Crítica cinematográfica mexicana al cine alemán punk  Decodificar el Punk: Decoder

Decoder © Decoder

Estrenada en 1984, "Decoder" es una película alemana de culto dirigida por Muscha y producida por Klaus Maeck, realizada en estrecha relación con la escena punk y underground de Alemania Occidental. Inspirada en los textos y teorías de William S. Burroughs, la cinta explora un mundo donde la música, los medios de comunicación y la tecnología funcionan como mecanismos de control social, mientras que el ruido, la experimentación sonora y la contracultura se convierten en herramientas de resistencia.

Allá en 1984 Decoder fue un milagro de película. Lo sigue siendo hoy porque demuestra que aún hay muchas “nuevas” películas viejas. A pesar de la nueva vida que le ha dado su reciente circulación, motivada por su remasterización digital y su copia a Blu-ray, se trata de una cinta que ha pasado por debajo del radar de muchos círculos cinéfilos. Verla se siente realmente underground. Una película que es casi un género en sí misma a pesar de que a veces se le asocie con las narrativas y estéticas Cyberpunk, la ciencia ficción u otras películas en donde la tecnología se convierte en arma biológica –pienso en Videodrome, del mismo año, de David Cronenberg–. Decoder es sobre todo, extensión de un movimiento: el punk y su ánimo de explosión contracultural espontánea.

Intentemos decodificar ese derroche de alaridos provocadores que en la película se organizan como música que puede zombificar a las masas o incitarlas al alarido revolucionario. La “revolución” que acostumbramos ver en el Punk (con mayúscula) es, a lo sumo, desorganizada. Lo es porque se trata de la respuesta gutural de descontento a situaciones que no resolvieron los grandes movimientos del siglo XX –la Revolución Rusa y el mayo del 68 por mencionar algunos– y cuya “ideología sin ideología” buscaba romperlo todo porque aún había ganas de salir a las calles.

Hoy, en el contexto del 25 Festival de Cine Aleman en México, dedicado a volver a ese gran estallido de demostración de fuerza en busca de otros mundos posibles –casi cualquiera menos el que hay– podemos ver en Decoder un caso peculiar de Historia escrita con luz y sonido, uno cuyo interés hoy es generado por lo auténtico que se sienten sus contenidos en el mundo del eterno e inacabable contenido artificial.

De película maldita a clásico de culto


Decoder tuvo su premier en la Berlinale del emblemático 1984… Y recibió malas críticas. Eso mermó sus oportunidades de distribución y pasaron dos años antes de reunir el dinero necesario para una corrida comercial en Alemania, la cual tuvo poco éxito. De forma limitada y mediante contactos del productor Klaus Maeck –con quien tuve la fortuna de comentar la película–, la cinta pudo verse en lugares como Los Ángeles, Nueva York y Milán, en presentaciones con mayor éxito. Por ejemplo, la película le dio nombre a una revista underground italiana y pudo verse también de forma “oficial” en festivales y a través de copias pirata en cine clubs y Music Clubs.

Maeck me contó que Decoder se entiende mejor y genera más interés fuera de Alemania –nadie es profeta en su tierra– y en los últimos años ha circulado con éxito en países como Japón en Asia y Perú y Colombia en Latinoamérica.

Tuvo una especie de “estreno” en México hasta febrero de 2024, cuando fue proyectada en el Cinematógrafo del Chopo como parte de un homenaje por el 110 aniversario del natalicio de William S. Burroughs, el Padrino del Punk. En ese momento Klaus Maeck (quien elaboró la historia, coescribió el guion, produjo, operó cámara en los disturbios de Berlín y luego editó) visitó la Ciudad de México y participó en su presentación.
F.M. Einheit, músico alemán, como F.M., protagonista de la película.

F.M. Einheit, músico alemán, como F.M., protagonista de la película. | © Decoder

Este pequeño evento cobra relevancia por lo siguiente: el Museo del Chopo (que alberga al Cinematógrafo) ha sido desde su fundación, en 1975, un espacio para las disidencias, de reunión e intercambio de ideas, donde se ejercita la práctica desobediente en sus distintas vertientes. Ahí, movimientos como el Punk pudieron crecer en la Ciudad de México, ya sea desde el albergue de la práctica museística dirigida a las juventudes alternativas, marginales y rebeldes, o en su vertiente más “comercial” con el surgimiento en 1980, del Tianguis Cultural del Chopo, donde los chilangos (forma coloquial de referirse a los residentes de la Ciudad de México) podían intercambiar y comerciar ropa, música, películas y cuanta cosa curiosa hubiese.

