El 17 de octubre de 2014 es una fecha que pasará a la larga historia de la música noise japonesa. La tensión en el SuperDeluxe, un lugar (desgraciadamente ya desaparecido) de reputación casi mística en la escena subterránea de Tokio, es casi insuperable. Al fondo, en la oscuridad detrás del escenario, una figura nerviosa camina inquieta de un lado a otro, es Yamazaki Maso Takushi, más conocido por su nombre artístico, Masonna.
Y entonces llega el momento: el performance de la leyenda del noise japonés comienza con un grito primordial, arrastrado desde las profundidades de los efectos, a través de los cuales Yamazaki hace que su voz emerja a la superficie. Llama la atención la tirantez de su cuerpo: cómo la mano izquierda, durante el performance eruptivo de apenas dos minutos y quince segundos, cuelga a la vez flácida y llena de adrenalina, es algo especialmente notable, un misterio biológico-dinámico.La brevedad de la actuación no es sólo un gesto radical, sino que también tiene que ver con su limitada capacidad de concentración, como me contará al día siguiente en una entrevista: “La actuación dura exactamente el tiempo que necesito para no tener que pensar en otras cosas que me distraigan”.
La carrera de Yamazaki comenzó en bandas que tocaban covers de Led Zeppelin y Deep Purple, antes de que pronto se viera atraído por contextos hardcore y punk. De aquella época ha conservado el gesto clásico de arranque del punk: “Empiezo con 1, 2, 3, 4 y mantengo el nivel de energía alto hasta que no puedo más”. Sin embargo, esa noche hace pausas de fracciones de segundo una y otra vez, reduce el tempo de forma abrupta para luego dispararse de nuevo y estallar contra el público o contra sí mismo. El desesperado intento del técnico por volver a poner en pie el soporte del micrófono parece un absurdo performance secundario de slapstick. Esta tormenta sobre Tokio no quiere dejar ningún escenario en buenas condiciones.
La calma antes de la tormenta, invocada tan a menudo, se convierte aquí en una calma cultivada en múltiples momentos mínimos en medio de la tormenta. Uno no puede evitar pensar en el “Ma” (間), el espacio vacío conscientemente colocado entre los sonidos en la cultura japonesa, lo cual no es una ausencia, sino un momento estructurante que hace posible el ritmo y la tensión.
El performance de Masonna no es comunicación, sino confrontación. El hecho de que Yamazaki se refiera explícitamente al punk y al hardcore, pero los libere de su instrumentación, es decisivo: lo que queda es pura acción.
Con un “plop” abrupto del micrófono, todo termina después de apenas 135 segundos. Ni crescendo, ni reverberación, mucho menos un bis; sólo una sala llena de gente que primero tiene que procesar lo que acaba de vivir. En ningún otro músico de noise japonés el tiempo se comprime tanto como en Masonna: cada segundo representa años luz de sensibilidad.
“Wails to Whispers” (“De los gritos a los susurros”)
El performance de Masonna fue parte de “Wails to Whispers”, una noche de homenaje a la escena del noise japonés, iniciada por la Red Bull Music Academy, que en 2014 hizo parada en Tokio. Además de Masonna, en el cartel estaban Melt-Banana, Violent Onsen Geisha y Keiji Haino, este último, como corresponde a su estatus, con dos performances.Si el punk es el gesto de romper una y otra vez con las convenciones y las expectativas, entonces Yamazaki es un extraño ser híbrido. Porque, por supuesto, es conocido por sus actuaciones breves, y, sin embargo, siempre te sorprenden con la guardia baja. Aquí la previsibilidad no es un criterio de exclusión para la radicalidad.
Aunque la idea de “más rápido, más corto, más fuerte” no es un invento japonés, pocas escenas han interiorizado tanto este mantra. La música noise japonesa no es sólo una continuación del punk, sino su forma más consecuente; es una erupción sonora que corta todo lo superfluo y deja al descubierto el núcleo: energía, rechazo, presencia.
