“Si un día el mundo se acabara, me mudaré a Viena, pues ahí todo ocurre 50 años después.” Si hemos de creer al compositor Gustav Mahler, quien es el presunto autor de la cita, entonces el punk debería estar llegando a Austria pronto. El autor residente en Viena Wolfgang Zechner recuerda aquella época en la que las noticias sobre The Clash y compañía llegaron a la ciudad del Danubio.
En mayo de 1980, Hein se presentó con Fehlfarben en la 20er-Haus de Viena, cerca de la estación de tren Südbahnhof. En ese entonces, la “nube gris” a la que hacía referencia Hein aún cubría la ciudad de forma abrumadora. Desoladora, triste, gris. Quien quiera saber cómo se veía Viena entonces, puede ver los primeros episodios de la serie de televisión Kottan. La ciudad que ahí se presenta parece salida de una historia de hadas checoslovaca sin todas las hadas. Un mundo sin magia, pero plagado de escenografía. Y luego está la gente: adultos mayores malencarados con enormes sombreros de felpa, cargando la pesadez de la existencia misma por la ciudad. Al menos así lo recuerdo como niño cuando visité la capital austriaca por primera vez a principios de los ochenta.
Un hermoso funeral. Esa era Viena a finales de los setenta. Y lo “hermoso” está en duda. Pero como nada es más poderoso que una buena idea, incluso en la capital mundial de lo mórbido, en algún lugar entre el Cementerio Central y la Cripta Imperial, la pequeña semilla del punk empezó a germinar. Mahler no resultó ser un gran profeta, al menos en lo que concierne al punk temprano, pues la semilla pronto dio frutos.
Los primeros indicios aparecieron en 1976, cuando las noticias de que una nueva subcultura se estaba esparciendo entre los jóvenes a través de revistas de música y el programa Musicbox en la estación de radio Ö3. Inspirados por los levantamientos musicales en Nueva York y Londres, empezaron a formarse pequeños grupos en Viena que pronto se convirtieron en su propia escena local. Entre las ruinas de una ciudad muerta, empezaba a brotar una nueva vida. ¡El canal del Danubio en lugar de Rockaway Beach!
¡Anarquía en Austria!
Uno de los momentos clave llegó el 2 de octubre de 1977. El concierto de The Clash en el recinto Porrhaus de Viena fue, para muchas personas, el momento que marcó el inicio. Al verdadero estilo punk, las personas se reinventaron de la noche a la mañana, adoptaron nombres como Robert Räudig, Mickey Kodak, Panza, Lörkers, Ronni Urini o Uschi Paranoia. Surgían bandas por doquier. Una de ellas fue Chuzpe (“chutzpah”, palabra hebrea que significa “audacia”), liderada por Robert Räudig, cuyo verdadero nombre era Wolf y que se dedicaba a entregar el correo.Otros grupos tenían nombres como Pöbel (muchedumbre), Schund (basura), Mordbuben AG (Chicos Asesinos S.A., Dirt Shirt o Die Böslinge (Los villanos). A-GEN53 fue la primera banda punk de puras mujeres. El mercado de pulgas en Kettenbrückengasse fue uno de los primeros puntos de encuentro. Las tiendas de discos empezaron a importar los álbumes y sencillos correctos. Entre 1981 y 1983, el Centro Cultural y de Comunicaciones en Gassergasse, una antigua casa ocupada, se convirtió en uno de los espacios centrales para la escena hasta que el Ayuntamiento de Viena lo desalojara nuevamente en 1983.
Pero para entonces el tiempo ya había avanzado. ¿Punk? Eso fue hace años. No había tiempo ni para respirar, se estaba haciendo historia. Las llamadas “fuerzas del bien”, por citar una línea de una canción de Chuzpe, habían importado la estética moderna del new wave británico. Ya en 1980, Chuzpe había hecho su versión del reciente éxito de Joy Division Love Will Tear Us Apart. La versión vienesa añadió un poco de estilo disco al clásico. El resultado fue algo más animado; y el impacto, sorprendente: a diferencia de la original, la versión austriaca, de hecho, sí llegó a las listas de éxitos. La copia superó al original. Supongo que a eso se le llama chutzpah.
