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La financiación teatral
El Estado y la libertad artística

Las grandes salas teatrales suelen elegir clásicos por la gran preferencia de que gozan entre el público. El actor Lars Eidinger interpreta Ricardo III de William Shakespeare en la Berliner Schaubühne.
Las grandes salas teatrales suelen elegir clásicos por la gran preferencia de que gozan entre el público. El actor Lars Eidinger interpreta Ricardo III de William Shakespeare en la Berliner Schaubühne. | Foto (detalle): © picture-alliance/ZB/ Claudia Esch-Kenkel

Financiación pública y libertad artística... ¿Se trata de términos contradictorios? No existe el derecho a las ayudas estatales a la cultura, y las entidades culturales, al menos hipotéticamente, ven siempre ante sí la amenaza de recortes. Tal circunstancia afecta ante todo a instalaciones con mucho personal como son las teatrales.

De Nadine Berghausen

Alemania bien puede vanagloriarse de una variedad de salas teatrales que no tiene igual en el resto del mundo. En 2018, por ello, el país solicitó a la UNESCO que el panorama teatral y orquestal de Alemania fuera incluido en su lista de patrimonio cultural inmaterial. La resolución se espera para finales de 2019. Los amantes del teatro que vivan en el país pueden considerarse dichosos por tener a su disposición tantos espacios interpretativos y una programación cultural tan amplia. El Teatro Estatal Thalia de Hamburgo, la Casa del Teatro de Bochum, la de Düsseldorf... En Alemania, la cultura teatral no se concentra solamente en la capital, como por ejemplo sucede en Inglaterra o en Francia a causa de sus estructuras teatrales centralizadas. 

Desde 2015, la Responsable Federal de Cultura y Medios de Comunicación concede cada dos años un Premio de Teatro destinado a salas pequeñas no ubicadas en grandes ciudades. Su intención es garantizar que el arte teatral llegue a la sociedad entera. El dramaturgo y escritor John von Düffel señala la posición singular que ocupa el teatro en Alemania en comparación con las demás naciones: “En el panorama teatral de la federación alemana se expresa la vida intelectual y cultural de las distintas ciudades, por lo cual es quizá el último rasgo que diferencia nuestras zonas peatonales de las de otros países”.

Apenas ningún teatro sobreviviría sin subvenciones estatales

Ahora bien: ¿cómo se financia este nutrido panorama teatral? En Alemania, las Casas del Teatro estatales, las salas de danza y conciertos, la ópera –incluida la opereta y el musical–, pero también los teatros privados, están subvencionados total o parcialmente por el Estado. Estas ayudas se reciben dentro de una estructura federal, pues en Alemania la soberanía en materia de promoción cultural está en manos de los 16 estados federados. Según el Informe de Financiación Cultural de 2018, en el año 2015 los estados federados y entidades locales pusieron a disposición del área teatro y música 3.700 millones de euros procedentes de recursos presupuestarios ordinarios. En una comparación con el total de gastos públicos en cultura, dicha cifra supone un porcentaje del 35,4 por ciento. 

Las salas no podrían prescindir de estas ayudas: un teatro es un mecanismo con muchos costes; ante todo son inmensos los de personal. Desde hace ya tiempo, no todos los escenarios pueden permitirse una compañía residente. En los teatros estatales, las entradas están subvencionadas en un promedio del 80 por ciento. Elevar el precio para el público, por ejemplo, no bastaría para cubrir los gastos de personal, vinculados a convenios colectivos. 

“El arte es libre, no tiene que complacer ni estar al servicio de nada”

El apoyo estatal resulta, por tanto, necesario, si se desea conservar la variedad de actividades teatrales. Pero, a su vez, esto trae consigo que las salas sean a menudo el primer chivo expiatorio en cuanto se empieza a hablar de apretarse el cinturón. En los debates presupuestarios, nunca faltan parlamentarios que exigen economizar más. Enseguida salen a la palestra cuestiones del tipo: ¿es imprescindible que la producción de esta obra sea tan cara? ¿Por qué ponemos en escena tantas obras distintas si las cifras de asistentes están bajando? ¿Hace falta realmente que hasta la última ciudad de provincias cuente con teatro propio?

Hay voces en contra, como la iniciativa en pro de la Petición de una Declaración de Bruselas por la libertad del arte , que se niegan por principio a entrar en tales debates. Remitiéndose a la libertad artística, exigen que el Estado no se inmiscuya en cuestiones de contenido. Así, en la Declaración puede leerse: “Los políticos no deben juzgar el arte ni intentar instrumentalizarlo marcándole pautas. (…) El arte es libre, no tiene que complacer ni puede estar al servicio de nada“. Las personas que pusieron en marcha la iniciativa, Erhard Grundl y Claudia Roth, portavoces de Política Cultural y Política Cultural Exterior de Alianza 90 / Los Verdes, consideran que en este momento el peligro viene ante todo de las corrientes nacionalistas de derecha. El partido Alternativa por Alemania (AfD), por ejemplo, reclama que las subvenciones culturales dependan de los contenidos. Por eso, Grundl y Roth advierten: “La lucha ideológica contra la libertad del arte amenaza nuestro panorama cultural, y, con ello, un cimiento esencial de nuestra sociedad. Nos oponemos a ello”.
 

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En Alemania existen en torno a 140 teatros de titularidad pública. Se trata de teatros municipales, teatros estatales y Landesbühnen. A ellos se añaden unos 220 teatros de titularidad privada y en torno a 150 teatros y salas sin compañía residente, así como unos 100 escenarios para giras y artistas invitados sin sala fija, que también pueden recibir ayudas estatales. La cuantía de las subvenciones estatales al teatro y la música ascendió en el año 2015 a 3.700 millones de euros en el conjunto de toda Alemania.

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