Con motivo de la muerte de Jürgen Habermas  El poder de la argumentación

Jürgen Habermas
Jürgen Habermas Foto (detalle): Johannes Simon; © picture alliance / SZ Photo

Maestro pensador e intelectual público: gozar del máximo prestigio en ambos roles es algo que solo pocas personas logran. Jürgen Habermas fue una de ellas. El filósofo alemán falleció a los 96 años.

No solo marcó la historia intelectual de Alemania, sino también su cultura del debate. Ahora, la voz de Jürgen Habermas se ha silenciado para siempre. El filósofo falleció en Starnberg a los 96 años, según anunció la editorial Suhrkamp a la agencia de noticias alemana dpa (DeutschePresse-Agentur GmbH), citando a su familia. Deja tras de sí “una obra para la que la palabra 'única' se queda corta”, como dijo en su día el filósofo Rainer Forst.

Incluso en su avanzada edad, Habermas se mantuvo sumamente productivo. En 2019, publicó una obra de mil 750 páginas. Bajo el modesto título de "Otra historia de la filosofía", exploró la tensión entre fe y conocimiento. El mundo académico la consideró una “impresionante obra tardía”, “sin parangón en su rigor sistemático”, pero también “un desafío para todo lector”. En 2019, la revista "Cicero" situó a Habermas en segundo lugar entre los intelectuales más importantes del mundo de habla alemana, solo por detrás de Peter Sloterdijk.

“Muy activo, muy alerta, con gran concentración mental”


“Siempre está involucrado en algún tipo de trabajo”, afirmó el autor Roman Yos, quien, junto con el sociólogo Stefan Müller-Doohm, publicó un libro de conversaciones con Habermas para conmemorar su 95 cumpleaños. Yos lo describió como “muy activo, muy alerta, con gran concentración mental”.

La carrera del filósofo comenzó en la década de 1960. Sus principales obras fueron escritas en Fráncfort del Meno, donde empezó como asistente de investigación en el Instituto de Investigación Social bajo la dirección de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno. Se doctoró en 1954 por la Universidad de Bonn con una tesis sobre el filósofo Schelling (1775-1854). Finalizó su habilitación en Marburgo en 1961 con su obra "La transformación estructural de la esfera pública", que aún se considera innovadora y conserva una gran relevancia en la actualidad. Allí, Habermas esboza los fundamentos de una forma de pensar y actuar socialmente crítica, comprometida con las tradiciones democráticas.

En 1964, asumió la cátedra de Filosofía y Sociología de Horkheimer en la Universidad de Fráncfort, cargo que ocupó en una primera fase hasta 1971, durante la época de las protestas estudiantiles. En la década de 1970, trabajó en dos Institutos Max Planck en Baviera antes de regresar a Fráncfort en 1983. En sus últimos años, vivió a orillas del lago Starnberg, en Baviera. Habermas estuvo casado desde 1955 y tuvo tres hijos.

Una guía para la sociedad moderna

En su obra principal, "La teoría de la acción comunicativa" (1981), Habermas esbozó una especie de guía para la acción en la sociedad moderna. Según su teoría, los fundamentos normativos de una sociedad residen en el lenguaje. Como medio de comunicación, es lo que posibilita la acción social. En El conocimiento y los intereses humanos (1968), enfatizó que no existe el conocimiento “objetivo”. En la ciencia, la política y la sociedad, este depende de los intereses en juego.

Nacido en Düsseldorf el 18 de junio de 1929, Habermas vivió la Segunda Guerra Mundial a temprana edad. Su biógrafo, Müller-Doohm, cree que la experiencia de vivir bajo un régimen criminal desencadenó su profunda politización y sentó las bases de su compromiso con la democracia. Müller-Doohm explicó el constante interés mediático de Habermas de la siguiente manera: “Porque este hombre abandonó repetidamente el espacio protegido de la universidad para asumir el papel de participante combativo en los debates y, al hacerlo, influir en la historia intelectual de este país”.

Encarnaba el papel del intelectual político “casi personificado”, afirmó Roman Yos: “Siempre que el estado del sentimiento nacional o el presente y el futuro de Europa parecían estar en una situación crítica, se podía contar con sus declaraciones públicas”.

“Es inevitable que piense políticamente”

Movimiento estudiantil, Reunificación Alemana, misiones de la OTAN, terrorismo, investigación con células madre, crisis bancaria, Europa: resumir sus posturas sobre temas tan ampliamente debatidos en un solo eslogan no haría justicia a la complejidad de sus argumentos. En los últimos años, se ha centrado en la pandemia del coronavirus, la guerra en Ucrania y la situación en Oriente Medio. “Es inevitable que piense políticamente”, recalcó Yos.

Según las personas expertas, lo que Habermas compartía era una visión positiva de la humanidad y la creencia en el poder de la razón, en la fuerza del mejor argumento. Ya en su cumpleaños número 80, Habermas decidió legar su archivo a la Universidad de Fráncfort. Desde que cumplió 85 años, los documentos han estado a disposición de los investigadores.

Los años en Fráncfort fueron “la época más gratificante de mi vida académica”, afirmó en una conferencia en su antigua universidad al día siguiente de cumplir 90 años. Habermas fue aclamado como una estrella del pop. Tres mil personas asistieron a su conferencia, que se retransmitió desde el auditorio principal a otras cinco salas. Cuando una falsa alarma de incendio lo interrumpió y el edificio fue evacuado, el nonagenario permaneció imperturbable. Les agradeció “por aumentar la complejidad” y continuó su discurso sin inmutarse.