Sobre la participación y la cooperación en los museos Si es para mí, no puede ser sin mí

Museo Foro de los Pueblos, Museo Etnológico de los Franciscanos, Werl. Los monjes benedictinos dirigen en el sur de Tanzania una institución formativa para talladores de madera; los encargos en enfocan principalmente en motivos cristianos
Museo Foro de los Pueblos, Museo Etnológico de los Franciscanos, Werl. Los monjes benedictinos dirigen en el sur de Tanzania una institución formativa para talladores de madera; los encargos en enfocan principalmente en motivos cristianos | Foto (detalle): Uta Poss © picture alliance/Presse-Bild-Poss

Los museos en África deben repensar de manera urgente su papel como centros de transmisión de conocimiento y de diálogo, a la vez que toman en cuenta las tradiciones, deseos y expectativas de las comunidades para las cuales diseñan su oferta. El renombrado arqueólogo y ex director del Museo Nacional de Kenia, George Abungu, habló con “Latitudes” sobre la necesidad de desarrollar nuevos enfoques para la configuración de los museos en el Sur global.

Algunos etnólogos y etnólogas, así como historiadores e historiadoras, han afirmado que el concepto del museo moderno le resulta ajeno a África, y que los museos africanos fueron creados por los gobiernos coloniales no para la conservación de las culturas locales, sino para establecer perfiles de las comunidades indígenas que las dividieran y permitieran que se les dominara más fácilmente. ¿Cuál es su opinión al respecto?

 
Es cierto que los colonizadores crearon los primeros museos en África, así como el concepto museal que hoy conocemos, y que los diseñaron para servir a sus propios intereses. Después de la independencia, algunos países africanos establecieron museos con misiones educativas especiales, por ejemplo, resguardar la memoria de la liberación del dominio colonial, o preservar elementos culturales de comunidades específicas. No obstante, éstos fueron casos individuales, y el trabajo en tales museos con frecuencia estaba sujeto a influencias políticas. Los museos más grandes siguieron obedeciendo las normativas impuestas durante la era colonial y concedieron poca consideración a los intereses de las comunidades locales. Las estrategias para presentar sus colecciones no eran participativas, y las y los visitantes no podían establecer una relación con los programas y las actividades de los museos. Los museos eran vistos, sobre todo, como lugares para exhibir al “Otro”, es decir, a los nativos, quienes no tenían ni voz ni voto en cuando a la forma en que se les retrataba y se les describía. Muchos de los museos eran como torres de marfil, en las que científicas y científicos del Norte global podían estudiar los objetos colectados por las y los investigadores, etnólogos y viajeros de la era colonial. Sin embargo, hay que reconocer que los museos en África están haciendo esfuerzos por redefinir su papel y su imagen. Pero queda mucho por hacer.

Sin un significado o un contexto bien definido, los bienes culturales pueden perder su valor. Algunos de los artefactos culturales de las antiguas colonias llevados a los museos del Norte global fueron arrancados de su contexto, y se les exhibe sin tomar en cuenta el significado que estos objetos revestían en sus comunidades de origen. ¿En su opinión, qué se debe hacer para cambiar esto?

 
La exposición de bienes culturales de las ex colonias en museos del Norte global resulta muy controvertida. En mi opinión, no existe una sola respuesta a la pregunta de cómo nos debemos comportar al respecto. En el Norte, las y los curadores tienen mucho poder: interpretan el significado, exhiben los objetos y le presentan a la opinión pública las exposiciones elegidas. En el Sur, este enfoque a muchos nos parece problemático. Existen exposiciones sobre nosotros, en las que nosotros no participamos. En este contexto, la respuesta es muy simple: Si es sobre mí, no puede ser sin mí. Si lo están haciendo para mí sin mí, entonces están contra mí. Si quieren presentarme a mí y a mi legado cultural en una exposición, entonces los tengo que asesorar yo. Visto así, la respuesta breve es: co-curaduría.
 
Otra pregunta sobre el mismo tema. Ha habido demandas de que se restituyan de manera incondicional a sus países de origen los artefactos culturales que fueron robados o adquiridos ilegalmente en las antiguas colonias y que hoy son expuestos en museos occidentales. Quienes se oponen a una restitución de este tipo arguyen que en algunos de los países de origen no existe la infraestructura que pudiera garantizar la seguridad de los objetos. ¿Quién debería fijar las condiciones para una restitución?

