La industria cinematográfica alemana durante la Primera Guerra Mundial “La movilización de la imagen”

Westfront 1918 by G.W. Papst
© Deutsches Filminstitut - DIF

El estallido de las hostilidades en 1914 trajo consigo decisivas transformaciones en el cine alemán. A largo plazo, es seguro que para la industria cinematográfica supuso una época de crecimiento, y ello no solo en el aspecto comercial. El medio logró también mayor aceptación pública.

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, países europeos vecinos que hasta entonces eran buenos socios comerciales se vuelven enemigos de un día para otro. La industria alemana del cine, aún joven pero en plena expansión, ve por ello ante sí un futuro totalmente oscuro. EnKinematograph (El cinematógrafo), una de las grandes publicaciones escritas del sector, se lee el 12 de agosto de 1914 este oráculo: “Sin ninguna duda, la guerra que ha empezado hace que el mundo del cine entero se enfrente a una severa crisis; va a haber incontables cadáveres en el campo de batalla cinematográfico.” En un principio, el sombrío pronóstico parece confirmarse.

El estallido de la Guerra remueve los cimientos de una industria cinematográfica que antes operaba internacionalmente y en adelante será puesta al servicio de fines nacionalistas y de la propaganda bélica. Se recaudan elevados impuestos sobre espectáculos y se decretan prohibiciones a la importación y la exportación. La censura que ejerce arbitrariamente el ejército confunde a los productores y dificulta la distribución por todo el territorio nacional. 

Una época de crecimiento

Sin embargo, la situación se estabiliza antes de lo esperado. Ciertamente, la censura, las prohibiciones y el llamamiento a filas hacen que se contraiga todo el sector del entretenimiento. Pero, considerado en conjunto, el sector alemán de la producción y exhibición de películas va a beneficiarse de la intensa restricción de la oferta. Especialmente en las pequeñas y medianas ciudades se debilita o desaparece la antigua competencia, que incluye teatros, variedades y parques de atracciones, espectáculos todos que precisan más personal que las salas de cine. Llegan a los cines nuevos sectores de público. Además, el mercado de exhibición directa experimenta una transformación esencial por los amplios impedimentos a la competencia extranjera, la creación de cines de campaña y la fuerte expansión en los territorios ocupados. Hasta la fecha, la industria cinematográfica alemana marchaba claramente por detrás de la de Francia, el país vecino. Ahora se pone a la par de ella a velocidad vertiginosa.

Pero si la Guerra se convierte en una época de crecimiento para el cine, ello no ocurre solamente en el aspecto comercial. También cambia su prestigio entre el público. En la época anterior a la Guerra, el cine estaba considerado sobre todo una forma barata de entretenimiento y disfrutaba de mala fama entre amplias capas de la ciudadanía. Pero, al poco de comenzar las hostilidades, se añade a la función de entretenimiento de las películas la transmisión informativa a través de los noticiarios semanales. El cine, de este modo, establece una vinculación y una cercanía que antes parecían imposibles: las imágenes de los noticiarios semanales pueden aportar a los que siguen en casa al menos una vaga idea del lugar en que se encuentran sus personas cercanas, destinadas en los distintos escenarios de la contienda. La capacidad de las películas para pasar por encima del espacio y el tiempo atrae a las salas a capas de público que antes mantenían frente a él una actitud de rechazo. La Guerra, así, otorga carta de ciudadanía a la práctica de ir al cine.

“La movilización de la imagen”

Frente oriental en 1918 (G.W. Pabst)

Pese a la creciente relevancia social del cine, las autoridades militares alemanas van a seguir albergando reservas contra él durante mucho tiempo. Por temor al espionaje, y al no comprender bien las necesidades de la población civil, el estado mayor impide que los cámaras rueden en las cercanías inmediatas del frente. Cierto es que las productoras de noticiarios semanales Messter y Eiko reciben permisos de rodaje y pueden así suministrar desde 1914 material fílmico tanto a las salas alemanas y de los países extranjeros neutrales como a los cines de campaña que pronto van a surgir cerca del frente. Pero, sin embargo, las imágenes de sus noticiarios bélicos pasan por la censura del ejército y pierden rápidamente el valor de la novedad. El público y los exhibidores empiezan a quejarse de la escasa espectacularidad de las tomas desde su punto de vista.

