Cuando el movimiento punk llegó a Montreal en 1977, encendió la pasión de un puñado de jóvenes cuyas vidas cambiaron para siempre. Uno de ellos fue Alan Lord, quien, a finales de los años setenta, formaba parte de manera activa de la escena punk de Montreal. Fue integrante de bandas como Vex, Marauders o Vent du Mont Scharr. En la década de las ochenta, organizó Ultimatum, un festival de música y poesía de vanguardia. Lord también hace una aparición en el documental "Mtl Punk — The First Wave" (2011) de Érik Cimons y Alain Cliches.
¿Cómo viviste el inicio del punk en Montreal?El punk realmente comenzó en Londres en 1976. Un año más tarde ya era un movimiento grande. Para nosotros, en 1976 todavía no había estallado. Todavía era muy aburrido. Pero en 1977 empecé a comprar discos de punk y a escucharlos en casa, como todos aquellos que después formaron parte del movimiento. Creíamos que éramos los únicos. Éramos los tipos raros porque todos nuestros amigos escuchaban a Emerson, Lake & Palmer o esas porquerías de rock progresivo. Pero en verano de 1978 yo empecé a tocar en una banda, Alan Lord & The Marauders. Mis compañeros me preguntaron: “Oye, ¿quieres venir a un concierto de punk rock en el centro [de Montreal]?” Y yo dije: “¿Qué? ¿Un concierto de punk rock en Montreal?” Por supuesto que fui. Ese verano ocurrió la gran irrupción del punk. ¿Qué te maravilló tanto del punk?
¡La energía! Como dije, en 1976/77, Montreal era una ciudad aburrida. Solo se escuchaba música hippie en la radio. Todos tenían el cabello largo, usaban sandalias y esa maldita ropa de campesino. Pero también había algunos de esos tipos raros: uno tenía el cabello verde y el otro un seguro de ropa en la cara. Y entonces en 1978 hubo un concierto en una tienda en el 364 de la calle St. Paul. De pronto, había un grupo de quizás cien punks. Para mí, eso fue como el cielo en la tierra.
¿Cómo se veía esa tienda en el 364 de la calle St. Paul?
Era un bar pequeño y discreto, un cuarto vacío. Recuerdo que había esculturas punk, como, por ejemplo, una guitarra destrozada en la pared; le habían vuelto a pegar todas sus partes. Era un absoluto caos, justo como debe ser el punk. No había escenario. La banda solamente había montado la batería. Todo era realmente caótico: verdadero punk.
Había bandas como The Widows, The 222s, The Normals y The Chromosomes. Esas fueron las fundadoras de la escena punk. Esa fue la que, en 1978, se llamó la “primera ola”. Yo me sumé a la segunda ola en 1979.
¿Alguna banda famosa se presentó en Montreal?
¡Sí, los Ramones! Por aquel entonces, yo dirigía la banda de un poeta/rockero muy conocido por aquí, Lucien Francœur, una especie de Lou Reed local. Un día, me dijo: “Alan, aquí hay un promotor. Quiere que seamos teloneros de los Ramones. ¿Te parece buena idea?” Y yo: “¿Me estás bromeando? ¡Esos son mis héroes!” Y así fue como conocí a mis héroes entre bastidores. Le tomé fotos a cada uno y a toda la banda junta — y luego las perdí todas. O mi ex las rompió y las tiró a la basura cuando nos separamos.
¿Pasaste tiempo también con los Ramones?
Después de nuestra presentación, regresamos directo tras bastidores. Ahí estaban los Ramones: Joey, Johnny y Dee Dee estaban ensayando intensamente con sus guitarras, pero sin amplificador. Y el baterista practicaba en el descansabrazo del sofá. ¡Estaban calentando como deportistas! Cuando vi eso pensé: “Wow, estos tipos son como atletas. Hacen calentamientos porque en el escenario tocan tan rápido.” ¿Y nosotros? Nosotros nos reíamos, fumábamos cigarros y bebíamos cerveza como idiotas. Entonces vimos por primera vez cómo lo hacían los profesionales. Lo cual, por el otro lado, fue raro porque, en realidad, estos tipos no se tomaban tan en serio el punk.
¿Conocías algo de punk alemán?
Mi banda favorita era Der Plan. Los conocí en 1980. Geri Reig era mi álbum favorito. Siempre lo escuchaba con mi amigo Mario Campo, un poeta punk de Montreal. Nos encantaba. También compré discos de D.A.F. (Deutsch Amerikanische Freundschaft). Pero no conocía muchas bandas de punk alemanas. Había escuchado de Die Toten Hosen, pero no demasiado. D.A.F. era raro. Estaba este tipo que tocaba un sintetizador distorsionado y una batería descabellada. El beat era genial. Y para mí, Der Plan era como… ¡diablos! Eran algo particular, como una especie de Frank Zappa del punk. Realmente interesante y muy variado. No entendíamos nada más que “Hans und Gabi”, pero lo amábamos.
En retrospectiva, ¿qué significó el punk para ti en ese entonces?
El punk era la búsqueda de libertad personal y el cuestionamiento de la autoridad. Yo ya era así antes, pero el punk lo puso todo con letras mayúsculas, similar a la actitud de Joe Strummer o del cantante de folk Billy Bragg. ¡Para mí era político!
¿Y hoy?
Siempre he tenido este espíritu rebelde. Siempre tengo ese impulso a provocar, a ser sarcástico, a cuestionar a la autoridad y a seguir siendo político.