La teatralización del capitalismo “Frank V” de Dürrenmatt

“Frank V, Opereta de una banca privada”
“Frank V, Opereta de una banca privada” | © Imagen cedida por el Teatro Lliure de Barcelona (Foto: Ros Ribas) | © Imagen cedida por el Teatro Lliure de Barcelona (Foto: Ros Ribas)

El Teatre Lliure de Barcelona acaba de rescatar „Frank der Fünfte, Komödie einer Privatbank“ (“Frank V, Opereta de una banca privada”) del autor suizo Friedrich Dürrenmatt, un ataque más que actual contra el vínculo entre poder y corrupción.
 

El 16 de abril de 2015 se estrenó la congenial adaptación en lengua catalana (versión Sergi Belbel y Arnau Tordera) de esta obra tan satírica como corrosiva bajo la dirección de Josep Maria Mestres. Una pieza más que oportuna en pleno período de crisis económica y de ferviente capitalismo salvaje. Aunque todo texto teatral requiera de revisiones constantes –el mismo Dürrenmatt (Konolfingen, 1921 – Neuchâtel, 1990) modificó el texto de Frank V en tres ocasiones– la esencia que intentó plasmar en 1958 se mantiene a día de hoy absolutamente intacta. Una cuestión que, cuanto menos, debería inquietarnos.

Friedrich Dürrenmatt, moralista sin moral

Hijo de un pastor protestante, el autor lee a Nietzsche y Kierkegaard y se compromete tanto con cuestiones existenciales como sociales desde un escepticismo profundo. ”Soy protestante y protesto. No me desespero pero retrato la desesperación.” Sin embargo, el escenógrafo Teo Otto aseguraba, que Dürrenmatt en realidad era un “moralista que se hacía pasar por inmoral e antirreligioso”.

En 1941 empieza a estudiar Filosofía, Germanística y Ciencias Naturales en Zúrich, al mismo tiempo que arranca su carrera como escritor y dramaturgo. De esa forma, su primera obra teatral, Está escrito, vio la luz entre 1945 y 1946. También cultivó a lo largo de toda su vida la pintura y el dibujo lo cual le llevó a ilustrar sus propias piezas teatrales.

Consolidó su fama mundial a finales de los 50 y en la década de los 60. Durante esa época escribió tragicomedias como Der Besuch der alten Dame (La visita de la vieja dama) (1956) y Die Physiker (Los físicos) (1961). En España, la menos conocida “opereta” Frank V, con canciones como parte integral de la acción, se estrenó en 1989 en Madrid de la mano de Mario Gas y con traducción de Feliu Formosa. En aquel entonces asistió el mismo Dürrenmatt.

“Frank V”, el retrato de la sociedad capitalista

Es precisamente esta obra, una de las más críticas con la sociedad de la segunda mitad del siglo XX (y sin saberlo Dürrenmatt, también del XXI). En Frank V Dürrenmatt describe una entidad bancaria dirigida por gánsteres. Para que los negocios fluyan, el director –Frank V– su mujer y sus empleados cometen todo tipo de atrocidades. Así, tal como si se tratara de la precuela de El padrino, la obra urde una serie de jerarquías perversas, venganzas, envidias malsanas, y triquiñuelas casposas más que reconocibles por los espectadores de hoy. Casi automáticamente afloran en sus mentes apellidos como Botín, Rato, Correa, o Bárcenas, que fácilmente podrían estar representados en las figuras de Schlumpf, Schmalz, Egli, o Häberlin indistintamente. Hombres de negocios, que manejan grandes cantidades de dinero y que han sucumbido al sistema corrompiéndose sin remedio.

“Vivimos, por desgracia, en un estado de derecho. Nos haría falta un estado de corrupción generalizada o una situación de gran desequilibrio social para ejercer bien nuestra profesión”, se lamenta uno de los directivos de la entidad bancaria Frank V. Una intervención que, si bien a priori nos podría parecer graciosa, después de tantos casos de corrupción descubiertos en todo el mundo, de algunas (pocas) dimisiones, gestiones desastrosas y, en definitiva, una clara incompetencia demostrada de muchos de los que aseguran gobernarnos, quizá se sitúe en el límite de la tolerancia ciudadana.

Pero Dürrenmatt no se queda en la cúspide de la pirámide, sino que aprovecha el retrato feroz del mundo de las finanzas como parábola de la sociedad en general. Una sociedad formada por chupasangres de tez ceniza que no dejan títere con cabeza y van filtrando lentamente la corrupción por todas las capas de la humanidad. Una sociedad pervertida por el capitalismo desenfrenado, completamente descontrolada que no sufre tan solo una crisis económica sino también –y sobretodo– una profunda crisis de valores.

Para describir esta sociedad, Dürrenmatt propone una representación grotesca de la realidad para que a través de ésta el público llegue a conclusiones. Del mismo modo, la música en Frank V se usa también como medio de expresión que refuerza la monstruosidad de los personajes. Así, Dürrenmatt consigue alejarse del didacticismo brechtiano. Aunque algunos han intentado establecer una relación de Frank V con Dreigroschenoper (La ópera de los tres centavos) de Brecht, el autor suizo se sitúa más cerca de Shakespeare entendiendo, igual que este, el teatro como una representación del mundo y de la tragedia de la condición humana.

En definitiva, podría decirse que con Frank V Dürrenmatt se descubre como un clásico contemporáneo indiscutible por su capacidad de ahondar en los grandes Dramas de la sociedad, criticarlos, destriparlos y cuestionarlos, y al mismo tiempo conseguir la risa del público al que, como a Tito Andrónico, ya no le quedan lágrimas que verter.