Cuando tenía nueve años, grabé en un caset la versión de Joy Division que sonaba en la radio. Estaba seguro de que era una canción austriaca. Un caso grave de inocencia infantil. Ahora lo sé. Love Will Tear Us Apart probablemente no es una canción de Viena. Énfasis en “probablemente”.
No quiero ocultar otra apropiación cultural a quienes son amantes de un repertorio musical poco convencional. En 1981, se lanzó el sencillo Franzi del grupo Der Eiserne Vorhang bajo el sello de Panza-Platte. Se trataba de una versión en dialecto vienés del éxito de la banda británica XTC Making Plans for Nigel. Quien no pueda unir en el pensamiento estos dos polos, es decir, XTC y Viena, no debe afligirse. No hay nada que unir. Precisamente por eso, Franzi es una joya que sigue brillando con esplendor como una perla de cristal rota bajo la luz de neón parpadeante en el túnel de un metro abandonado.
Sin embargo, la ciudad nunca llegó a entusiasmarse por completo con el nuevo movimiento juvenil. En comparación a otras metrópolis, aquí la escena permaneció relativamente tranquila. Incluso la típica separación punk respecto a lo antiguo no fue tan clara como en otros sitios. Viena, simplemente, no era una ciudad pop. En la eterna Ciudad Imperial, los “emperadores”, es decir, los cantantes de pop austriaco, los rockeros veteranos y los músicos profesionales, en su mayoría hombres, no quería soltar el cetro. No es de extrañar que en la compilación Wiener Blutrausch de 1979, tan importante para la escena, se incluyeran muchas cosas que tenían poco o nada que ver con el punk. Minisex, por ejemplo, una banda con experiencia en agencias de publicidad, o música de fondo rock-jazz de Metzlutzkas Erben o el anarco-colecto de estilo cabaret Drahdiwaberl. En parte, eso se asemejaba sospechosamente a lo que se escuchaba hacia finales de los años sesenta. ¿Quizás tenía razón Gustav Mahler después de todo?
Cuando, a partir de 1981, la industria se aprovechó de la Nueva Ola Alemana (Neue Deutsche Welle, o NDW) para sacar provecho económico, los punks en Viena también se quedaron sin nada. La fama se la llevaron otros, sobre todo Falco, exbajista de Drahdiwaberl. Y como la muerte es vienesa, dos vieneses, Joesi Prokopetz y Manfred Tauchen, fueron quieren llevaron el féretro cuando enterraron la NDW en 1983. El sencillo de ciencia ficción, tan estúpido que resulta entrañable, Codo… düse im Sauseschritt de DÖF fue la última canción de la NDW que alcanzó los primeros puestos de las listas de éxitos en Alemania. Ahí se acabó todo. Última estación: Viena. Desciendan todos. A los primeros punks, en su mayoría, les daba igual. Casi todos aguantaron hasta el final. O desaparecieron en biografías aburguesadas. Muchos cayeron en las drogas. Algunos se mantuvieron inquebrantables. Hasta hoy.
Desde hace años, tanto los sobrevivientes como los que nacieron demasiado tarde se siguen esforzando para que este género se exponga en un museo. La frontera entre el análisis histórico y la transfiguración nostálgica es difusa. La compilación De Guade Oide Zeit, del sello Panza-Platte, ofrece una buena retrospectiva de una escena heterogénea y contradictoria. Al igual que en Blutrausch, aquí hay varias desviaciones temáticas, por ejemplo, la banda de rock Novaks Kapelle, de 1968. También vuelve Drahdiwaberl. Pero eso no es punk, ¿o sí? Como dicen en Viena: Wurscht, Oida! Aquí nunca se han tomado las cosas tan en serio. Ni hoy, ni hace 50 años.