El punk nunca fue sólo un sonido, sino una actitud: anti-virtuosismo, DIY (hazlo tú mismo), radicalidad corporal. El noise va un paso más allá. Mientras el punk todavía coquetea con estructuras de canción, el noise destruye la idea misma de estructura. El sonido se convierte en material, el feedback en vocabulario, el volumen en argumento. Se podría decir que el noise japonés es una mutación del punk, enriquecida por influencias de la vanguardia occidental, desde John Cage hasta Derek Bailey.
Keiji Haino: El anti-repetidor
Es hora de dirigirse a uno de los epicentros de la música noise japonesa: Keiji Haino. Nacido en 1952 en Chiba, es uno de los raros ejemplos de músico japonés que se convirtió en miembro de pleno derecho de la vanguardia occidental. Colaboraciones con John Zorn, Derek Bailey, Faust, Bill Laswell, Peter Brötzmann y Jim O'Rourke dan fe de ello.Su catálogo en contextos japoneses es igualmente impresionante: lleva más de cincuenta años como multiinstrumentista y ha trabajado, entre otros, con Yamantaka Eye, Yoshida Tatsuya y Merzbow. El propio Haino destaca las influencias de Marlene Dietrich, Charlie Parker y Syd Barrett.
“Never to repeat myself” (“Nunca me repetiré”), declaró Haino en 2014 en Tokio como su lema. No se trata de provocar, sino de sorprenderse a sí mismo. La improvisación no es una técnica, sino una ética. El sonido ya existe, la música sólo surge a través de la entrega.
Once años después, los performances de Haino demuestran que incluso el anti-repetidor no está libre de noches que parezcan sacadas de un manual. Sin embargo, la sorpresa es continua, por ejemplo, en el Unsound Festival de Osaka en 2025 con las Bachet Sound Sculptures, diseñadas originalmente para la Expo de 1970.
Fue Keiji Haino quien, en una conversación en Tokio, abrió el universo del “Ma”: el silencio inesperado e impredecible como fuente de nuevos patrones. “Si es predecible, es aburrido; no puedo aprender nada de eso”. De ahí su exigencia radical a la improvisación: no repetir.
Noise como punk radical
Para entender realmente el noise japonés hay que tener en cuenta la génesis del género y la diversidad de sus protagonistas. Desde Hanatarash, Hijokaidan, Boredoms y Merzbow, pasando por Violent Onsen Geisha, hasta Zeni Geva, Boris, Melt-Banana u OOIOO, se ha desarrollado una topografía de exuberante crecimiento (véase la versión larga de este artículo en kaput).Lo que une a todos estos artistas no es tanto un sonido sino una actitud, la actitud de rechazo a la repetición, negación de la convención, enfoque en la energía más que en la forma, e indiferencia hacia las expectativas del público. Haino lo resume de la siguiente manera: no entiende su papel como DJ como entretenimiento, sino como confrontación.
En este sentido, el noise japonés es quizás la realización más consecuente de la libertad total de expresión, el objetivo de antaño del punk. No obstante, el punk fue rápidamente codificado históricamente, mientras que el noise se sustrae a toda fijación; permanece fugaz, inaprensible, peligroso.
En el ojo del huracán: Festival Primavera, Barcelona
El Festival Primavera es un crisol de los sonidos más diversos. En aquella noche de verano de 2024, esperaba escuchar, sobre todo, a Yamantaka Eye, que iba a tocar uno de sus raros sets como DJ.Su banda, los Boredoms, fundada en 1986 en Osaka, es uno de los grupos más influyentes de la escena. Conocidos por su mezcla de noise-rock, Japanoise (noise japonés) y tribal drumming (percusiones tribales), evolucionaron desde paisajes sonoros caóticos hacia estructuras rítmicas psicodélicas, y actuaron en formatos extremos con decenas de bateristas.
Si Masonna nos concede con sus performances la gracia de la muerte rápida, Yamantaka Eye celebra su arte como una tortura interminable (para seguir con la metáfora). Durante más de una hora superpone su propio material en varias capas, desplaza, densifica, encaja; es un set que disuelve la idea de movimiento hacia adelante y tira en todas direcciones a la vez. El tiempo se detiene, como sólo puede detenerse en los performances más intensos.