Richard Wagner y la música popular cinematográfica El drama musical en la “Guerra de las galaxias”

Imagen: El compositor alemán Richard Wagner
Richard Wagner, fotografía de Franz Hanfstaengl (1804–77) | Foto (recorte): Franz Hanfstaengl / CC-BY-SA - flickr.com

Sin duda, no hay ninguna razón para intentar sublimar a la persona que fue Richard Wagner. Muchos de sus contemporáneos lo describen, sí, como una persona carismática, pero también pagada de sí misma, y hoy se le recuerda no solo por su música, sino también por sus desafortunados escritos antisemitas. Sin pretensión de quitarles importancia, debe hacerse notar que tales puntos de vista no marcaron la vida de Wagner, del mismo modo que tampoco es posible demostrar que estuvieran presentes en su arte. La influencia del compositor en la cultura moderna, por el contrario, es un hecho sobre el que nunca se llamará la atención lo suficiente. Se la puede reconocer más directamente que, por ejemplo, en los casos de un Mozart o un Beethoven.

Su visión dejó una huella decisiva en la historia del arte: a diferencia de sus contemporáneos, Wagner pretendió crear el “drama musical”. En sus óperas intentó conseguir que música y acción se fundieran complementándose recíprocamente, todo ello con el fin de provocar en el receptor emociones determinadas. En busca de lograr el mayor efecto posible, la composición mediante el Leitmotiv se fue ampliando hasta el punto de que ciertos motivos musicales no pudiesen ser asignados solamente a un personaje, sino también a sentimientos e interacciones. Con ello, la música puede ser la expresión de relaciones entre personas y de actos. El encuentro de dos personajes en una ocasión luctuosa, por ejemplo, puede expresarse mediante los Leitmotiv de ambos, combinados en una tesitura en modo menor y un tempo reposado. Por otra parte, el compositor también rechazó la posibilidad de incorporar entre los actos de las óperas pausas orquestales con recitativos hablados. La música forma así un tapiz sin final que no interrumpe la inmersión del espectador en el mundo sonoro ni atenúa la experiencia musical.

El estilo wagneriano está de moda

Mientras que la percepción de la música clásica en general está limitada a determinados círculos de personas y en la actual música pop puede detectarse su influencia nada más que en forma muy simplificada, la obra de Wagner se refleja directamente en música actual. La música para cine, atractiva para una amplia audiencia que incluye también a las generaciones más jóvenes, emplea muchos métodos del músico alemán. Así, remiten a Wagner los vientos majestuosos y el dinamismo de la cuerda en las bandas sonoras de conocidos compositores como John Williams (La Guerra de las Galaxias, entre otras), Hans Zimmer (Piratas del Caribe, Gladiator) o Howard Shore (El Señor de los Anillos), una inspiración que podemos oír claramente. También el empleo del Leitmotiv al modo wagneriano es una de las bases técnicas de la música cinematográfica.
Imagen: Leitmotiv de Wagner y Williams Comparación entre el tema de Sigfrido de Wagner y el de Luke Skywalker de Williams.
John Williams parece ser particularmente “wagneriano”. Pionero de la orientación actual de su oficio, Williams crea tapices sonoros similares a los del alemán y aprovecha elementos clásicos de su obra. Considerado en términos armónicos, el Leitmotiv que podemos identificar con Sigfrido en el célebre Anillo del Nibelungo se estructuraría en cinco partes y estaría ordenado en una línea melódica ascendente. Estos aspectos aparecen también en el motivo de Luke Skywalker escrito por Williams. Asimismo, el paso ceremonioso y pomposo se puede apreciar en ambos compositores, si bien el creador de la banda sonora de La Guerra de las Galaxias reduce en su motivo la complejidad de la armonía y la dinámica. No se entienda en lo dicho ninguna minusvaloración de Williams: comparado con la representación teatral, el cine permite transmitir más contenido en el nivel visual, con lo que resulta casi forzoso que hoy en día le quede algo menos de sitio a la música complementaria. Al comparar la Cabalgata de las valquirias (1851) de Richard Wagner y La Resistencia (2015) de John Williams, podemos oír paralelismos claros.

Las “Valquirias” – un ejemplo clásico

En razón de la demostrada influencia de Wagner en la música cinematográfica, no resulta sorprendente que su Cabalgata de las valquirias sea quizá la pieza musical más utilizada en el mundo del cine (y también de los juegos de ordenador, donde por ejemplo la encontramos en juegos de acción tan populares como Far Cry 3 o Borderlands 2). Con la obertura del tercer acto del Anillo del Nibelungo, el compositor logró hacer realidad de manera sobresaliente los fines que se había propuesto para transmitir emociones sirviéndose de la música, en una pieza que sin duda habrá puesto ya la piel de gallina a incontables espectadores en las salas de cine.

La melodía de Wagner crea una atmósfera de peligro y de guerra, circunstancia a la cual debe atribuirse su abuso por parte del Tercer Reich. La propaganda de la época, en efecto, utilizó la Cabalgata de las valquirias como fondo sonoro para informar sobre la guerra. Así debió de verlo también Francis Ford Coppola, director del drama antibelicista Apocalypse Now, que aprovechó estas asociaciones en la que quizá sea la adapción más conocida de la pieza en el mundo del cine. Los veloces glisandos y trémolos de la cuerda al comienzo representaban en la obra original a las ocho valquirias elevándose por el aire. Pero en la película de Coppola encaja casi a la perfección también el título de la pieza: en este caso el vuelo acompañado por la música de Wagner es el de ocho helicópteros. En este contexto, la música recuerda el sonido de los motores de los aparatos. En su significado original, la pieza no tenía nada que ver con acciones belicosas, pues las valquirias están por encima de los conflictos humanos y no utilizan la violencia. El empleo que de ella hace Coppola consolida esta connotación adicional. No obstante, conserva también la idea de una levitación mayestática y ultraterrena: los helicópteros vuelan por el cielo, dotados de recursos que les sitúan en posición muy superior a la de los seres humanos a ras de tierra.

La suerte que ha vivido su música sin que el compositor mismo tuviera nada que ver con ello, unida a su vinculación involuntaria con el Tercer Reich, hacen que hoy a menudo nos enfrentemos a Wagner con un enfoque más crítico de lo que sería imprescindible. Pese a destacar en el ámbito personal por el antisemitismo grosero que profesaba, se trata de un error prácticamente ausente de su legado artístico. Wagner no se distinguió por ser una persona particularmente reflexiva en materia política (él mismo hablaría después con desdén de su participación en el alzamiento de Dresde en mayo de 1849), sino un músico genial entre los más grandes de su siglo.