Hasta donde Maeck y yo estamos enterados, la primera proyección “formal” de la cinta en México se dió en ese epicentro de la cultura Punk institucionalizada del país, El Chopo. El Punk en México se ha nutrido, sobre todo, de las actividades disidentes de las periferias y el que Decoder haya encontrado un lugar de proyección en el ambiente universitario reciente, nos revela cómo la biografía de las películas no se agota.

Esa conexión Punk germano-mexicana (1984-2024) es un accidente de programación que da continuidad a la lógica de la cinta y del Punk en sí: descubrir mundos posibles de donde vengan y dejar que nos lleven a cualquier lado. Desde su creación, el filme se hizo posible gracias a esfuerzos y coincidencias que provocaron que la vida de Decoder no se agotara en los 80 y que desde el Punk existan dos contextos tan distintos hermanados por el descontento.

Punk, sabotaje mediático y revolución sonora

Partiendo desde el comienzo. El filme es incitado en conjunto por 4 personas clave: Maeck; Muscha, acreditado como director; Volker Schäfer, productor, guionista y editor; y Trini Trimpop, productor, guionista y editor. Desde dentro de la escena underground en Alemania parten de la idea de darle prolongación al Punk con un cine que interviene, se apropia y sabotea convenciones cinematográficas comunes, de ahí que la narración se torne confusa. Decoder es ante todo, una declaración política: en oposición a la producción industrial, se anima a la gente al complot y al Do it Yourself.
Maeck, que manejaba en ese entonces la primera tienda de discos Punk en Hamburgo a principios de los 80, escribía ya el guión de la película con el título provisional de Bürgerkrieg, guerra civil en alemán, que… sonaba mucho a una famosa cadena de comida rápida. El guion, inspirado en los escritos de William S. Burroughs –a quién había conocido y entrevistado un par de años antes– fue seleccionado por dos fondos cinematográficos alemanes que financiaron la producción. Comenzaron a filmar en el invierno de 1982.
Christiane Felscherinow como Christiana, como la novia de F.M., quien trabaja en un peepshow.

Christiane Felscherinow como Christiana, como la novia de F.M., quien trabaja en un peepshow. | © Decoder

Incluso antes de asegurar el dinero ya tenían material: dado que Burroughs estaría en Londres filmaron antes sus tomas aprovechando su presencia en Europa. Del mismo modo, en el verano de 1982 corrieron a Berlín para no perderse una serie de disturbios reales y poder integrarlos a la película. Eran las manifestaciones que desató la visita de Ronald Reagan a Alemania Occidental y los grabaron con cámaras de video y super-8, desde los balcones y a ras del suelo. Esta decisión le inyectó dinamismo y una dimensión estética más sucia al resto de la película. Ponían en práctica la técnica del cut-up de Burroughs: cortar textos en fragmentos y ordenarlos de forma aleatoria o semi aleatoria para crear un texto nuevo.

La fragmentación es esencial en Decoder, pues la información necesaria para seguir el hilo narrativo a menudo permanece velada, fragmentada y casi escondida. Decoder plantea un mundo en el que la información, cooptada por los medios de comunicación, presenta apenas fragmentos de realidad en imágenes casi aleatorias de las que es difícil discernir sentido. Ahí están las secuencias de los hombres viendo docenas de pantallas a la vez, ordenando la información para la práctica de acciones punitivas y de control. El sentido, por lo tanto, depende de la serie de órdenes que sean transmitidas mediante la música, lo que da una dimensión especial a la cinta, tanto formalmente como desde su realización.

Maeck usa su posición y contactos en el circuito musical para invitar a Genesis P-Orridge, Dave Ball y Soft Cell (menuda combinación de industrial y pop) a hacer música para la cinta. Contra todo pronóstico aceptan y es entonces cuando el concepto de muzak puede ser explorado a plenitud. Genesis P-Orridge, quien acabó con un pequeño papel en la cinta, fue la primera en sumarse al proyecto al enterarse de que Burroughs ya estaba dentro. Genesis ya conocía a Burroughs e intercambiaban cartas, por lo que su participación terminó por asegurar parte del elemento musical. El equipo también quería ese empuje pop que Soft Cell podría añadir y Maeck estuvo un par de días en Londres tratando de convencerlos. Al enterarse de que la película estaría inspirada en las ideas de Burroughs, los Soft Cell aceptaron colaborar sin cobrar. La música se grabó en Londres, en The Building Site, Chalfont St. Giles, famoso por su producción de muzak y electrónica.

