Durban 2011

Cumbre climática en Durban: No se ha logrado imponer un cambio de paradigma

Die Skyline von Durban; © Torsten Bothe - Fotolia.comRascacielos en Durban; © Torsten Bothe - Fotolia.comLa crisis del endeudamiento y el endurecimiento de los frentes en la precampaña presidencial en Estados Unidos han desplazado el tema del cambio climático de la agenda política. Mal presagio para la cumbre de Durban, en la que representantes de los estados miembros de la Naciones Unidas se reunirán entre el 28 de noviembre y el 9 de diciembre para discutir sobre la continuidad del Protocolo de Kyoto que expira a fines del 2012. Sven Harmeling, jefe del equipo de política climática internacional de la organización de lobbyista por la sustentabilidad y justicia medioambiental Germanwatch, nos entrega su visión de la cumbre en la siguiente entrevista.

Señor Harmeling, actualmente ya casi no se habla de protección del clima y limitación del crecimiento. Ambos conceptos formaron parte de la agenda a principio de julio en Berlín, durante las negociaciones, donde la canciller alemana Angela Merkel demandó un acuerdo de continuidad al protocolo de Kyoto y el ministro de medioambiente Röttgen puso en duda que en Durban se lograrían grandes avances. ¿Qué prioridad tiene hoy la cumbre climática en el orden del día de los gobiernos y a qué objetivos se apuntará?

Es evidente que en la actualidad, la reciente crisis –es decir la crisis financiera y del endeudamiento- concentra una gran parte de la atención política. Pero no podemos permitir que esto nos lleve a seguir hundiéndonos en la crisis climática y energética que tenemos frente a nuestros ojos. De hecho en Alemania, a pesar de la crisis financiera, se está llevando a cabo una seria e irreversible revolución energética, en la cual la política, la economía y la sociedad deberán actuar mancomunadamente si no se quiere que esta entre a la historia como un proyecto fracasado, lo que sería fatal para la protección climática internacional.

Lo que está en juego en Durban es, por una parte, la concreción de los acuerdos de la última cumbre climática del año pasado en Cancún, por ejemplo en relación al Green Climate Fund o a otras instituciones en las áreas de adaptación al cambio climático y tecnología. El gran tema, sin embargo, es crear una base amplia para la gestión climática, que dé real cuenta de la situación actual. Un elemento central de esto es un segundo periodo de obligatoriedad para Kyoto –y aquí Estado Unidos juega un rol clave-, pero esto solo tendrá un efecto real sobre el clima si va acompañado por un mejoramiento del protocolo y mayores obligaciones para Estados Unidos y los países emergentes. Paralelamente, deben sentarse las bases para una pretensión más ambiciosa en materia de protección climática, puesto que los plazos para ello se vuelven cada vez más estrechos.

Cambio de paradigma en la política climática europea

Cop17-Logo; © UNOEn EEUU, la precampaña electoral ya prácticamente comenzó, y como puede escucharse, las energías limpias se han transformado en una "palabra sucia". El lema es: nada de cargas adicionales para la economía en tiempos de amenaza de recesión. A partir del resultado de las encuestas -según las cuales más de la mitad de los estadounidenses pone en duda el calentamiento global e incluso algunos potenciales candidatos presidenciales niegan el cambio climático- la comisaria para asuntos climáticos de la UE se ha mostrado pesimista en relación Durbán. ¿Hay razones para ello?

En efecto Estados Unidos es actualmente un gran problema. Las expectativas de que se produjera un cambio en términos de política climática durante el gobierno de Obama no se han cumplido, la polarización política general del país se expresa de manera especialmente aguda en el tema climático. Por otro lado, cada vez se vuelven más fuertes las voces que ven en la renovación ecológica-económica, por ejemplo en el sector energético, la única posibilidad de resistir al desplome político y económico. De alguna manera, se está llevando a cabo actualmente una lucha cultural político climática. Algunos estados federados han dado en los últimos meses señales positivas. A nivel internacional, en el mejor de los casos, podría esperarse el logro de acuerdos significativos, si los países emergentes dieran pasos más grandes. Una pregunta que aquí se plantea es en qué medida uno debe fortalecerse colectivamente por medio de una coalición de los estados más avanzados en materia medioambiental sin esperar a los rezagados, lo que no quiere decir, sin embargo, que se los excluya.

¿Considerando las estrecheces financieras, qué objetivos son realistas para los europeos?

Sven Harmeling; © privatEl cambio de paradigma, en el sentido de que la protección climática puede ser un motor para la renovación ecológica y económica de Europa, es algo que ya está en marcha, aun cuando no ha logrado imponerse en todas partes. Solo así se explica que una y otra vez se plantee la pregunta de si Europa está en condiciones de ambicionar más en materia de política climática. La pregunta, en realidad, es si está en condiciones de permitirse la cobardía de que los eventuales perdedores de una modernización de este tipo frenen este proceso y seguir moviéndose en una gran dependencia de las importaciones energéticas. De lo que se trata es más bien de re direccionar las inversiones, de lograr un estándar dinámico de eficiencia energética y de la ampliación de las energías renovables, y no solo de que los gobiernos tengan que hacer grandes desembolsos de dinero.

El ministro de investigación alemán presentó hace poco un informe interdisciplinario sobre las posibilidades y los riesgos de una reparación del cambio climático a través de Climate Engeneering. ¿Sería eso quizá una alternativa?

Parece una gran presunción pretender intervenir en el sistema climático de por sí complejo, en vez de apostar a soluciones relativamente simples desde el punto de vista técnico al problema climático, básicamente en orden a modificar nuestra infraestructura energética. La ciencia dice claramente que las consecuencias de tales intervenciones son difícilmente previsibles. Además, ese tipo de tecnologías encierran un gran riesgo de abuso político militar. Lamentablemente, siempre hay actores que solo pueden pensar soluciones a gran escala. Pero, como ya lo demostró la energía atómica, este tipo de soluciones no son ni las más favorables ni las más seguras.

Sven Harmeling, nacido en 1977, estudió Geografía, Ciencia Política y Economía medioambiental y de recursos en Bonn, Hannover y Viena. Trabajó en el Instituto del clima, el medioambiente y la energía de Wuppertal y desde 2005, trabaja para Germanwatch. Harmerling ha participado en numerosas cumbres climáticas de las Naciones Unidas y dirige desde septiembre de 2011 el equipo de política climática internacional de Germanwatch. Desde 2008, es coordinador, además, del grupo de trabajo para la adaptación en la Climate Action Network International y desde 2009, vocero de Klima-AG, organización que agrupa a las ONGs alemanas del sector de política para el desarrollo (VENRO).
Roland Detsch
hizo las preguntas. Detsch es periodista y autor free lance en Landshut y München.

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Noviembre 2011

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