 
Desde mi perspectiva, se entendió mal la cuestión de la restitución. Quiero ser muy claro a este respecto: restitución o “devolución” no significa que todos los museos en el Norte sean saqueados y que se devuelvan a sus lugares de origen todos los objetos adquiridos de manera ilegítima. Aunque se justifique la exigencia de una restitución, seguramente hay también otras formas de manejar los bienes culturales robados. No obstante, es importante enfatizar que es nuestro derecho exigir la restitución de estos objetos. Imagine usted que alguien va a su casa y toma su propiedad, ya sea a través del uso de la violencia o sin que usted se dé cuenta. Después, usted encuentra sus cosas y la persona que las tiene admite que le pertenecen a usted. ¿Cuál sería en este caso el procedimiento adecuado? ¿No lo sería la devolución de estos objetos? ¡La respuesta es obvia! El hecho es que ningún museo en el Sur global está exigiendo la restitución de todos los objetos robados. Lo único que quieren es que se les restituyan los objetos que poseen una profunda importancia simbólica o cultural en sus comunidades de origen.


 


El argumento de los opositores a una restitución de que los países africanos y los museos en el Sur global no disponen de la capacidad para ocuparse de los bienes culturales restituidos carece de todo fundamento. Cuando estos objetos fueron robados, se encontraban al cuidado de las comunidades y en buen estado. ¿Entonces, cómo puede ser que estas mismas comunidades reciban como respuesta a su demanda de restitución el que no disponen de las instalaciones necesarias para conservar justamente esos mismos objetos? ¡Es el colmo de la hipocresía!

En el curso de la globalización el legado cultural material e inmaterial se van a seguir moviendo también más allá de las fronteras y los continentes. En vista de esto, ¿existen aspectos del legado cultural que estén en riesgo de desaparecer? ¿Cuál sería el modelo ideal para la preservación del legado cultural?

El legado cultural es dinámico, no estático. Si no se mueve, muere. Está cambiando de manera continua. Por eso, prefiero el concepto de “protección” al de preservación. Claro que hay ciertos objetos que se deben preservar para conservarlos en un cierto estado. Pero desde el punto de vista de la conservación, me parece que el concepto de la protección resulta más adecuado. Piense, por ejemplo, en la música: cuando la gente va de un lugar a otro, es posible que sus canciones y sus estilos musicales se modifiquen debido a la influencia de nuevos elementos y formas de interpretación. Entonces, nosotros, como conservadores, no creemos que la globalización amenace a nuestras culturas. Es un hecho que la interacción entre las culturas contribuye a su desarrollo. Nosotros apoyamos a todas y todos los creadores culturales a que produzcan la mayor cantidad posible de obra, para que sus culturas se sigan desarrollando.

Usted habló de las alternativas para la restitución, o de nuevos enfoques museológicos, que pueden contribuir a fortalecer la función social de los museos. ¿Podría mencionar algunas de esas alternativas?

La restitución es sólo un elemento en un discurso más amplio sobre el papel de los museos y de los nuevos conceptos en el trabajo de los museos. En mi opinión, nos hemos detenido tanto en el tema de la restitución, únicamente porque en el Norte global existía el temor de que pudiera perder mucho de lo que habían tenido por años en su poder. El elemento central que, en mi opinión, podría lograr mucho más, es la cooperación. La restitución es sólo un pequeño aspecto de la cooperación entre los museos en el Norte global y en el Sur global. Lo prioritario debería ser el intercambio de ideas. Nos deberíamos ocupar no sólo de lo material, sino también de los aspectos inmateriales y preguntarnos: ¿cómo podemos compartir nuestro conocimiento? Yo abogo por una ampliación de la cooperación entre los museos en África y en otras partes del Sur global. Estos museos tienen muchas afinidades, podrían ganar mucho de un intercambio recíproco de experiencias e ideas, y desarrollar estrategias conjuntas que beneficiaran al continente africano. Mi sueño es tener museos que sean lugares de interacción y de diálogo, que ofrezcan plataformas para el encuentro de culturas de todas partes del mundo. Y los museos del Norte global deberían asumir el papel de precursores, puesto que disponen de mayores recursos y están mejor equipados para ello.
 
La entrevista completa la puede escuchar aquí:
 
Profesor George Abungu: Nuevos conceptos museológicos en el Sur global