El muzak o música ambiental en espacios públicos y comerciales que comienza a popularizarse desde la primera mitad del siglo XX, es en Decoder un mecanismo de control social. La lógica aquí es: contra una tecnología de control social, otra tecnología de liberación, el anti-muzak. El argumento de la cinta es una puesta en práctica de “The electronic revolution” (1970), el ensayo de Burroughs donde el uso de la tecnología y su capacidad de controlar mensajes es usada como arma de primera línea en la creación de disturbios. Dado que el texto de Burroughs hace tanto énfasis en el “montaje” de cintas e imágenes en movimiento para generar mensajes que se propagan como virus, el medio cinematográfico resulta bastante atinado.

Los “guerrilleros” en Decoder se mueven bajo una lógica cercana al hacking, pero en una época anterior a la cultura digital. F.M. –el protagonista interpretado por el destacado músico F.M. Einheit– desarrolla su propia versión del arma auditiva que usan los misteriosos villanos del filme y con ella incita a la movilización. El hacker de Decoder no necesita una computadora: sólo saber escuchar. Su intervención consiste en descubrir que detrás de un mecanismo aparentemente cerrado existen posibilidades de manipulación. El decoder es quien decodifica un mensaje, pero también quien descubre que ese mensaje puede ser alterado. Decodificar significa dejar de aceptar la superficie de las cosas como algo natural. Significa preguntar qué hay detrás y por eso el movimiento Punk está tan ligado a la cinta.

La Guerra Fría trajo también un ambiente de Fin de la Historia cuya banda sonora se alimentaba de música electrónica: el aparato que hace de lo orgánico algo mecánico, hasta la música. La década de los setenta con su radicalización política, la RAF (Fracción del Ejército Rojo radicalizada hacia la izquierda, también recordada como la banda Baader-Meinhof), la represión estatal y el llamado Deutscher Herbst de 1977, alentaron un nuevo tipo de conciencia política. En todo el mundo el Punk se presentó como una alternativa, a veces la única que ofrece el consuelo de reaccionar y no ser un agente pasivo.
En cierto sentido es difícil no ver en Decoder algo de la experiencia alemana con la RAF. Después de todo, el audio-mecánico como arma y el estilo guerrillero en la realización, beben de ese fuerte choque entre la vida bajo el asedio militar y la entrada a un estado más agresivo del capitalismo en la década de los ochenta y su hiperconsumismo.

En Decoder los soldados juegan videojuegos de guerra en el Arcade y esas imágenes se intercambian con material documental de asaltos militares. La experiencia es ahora una sola, el mundo que nos ataca nos entretiene a la vez. En la secuencia de los peep shows, además de sexo se consumen imagenes de extrema violencia en pequeñas pantallas. Lo que en su momento fue distópico hoy es el pan de cada día. Las experiencias orgánicas y mecánicas también se hacen una sola y las órdenes se transmiten tecnológicamente.

La vigencia de Decoder en el presente

Decoder, como la podemos ver hoy, demuestra la gran importancia de los archivos de cine y el circuito de exhibición alternativo alrededor del mundo. Una empresa estadounidense usó negativos y positivos resguardados por la Deutsche Kinemathek en Berlín en 2019 para masterizar la cinta, aunque un segundo trabajo de remasterización se hizo poco después. Al preguntarle a Maeck acerca de su inclusión en el Festival de Cine Alemán y su difusión por el Goethe-Institut de México, admite su sorpresa inicial por el interés de mostrarla en diferentes partes del mundo, así como un gran gusto por el renovado interés en su obra. El Goethe-Institut de Mexico plantea un nuevo visionado de Decoder como revisión contemporánea del Punk. Podemos tomar esta recuperación como la institucionalización de movimientos otrora contraculturales y periféricos, a la vez que como una buena oportunidad de rescate y divulgación de materiales que en su tiempo pasaron sin pena ni gloria. Hoy la cinta se ve magnífica y resulta especialmente provocadora, la prueba de fuego será observar qué hace esta nueva generación con materiales de este tipo, si los tomará de ejemplo o sólo los admirará por su atractiva estética “revolucionaria”.
  • Decoder
  • (Alemania Occidental, 1984)
  • Dirección: Muscha
  • Intérpretes: F.M. Einheit, William S. Burroughs, Genesis P-Orridge, Matthias Fuchs
  • Guion: Klaus Maeck, Muscha, Volker Schäfer, Trini Trimpop
  • Fotografía: Johanna Heer
  • Duración: 87 minutos.
Texto originalmente publicado en Fósforo UNAM a propósito del 25 Festival de Cine Alemán en México.