Arte de protesta Arte en tiempos de Instagram

1000 figuras | Acción artística performativa en la Cumbre del G20 en Hamburgo | julio de 2017
1000 figuras | Acción artística performativa en la Cumbre del G20 en Hamburgo | julio de 2017 | Foto: Andra Ruester

El compromiso político no siempre se percibe como algo positivo en la escena del arte. A veces, el compromiso con algo bueno se descarta como “arte de servicio” o simplemente como “bien intencionado”. Las imágenes se crean para despertar la atención de los medios y para ser publicadas.

Un día antes de que los líderes de los 20 principales países industrializados y emergentes se reunieran en julio de 2017 en la cumbre G-20, mil figuras cubiertas de barro se movían en cámara lenta a través del casco antiguo de Hamburgo. “Se supone que las mil figuras encarnan una sociedad que ha perdido la sensación de que otro mundo es posible”, se explica en el sitio web de la acción artística. Con mirada vacía, algunas figuras caminaban sobre otras que habían caído al suelo, exhaustas. Después de aproximadamente 90 minutos vino la redención. Las figuras grises se arrancaron la ropa del cuerpo, se ayudaban mutuamente, se abrazaban y bailaban juntas, ahora coloridas y alegres, por las calles. Final feliz.

1000 figuras | Acción artística performativa en la Cumbre del G20 en Hamburgo | julio de 2017 1000 figuras | Acción artística performativa en la Cumbre del G20 en Hamburgo | julio de 2017 | Foto: Andrea Ruester En la vida real no es tan fácil. Pero podría serlo si todos participaran. Este es aproximadamente el mensaje de la acción de protesta. Cuán mal esto funciona realmente se pudo ver en los siguientes días: personas enmascaradas atravesaron las calles de Hamburgo, volaron piedras, petardos y botellas, se emplearon gases lacrimógenos, cañones de agua y porras, se elevaron barricadas, se rompieron ventanas y se prendió fuego a coches. Hubo numerosos lesionados y cientos de arrestos. Pero al menos hubo bellas imágenes de las “1000 figuras” para Instagram, comentaron algunos maliciosamente. Pues, por supuesto, el performance del grupo también se organizó para ser publicado en Instagram. 1000 likes para el arte de protesta.

¿Protestar para gustar?

¿Qué es el arte en tiempos de las redes sociales? ¿Un “like”? ¿Una provocación? ¿Se instrumentaliza el arte para garantizar atención a sus creadores? ¿Puede el arte ayudar en una crisis política o se lleva ella misma a una crisis, en la medida en que arte se confunde con accionismo?

Al menos uno cosa no se le puede reprochar a muchos artistas: ser apolíticos y mantenerse al margen. El año pasado, Wolfgang Tillmans, ganador del Premio Turner, diseñó carteles con los que advertía a los británicos frente a un abandono de la UE. Publicó los carteles en la red, era posible descargarlos, imprimirlos y colgarlos. “What is lost is lost forever” (“Lo que se pierde se pierde para siempre”), se leía en uno de los carteles de protesta.

La campaña anti-Brexit de Tillmans se volvió viral cuando el actor de James Bond, Daniel Craig, usó uno de los motivos en una camiseta y envió una foto a Tillmans, el cual a su vez la compartió en Instagram. Tillmans se entiende a sí mismo como un amplificador; las redes sociales hacen que su voz sea aún más fuerte, mientras que él enfatiza el poder de sus argumentos y su contenido. “Ningún hombre es una isla. Un país no existe en sí mismo”, se lee en la camiseta de Daniel Craig. Debajo: “Vote Remain” (“Vote por permanecer”). Así como para el artista solo podía haber una opinión sobre el Brexit, para la campaña de Tillmans casi solo hubo aprobación. Él actuó de manera reflexiva y tenía una meta, a saber, la ilustración y la movilización de los votantes.

No hay protesta sin espectáculo

La acción de Tillman es una rareza. No hay protesta sin espectáculo: así se podrían resumir las acciones de los últimos tiempos. Hubo intensas discusiones, controversias y, en ocasiones, duras condenas sobre lo que a los artistas se le había ocurrido. Sobre todo a Ai Weiwei y el “Zentrum für politische Schönheit” (“Centro para la Belleza Política”) en Alemania. Ai Weiwei usa una foto y se acuesta en la playa como el ahogado Aylan Kurdi, de tres años. Demasiado llamativo, demasiado oportunista, demasiado cínico, en breve: un escándalo. Esto se podía leer en las reacciones en la red. El “Centro para la Belleza Política” anunció que refugiados serían comidos por los tigres en Berlín si no se abolía la ley que prohíbe transportar a personas sin permisos de migración. “Nuestra opinión sobre #fluechtlingefressen: la acción es cínica y se construye sobre las espaldas de los vulnerables”, escribió el Ministerio Federal del Interior alemán en Twitter. Una escalación buscando la máxima atención.

¿Arte como servicio?

Las discusiones en el mundo del arte son controvertidas: Wolfgang Ullrich está seguro de que la acción artística política no es la mejor forma de protesta. Teme que los frentes tiendan a endurecerse. Kia Vahland ubica la responsabilidad en nosotros, el público de los artistas: “Los fabricantes ofrecen arte como servicio, venden una conciencia, como los fabricantes de bolsitas de té, que venden sus productos impresos con aforismos sabios”. Y Julia Voss reacciona a la acusación de que artistas como Ai Weiwei instrumentalizan la miseria de los refugiados para sus propios fines. La historia del arte, escribe, está llena de ejemplos en los que el compromiso político llevó al fracaso profesional.

Sin importar de qué modo uno quiera clasificar las acciones individuales de arte político, los artistas en todo caso han logrado lo que les interesaba: impulsar la discusión sobre problemas políticos actuales.