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“The Days Between”, Maria Speth
Cine alemán para el verano

Fotograma de “The Days Between” von Maria Speth, 2001
Fotograma de “The Days Between” von Maria Speth, 2001 | © Peripher

Revisamos la ópera prima de la directora, una historia de amor parca en palabras.
 

De Miguel Muñoz Garnica

Seamos precisos: hemos seleccionado la opera prima de Maria Speth como película de verano, pero en puridad hablamos de una obra de entretiempo. Las primeras sandías en las tiendas o las mangas cortas entre los transeúntes son indicios del estío, pero no su confimación. Por tanto, una película que anuncia el verano. Su mismo título apunta al estado de transición hecho atmósfera –además de entre estaciones, es un filme atrapado entre el día y la noche –. De ahí la imagen de apertura, un primer plano del rostro Lynn (Sabine Timoteo) escindido en dos reflejos y cubierto de una capa cosmética que se enjuaga. La duplicidad y la caída de la máscara queda anunciada.

Fotograma de “The Days Between” von Maria Speth, 2001 Fotograma de “The Days Between” von Maria Speth, 2001 | © Peripher

Vistas

Ahora bien, el siguiente plano añade un matiz fundamental. Sucede que no volveremos a tener esa cercanía tan radical al rostro de Lynn en toda la película. Y que de un plano de recogimiento y silencio pasamos, por simple corte, a otro que abre la perspectiva para situar a Lynn en un entorno que, de pronto, también suena. Las notas machaconas de la música electrónica invaden la imagen, y enseguida entra un montaje sintético de la vuelta a casa de nuestra protagonista. Speth enuncia con estas estampas paisajísiticas desde bien pronto – salvando ese engañoso plano de apertura – dos cosas. Una, la permeabilidad entre personaje y ciudad. La otra, un sentido de la elipsis que no termina de romper la continuidad espacial o temporal – entendemos fácilmente que siempre acompañamos a Lynn, que no pasan demasiados días, que nunca salimos de Berlín…–, pero que sí nos priva de una continuidad narrativa. Esto es, las circunstancias vitales y la significación de los acontecimientos que vemos los procesamos mediante intuiciones muy rápidas.

Fotograma de “The Days Between” von Maria Speth, 2001 Fotograma de “The Days Between” von Maria Speth, 2001 | © Peripher

Crear la comunicación

Se compara mucho a The Days Between con el minimalismo asiático de los noventa, y desde luego hay puntos en común. Como (por poner un referente claro) Tsai Ming-liang, la cineasta se centra en comprender a sus personajes como seres moldeados por espacios y ritmos que les vienen de afuera, y no como criaturas sobre las que podamos construir un sentido biográfico-sentimental. A diferencia de Tsai, eso sí, los planos y escenas de Speth tienden a la concisión, a la acumulación que alcanza asociaciones de montaje muy expresivas aun entre planos muy distantes entre sí en el metraje.

Es más, The Days Between no se contenta con suspender la continuidad narrativa tradicional, sino que apunta contra la lengua misma al juntar a dos personajes que a duras penas hablan el mismo idioma. Desde esta hipersensibilidad a los espacios, lo que la película nos da a mirar es un romance que inventa, quizá para nosotros antes que para nadie más, su propia comunicación. Y que cuando acaba el entretiempo para descubrir que una canción de Brian Eno puede decir un «te quiero», acaba también la película.

 

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