¿A quién pertenece el punk hoy en día? Dos posturas divergentes se enfrentan de manera irreconciliable; también en la escena punk de habla alemana ha aumentado la vehemencia del conflicto. Un recorrido por el campo de batalla subcultural.
Primero, salir del museo
Si se habla de punk en la década actual, es común verlo casi reducido a una pieza de museo. Por aquí tenemos una nueva documentación sobre una banda de los tempranos años ochenta; por allá, una exposición sobre la escena punk, ya extinta, de alguna de las ciudades que aún no habían sido tratadas (difíciles de encontrar), y el o la curadora de turno no puede evitar, en su discurso de apertura, hacer referencia a sus propias hazañas descoloridas en el polvo pegajoso de un concierto punk y a su propia chamarra de cuero atiborrada con nombres de bandas de aquellos días.El género punk no ha acabado en el vertedero de la historia, sino en sus vitrinas. Esta impresión se ve reforzada si examinamos las culturas juveniles predominantes en la actualidad: la guitarra, existencial para el punk, apenas desempeña ya un papel. El pop, el trap, el hip hop dominan el escenario, y, además, el principio de la banda de rock que toca en vivo e incluso hace giras se ha visto más que mermado por la nueva economía en torno al negocio del streaming. Los escasos derechos de autor que plataformas como Spotify generan para los artistas dibujan un presente que sólo deja espacios de maniobra para actos individuales.
En este sentido, encaja en el cuadro que el dinosaurio de la guitarra, tan ligado a las bandas, haya encontrado ahora su hogar en los museos del mundo occidental. Es una impresión a la que uno puede sucumbir, al menos desde fuera. En realidad, sin embargo, el fenómeno del punk está lejos de haber sido contado del todo para las nuevas generaciones. Puede que ya no sea tan prominente, tan inconfundible en los centros urbanos, pero las escenas punk siguen existiendo. Hoy en día existen en dos versiones: una clásica y una actualizada; las rupturas y continuidades abren un campo de juego cargado de tensión. En el presente del punk, el aire está caliente. Para comprender por qué es así, hay que ponerlo en primer plano.
Lo peor es cuando se acaba la cerveza
La canción de culto Für immer Punk (Punk para siempre) de la banda hamburguesa Die Goldenen Zitronen era en su momento sólo una broma irónica para algunos, pero para la mayoría de los punks de los primeros días era una promesa personal: conservar, congelar los buenos y salvajes sentimientos de la juventud y la adolescencia. ¿Punk para siempre? ¡Por supuesto! Así han ido envejeciendo varias generaciones junto con su decisión de vida punk. En los grandes festivales punk, como por ejemplo el Rebellion en Inglaterra, el cartel de hoy sigue leyéndose como hace cuarenta años. En 2026 los cabezas de cartel son The Sham 69, Cock Sparrer, UK Subs o Stiff Little Fingers. El público y los artistas no son precisamente jóvenes, pero la bandera se mantiene en alto.En lo que respecta a la escena punk clásica alemana, la banda bochumense Die Kassierer es un ejemplo significativo. En los 80 y 90 más bien objeto de burla, se ha convertido en un auténtico representante del viejo mundo del punk-rock en la modernidad. Como consecuencia, Die Kassierer atraen hoy a muchos más espectadores que antes. Su pieza, tan achispada, Das Schlimmste ist, wenn das Bier alle ist (Lo peor es cuando se acaba la cerveza), es el himno no oficial de todos los supervivientes del punk. En los 90, la seguridad en la entonces feria de música más importante, la Popkomm, tuvo que escoltar hasta la salida al cantante Wolfgang Wendland porque en una actuación guerrillera de su banda intentó defecar en el suelo en plena feria. Punk en el sentido de provocadores como G.G. Allin, fallecido en 1993: punk como irritación.
Hoy en día, Wolfgang Wendland sigue siendo provocador, pero ya no contra el establishment de la industria musical o los “burgueses”, sino hacia los jóvenes punks. Wendland comparte alegremente en su cuenta de Facebook críticas contra la “transición energética”, advierte del peligro de que la República Federal de Alemania actual se convierta en una “Alemania Oriental 2.0”; el veganismo y Fridays For Future (Viernes por el Futuro) son otros de sus enemigos favoritos. Wolfgang Wendland, en su furor de ayer, suena poco diferente a Dieter Hallervorden, Elke Heidenreich o Thomas Gottschalk, y, como esos veteranos magnates de los medios, se cree en medio de una guerra cultural. Ya no se trata de rebelarse contra la mojigatería conservadora, sino contra las prohibiciones de la izquierda. Pero, un momento, ¿prohibiciones en el punk? ¿No es eso una contradicción en sí misma? Para entender mejor el revuelo en el que el cantante de Die Kassierer hace participar incansablemente a sus fans, también hay que poner en primer plano el otro lado de la moneda punk contemporánea.
