivo como en otros recitales sino que es más bien un protagonista en segundo plano que asiste al espectáculo de los slammers o poetas, secundarios en primer plano. A Jesús, otro primerizo, también le ha caído la responsabilidad o el privilegio de puntuar. “Hoy me ha tocado a mí ser jurado, que yo no tengo ni idea, pero bueno, lo he hecho con toda mi voluntad. Ha estado divertido”, confiesa.
 
Ese es el trance crucial por el que pasan todos los poetas, el veredicto inapelable e imprevisible de las pizarras. Para salir airoso, el slammer debe esforzarse por comunicar y no solo apoyarse en su texto. “El público del Poetry Slam no suele estar avezado a la poesía, no suele acudir a lecturas en librerías, por lo que tiene una personalidad muy concreta. Necesitan que haya carne, que encares bien lo que haces, que defiendas tu texto de una manera oral, prosódica, bien elaborada”, afirma David Trashumante, el poeta invitado de esta edición. “Yo considero que es un público exigente, o hay verdad en lo que muestras o enseguida desconectan”.
 


En esta ocasión el público ha sido muy generoso. Los tres finalistas han accedido a la segunda ronda con un 27 sobre 30. Ahí se ha impuesto Pablo Cortina. Sin embargo, la valoración del público, como decía Celia, es imprevisible. De hecho en la edición de diciembre a un participante le pusieron un 1 sobre 10 en una de las pizarras. ¿Injusto? Para ellos sería justo.
 
“¿Sabes lo que he hecho yo?”, confiesa Jesús. “Al primero le he puesto un 6, porque me parecía un poco crudo alzar la primera pizarra con un 5, y luego le he usado de referencia, porque esto, como todo, es relativo. Así si los siguientes me gustaban más puntuaba por encima y si me gustaban menos pues por abajo. Creo que era la única manera de ser justo”.

Una iniciativa con mucha historia

El Poetry Slam nació en Chicago hace más de 30 años bajo la premisa de devolver la poesía un poco más a la gente. En Europa aterrizó pronto en Alemania donde ya cuenta con un recorrido de más de 20 años. De hecho fue el Instituto Goethe quien lo trajo a España y quien se encargó de organizarlo durante un año y medio hasta que en 2010 lo cedió a la Asociación Cultural Poetry Slam Madrid. Ahora se celebran slams en más de una decena de ciudades españolas y una vez al año los campeones de cada sede compiten por el título nacional que otorga a su ganador la posibilidad de medirse a los campeones de otros países en el Poetry Slam Internacional.
 
Desde el año pasado, el espíritu del Slam también se ha extendido a las aulas. El Proyecto Slam Sin Fronteras encarga a los slammers talleres en los diferentes institutos nacionales de Cultura europeos. El objetivo es que a través de sus cualidades comunicativas y lingüísticas dinamicen y amenicen el aprendizaje del idioma cursado por los estudiantes del instituto.
 
A la espera de que se confirme la tercera edición del Poetry Slam Internacional, la siguiente gran cita slammer tendrá lugar el 6 de junio en L'Hospitalet de Llobregat donde se celebrará el V Slam Nacional de España. La dinámica no hace falta explicarla ya: 12 poetas. 3 minutos. El público decide.