El mando militar no cambiará de actitud respecto al cine hasta que se produzcan los éxitos de las películas propagandísticas francesas y británicas. Así, el 30 de enero de 1917 se funda la Oficina Gráfica y Cinematográfica (Bufa por sus siglas en alemán), que es dotada de buenos recursos económicos. La Bufa habrá de asumir en el futuro los cometidos de “prestar información militar oficial” en el territorio nacional y el extranjero, crear cines de campaña, enviar operarios de cámara, asignar material filmado y coordinar la censura. Su objetivo es mejorar la guerra ejercida por medios psicológicos: así, la Bufa produce en 1916/17 la película propagandística Bei unseren Helden an der Somme (Con nuestros héroes en el Somme), la respuesta alemana a la película de guerra británica The Battle of the Somme (1916), que habían visto millones de espectadores. Bajo el título La movilización de la imagen, los acontecimientos aparecieron descritos así en la prensa, en concreto en el Vossische Zeitung del 28 de abril de 1917: “En Alemania se ha creído durante mucho tiempo que se podría dirimir esta guerra nada más que con la fuerza de la espada y la pureza de la causa. Ha tenido que ser de manera completamente paulatina como se ha ido imponiendo el punto de vista de que en esta lucha a vida o muerte es preciso emplear todas las armas, también las intelectuales y las morales, y así hubieron de pasar dos años de guerra para que empezasen los primeros intentos oficiales de incluir en el despliegue bélico las más importantes de estas armas: la fotografía y el cine.”

Películas de ficción para elevar la moral

Ahora ya llega mucho dinero a la industria cinematográfica alemana. Se constituyen varios grupos de intereses, y mejora el prestigio del sector con su multitud de proyectos especulativos de corta vida. La entrada de capitales acelera además una evolución que ya había comenzado a producirse antes: los largometrajes de ficción van reemplazando los programas anteriores, compuestos por varias películas breves. Las producciones se hacen más costosas y apuestan con más fuerza aun por producciones muy elaboradas y por estrellas como Henny Porten, Hedda Vernon o Mia May. Mientras miles de personas mueren al día en los frentes, la gente busca evadirse de la vida cotidiana mediante melodramas ampulosos, películas policiacas y comedias, un proceso que se aprecia tanto en los cines de campaña como en las salas de la retaguardia. Disfrutan de todo el favor del público películas como Die Gespensterstunde (La hora de los fantasmas, 1916), Der karierte Regenmantel (El impermeable a cuadros, 1917) y Die Liebe der Maria Bonde (Los amores de Maria Bonde, 1918).

Comparadas con las obras de ficción, la popularidad no sonríe a las películas propagandísticas producidas por la Bufa, predominantemente filmes de guerra de carácter documental. Tanto en el frente como en la retaguardia no deja de intensificarse la insatisfacción con la situación militar y con la progresiva escasez de alimentos, por lo cual el gobierno y el ejército dan un paso adelante más al fundar el 18 de diciembre de 1917 la Universum-Film AG (Ufa), cuyo trasfondo militar se mantiene estrictamente en secreto. A diferencia de la Bufa, la nueva empresa, de orientación comercial, tiene el cometido de concentrarse en elaborar películas de ficción –con un carácter propagandístico siempre oculto– y, por medio de ellas, estabilizar, o incluso elevar, la moral de combate y convocar las últimas fuerzas para resistir. Tal es el cometido de estas películas de ficción con temática no bélica, sino civil y desprovista de implicaciones: contribuir a la victoria, pero en este caso distrayendo a la población con asuntos distintos. Es una ironía de la historia que la Ufa esté sentando con ello los cimientos del futuro de la industria cinematográfica alemana posterior a la Guerra: después de 1918, crecería hasta convertirse en el buque insignia de la cultura cosmopolita de la República de Weimar, puesto que mantendrá hasta que los nazis den por terminada esta época cumbre de la cinematografía alemana.