“Repatriados” Intersecciones eternas entre culturas diferentes

“Repatriados”
“Repatriados” | Foto: Colourbox

Quien vuelve a su país de origen después de un largo período de ausencia, trae consigo la experiencia de una vida entre distintos lugares, tiempos, culturas y modos de vida.

Silvia, Alexandra, Marcelo y Frederico: estos cuatro brasileros comparten un denominador común: abandonaron Brasil para vivir en otro país, pero regresaron en los últimos años. Por lo visto, no fueron los únicos brasileros que tomaron esa decisión. De acuerdo con el censo de 2010, realizado por el Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE), la cantidad de “repatriados” se duplicó respecto a 2000.

En el mismo sentido, el Ministerio de Relaciones Exteriores estima que la cantidad de brasileros en el exterior ha caído un 20% entre 2008 y 2013 y se redujo tres millones a cerca dos millones quinientas mil personas. “Entre los factores que ayudan a explicar este fenómeno está la recesión que sufrieron Europa, Estados Unidos y Japón a partir de 2008, justo cuando Brasil comenzaba a vivir un buen momento económico”, explica el diplomático Amintas Angel Cardoso Santos Silva, de la División de Comunidades de Brasileros en el Exterior, perteneciente al Ministerio de Relaciones Exteriores.

Con él concuerda la empresaria brasilera Silvia Belucci Lucchi, que está casada con un holandés y vivió en Rotterdam entre 1995 y 2005. “La buena situación de Brasil, sumada a la crisis europea, fue el factor preponderante a la hora de retornar al país”, dice ella. En general, la añoranza de la familia y de los orígenes es un elemento importante cuando se elabora un plan de retorno. En el caso de Belucci Lucchi no fue diferente. En esa época, la única hija del matrimonio tenía cuatro años y la empresaria vio la oportunidad de alfabetizar a la niña en portugués. “Mis raíces están aquí”, afirma. “Además de eso, la oferta para volver a Brasil resultaba un desafío. Vivir en un país tan organizado como Holanda tiene sus ventajas, porque la infraestructura funciona, pero sentía la falta de ese aspecto imprevisible, que tiene Brasil. Me parece más estimulante.”

Juventud, dinero, aventura

El retorno es un tópico reciente en el flujo migratorio brasilero contemporáneo. En el siglo XIX, el país recibió inmigrantes de países como Italia y Japón. Al final del siglo XX, a partir de los años setenta, el sentido se invierte y los brasileros comienzan a emigrar a los Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón, en busca de mayor estabilidad financiera. “Muchos brasileros vinieron a Inglaterra en los años noventa y a comienzos de 2000”, afirma el guionista Marcelo Starobinas, que investigó el tema para co-escribir el guión del film Jean Charles (2009), sobre el electricista brasilero Jean Charles Menezes asesinado injustificadamente por la policía británica en el metro de Londres. “Jean Charles era como la mayoría de ese grupo de inmigrantes brasileros: un joven que quería ganar dinero y vivir una aventura”.

Starobinas también es un “repatriado”. En 2003, cuando todavía trabajaba de periodista, entró en el servicio brasilero de la BBC en Londres y se quedó en Inglaterra hasta el 2009. Después ganó una beca para estudiar cine en Nueva York, donde se vivió tres años. “Una de las condiciones de la beca era regresar al país natal después del curso, y para mí también era el momento de volver: extrañaba Brasil y mis padres ya estaban envejeciendo.” Starobinas también vislumbraba un campo de trabajo más promisorio en Brasil. “Es difícil competir afuera con los guionistas estadounidenses e ingleses, que escriben en su lengua materna y crecieron en esa cultura. ¿Qué habría pasado si me hubieran elegido para escribir Downton Abbey (una serie sobre una familia aristocrática inglesa y sus criados a comienzos del siglo 20)?”, bromea. “Hoy, el mercado del cine y de la televisión tiene en Brasil mucho incentivo público y hay pocos guionistas. Esto sin contar que aquí puedo trata temas capaces de provocar una reflexión sobre nuestra propia sociedad”, agrega.

Identidades fortalecidas

Según Starobinas, esa percepción intercultural debe mucho al tiempo que vivió en el exterior: “En Brasil puedo ser definido como judío, hincha de determinado equipo de fútbol o habitante de determinado barrio. Afuera, era definido como brasilero y eso terminó fortaleciendo mi identidad en relación con Brasil”.

La fisioterapeuta Alexandra Silveira Wakahara, que pasó ocho años en Alemania y ahora vive en Río de Janeiro, comparte la misma impresión. “En Alemania conocí gente de varios países, lo que aportó a mi comprensión cultural del mundo. Entendí que soy brasilera, que tengo raíces y referencias ligadas a mi país”, dice ella. “Cualquier adaptación a otro lugar es compleja. En mi caso, tuve que aprender un idioma y me llevó dos años conseguir un trabajo. Fue duro”, recuerda.

Entre dos culturas

“El choque cultural es enorme para los inmigrantes” observa el diplomático Santos Silva. “Los códigos de las relaciones humanas cambian de país a país”. El director de marketing Frederico Battaglia lo experimentó en su piel durante los once años que vivió en Italia, Inglaterra y Portugal. “A diferencia de Brasil, el transporte y la educación pública en Europa funcionan, pero allí el trato personal es más frío y distante”, cuenta. “El período que pasé fuera fue bueno para entender otras culturas. Para los italianos, por ejemplo, el momento de la comida es sagrado y queda mal acordar una reunión para la hora del almuerzo”, recuerda Battaglia.

Quien vuelve también experimenta un choque cultural en el propio país. Como señala el informe de la Organización Internacional de Migraciones, los “repatriados” viven entre dos lugares, entre dos tiempos, entre dos modos de ser y entre dos culturas. Para minimizar el impacto de la llegada, el Ministerio de Relaciones Exteriores lanzó en 2007 el “Portal del Retorno”, un sitio web con consejos para facilitar la readaptación de los brasileros a su tierra natal. “Pienso que para esos brasileros el regreso a Brasil puede ser más traumático que su llegada al país extranjero”, analiza Santos Silva. “La razón es que muchos de esos inmigrantes vuelven con una visión del Brasil de muchos años o incluso décadas atrás, y el país cambió mucho en el último tiempo. Será como si esas personas estuvieran llegando a otro país extranjero y deberán volver a aprender a vivir aquí”, concluye el diplomático.