Disolución de la hegemonía masculina
Paralelamente a ese, llamémoslo, punk de taberna conservador en valores, existe efectivamente un movimiento joven que se agrupa bajo la etiqueta punk. Las bandas se llaman Akne Kid Joe (Chico con acné Joe), Pogendroblem (Droblema de pogas), Deutsche Laichen (Cadáveres alemanes) o Team Scheisse (Equipo mierda). La interpretación de la doctrina punk se presenta aquí de manera completamente distinta. El movimiento pone un gran énfasis en la comunidad, en el convivir. La vivencia machista, mayoritariamente masculina, del punk forajido y desatado ha dado paso a visiones más atentas al colectivo en su conjunto. Un factor importante es la disolución de la hegemonía masculina en la escena. El estribillo de la canción Sarah (Frau, auch in ner Band) (“Sarah, ‘mujer, también en una banda’”) de Akne Kid Joe, de Núremberg, lo formula así:Werte Herr Kollegen, bitte macht mal Platz /
und merkt euch für die Zukunft lieber folgenden Satz /
Die Bühnen dieser Welt gehn für alle klar /
waren nie Machobiotop und niemals nur für Männer da
y guarden para el futuro la siguiente frase
Los escenarios de este mundo son para todos
nunca fueron un machobiótopo ni sólo para hombres.”
Las experiencias de abuso de mujeres o FLINTA (siglas de Female, Lesbian, Inter, Nonbinary, Trans, Agender; en español: mujer, lesbiana, intersexual, no binaria, transexual, agénero) no se desestiman como una contradicción secundaria, como en tiempos pasados, sino que se hacen públicas y se convierten en escándalo. La influyente revista punk alemana Plastic Bomb participa, por ejemplo, en la plataforma PunkToo, que actúa siguiendo el modelo de MeToo. Una banda sonora central es la canción Touch me again (Tócame de nuevo) de Petrol Girls. Comienza con los versos “My domain, my temple and my territory, my pleasure” (“Mi dominio, mi templo y mi territorio, mi placer”) y termina con el mantra gritado y repetido muchas veces: “Touch me again / and I fucking kill you” (“Tócame de nuevo y voy a matarte”). La sensibilización por los derechos de todos está en el centro del nuevo movimiento punk joven. Se utiliza el lenguaje inclusivo, en los baños de hombres de los locales autogestionados hay tampones (para hombres trans) tanto como en los de mujeres si es que no hay directamente baños mixtos paritarios. Para evitar que las personas con experiencias de abuso se sientan provocadas, la mayoría de las bandas punk actuales piden en los conciertos que los hombres no se quiten las camisetas. La banda de Colonia Pogendroblem ha dedicado a esto una canción muy comentada, y muy odiada: Lass dein Shirt an (Déjate la camiseta puesta).
Lass dein Shirt an
Auch wenn du es nicht besser weißt
Keine Freiheit
Für neuen deutschen Männerschweiß
aunque no sepas lo que dices
No hay libertad
para el nuevo sudor masculino alemán”
Ante este trasfondo, no debería sorprender que los conflictos con los fans del punk de la vieja escuela sean inevitables y que, en esta década, estallen una y otra vez, no sólo en las redes sociales. Después de todo, una de las canciones más prominentes de Die Kassierer lleva el título abiertamente sexista: Mach die Titten frei, ich will wichsen (Sácate las tetas / quiero masturbarme).
Es cuestión de actitud
En los grandes festivales, las diferentes escenas se encuentran inevitablemente; fuera de ellos, cada uno permanece en sus propios espacios. El cisma es definitivo. Lo que queda son provocaciones mutuas y odio en internet. Bueno, ¿por qué al punk le iba a ir mejor que al resto de la sociedad? La guerra cultural que se libra en muchos frentes en esta década también se da en el punk. Y, como en el gran escenario, con un desenlace incierto. Terminemos con los versos de la banda de Colonia BSK, cuya canción Opa Punk (“Abue punk”) tiene un núcleo conciliador. Permitir cambios, mirar primero hacia uno mismo, aspirar a la ilustración. Un enfoque que hoy ya no es en absoluto evidente. En la canción suena así:[Punk ist] Keine Frage des Alters
Keine Frage des Geschlechts
Eine Frage der Haltung
Bitte bleib nicht du selbst
No es cuestión de género
Es cuestión de actitud
Por favor, no te quedes siendo tú mismo.”