Un punto culminante dentro de un género con una historia problemática que, en Alemania, incluso hoy en día, lucha con los fantasmas del pasado y se debate con la pregunta: ¿Cómo narrar el horror de la guerra sin crear falsos héroes?
La guerra como espectáculo
Ya en la República de Weimar, el austriaco de nacimiento Georg Wilhelm Pabst busca en su primera película sonora Frente occidental 1918 (Westfront 1918, 1930) un lenguaje adecuado para el horror de la Primera Guerra Mundial. Contada de manera coherente desde la perspectiva de soldados rasos, el drama de Pabst termina en un hospital de campaña. “Todos tenemos la culpa”, dice Karl, uno de los protagonistas alemanes. Son sus últimas palabras. Más tarde, el soldado francés que yace a su lado toma la mano del muerto diciendo “Camaradas, no enemigos”. El “¡¿fin?!”, intercalado entre estruendos de artillería, eriza la piel aún hoy. No es de extrañar que este pacifismo radical fuera tan sospechoso para los nacionalsocialistas en ascenso que pronto hicieron desaparecer la película. Pabst dijo en retrospectiva que lo que le interesaba era la “deshumanización en la guerra de trincheras”, no el heroísmo sacrificial. Pero, poco después, la propaganda nacionalsocialista se basaría precisamente en esto. Propaganda épica de resistencia como Stukas (1941) o Los sitiados (Kolberg, 1945) escenifican la guerra como espectáculo y alimentan la obsesión por los héroes.Tras el fin la obnubilación, en los años de la posguerra las armas guardan silencio primero en las pantallas. Las “Películas de escombros” de todas las zonas de ocupación se centran en los que retornan, en la culpa, la complicidad y la vida cotidiana en la Alemania destruida. Comienza, aunque con timidez, la confrontación con el pasado nacionalsocialista, sobre todo en el Oeste.
Finalmente, Bernhard Wicki logra en 1959 romper el tabú: El Puente (Die Brücke), basada en la novela autobiográfica de Gregor Dorfmeister, muestra a los jóvenes como víctimas seducidas y sacrificadas. Hasta hoy, El puente se considera una de las más impresionantes películas alemanas de la posguerra. Entre sus numerosos premios figuran un Globo de Oro a la mejor película extranjera y una nominación al Óscar en la misma categoría. “Quería hacer una película absolutamente antibélica”, dijo Wicki a la NDR (Radiodifusora del Norte Alemán). “Podría surgir un nuevo flautista de Hamelín”.
Datos curiosos, música y premios
- El puente (1959) ganó el Globo de Oro y la Cinta de Oro. Ver esta película es una actividad obligatoria en la enseñanza escolar en muchos países.
- O.K. (1970) condujo al legendario “Escándalo de la Berlinale” y la cancelación del festival. Consecuencia: una reforma fundamental de la estructura de la Berlinale. Desde 1971 se introdujo un comité de selección internacional para evitar influencias políticas.
- El tambor de hojalata (1979) recibió la Palma de Oro y el Óscar, hasta hoy el único doblete alemán en la historia.
- El tambor de hojalata fue temporalmente prohibido en Oklahoma, EE.UU. por considerarse “peligroso para los jóvenes”; un escándalo internacional de censura.
- El submarino (1981) fue nominado a seis Óscares, récord para un filme alemán. La producción costó unos 32 millones de marcos alemanes, la más cara hasta entonces.
- La música de Klaus Doldinger para El submarino se convirtió en un clásico y luego fue reinterpretada por el DJ de techno U96; es un caso raro donde una banda sonora bélica pasó a la cultura pop.
- Stalingrado (1993) se filmó parcialmente en Noruega para captar las condiciones gélidas del frente oriental. Considerada una de las películas bélicas alemanas más brutales, generó debates sobre cuán “razonable” fue.
- Sin novedad en el frente (2022) ganó cuatro Óscares. Volker Bertelmann (Hauschka) ganó el Óscar a Mejor Música, apenas el segundo compositor alemán en lograrlo luego de Franz Waxman.
Ese mismo año, el cineasta Wolfgang Petersen hizo “estallar la historia” con El submarino (Das Boot), como él mismo dijo después. “La película muestra a personas que no figuran en ningún libro de historia. Muestra a personas que soportan dolores indescriptibles, personas contra las que se cometieron crímenes en nombre de una ideología”. El claustrofóbico drama del submarino se sumerge en una zona gris moral que no muestra ni nazis ni héroes, sino “hombres normales” según Petersen. La película alemana más cara hasta entonces recibe, entre otras, seis nominaciones al Óscar. No es de extrañar que el director pasara del Arthouse europeo a la liga de los blockbusters en Hollywood. Allí, gracias a producciones como En la línea de fuego (In the Line of Fire, 1993), lo celebraron como el “Michael Bay alemán con cerebro”.
Unos doce años después, Joseph Vilsmaier se aventura en otro campo minado. Con Stalingrado (1993) rueda la primera gran película alemana sobre el frente oriental desde 1945. Filmada en parte bajo condiciones árticas en Noruega, muestra la decadencia física y moral de las tropas. Ilustra de manera drástica la batalla en el invierno de 1942 a 1943, que causó alrededor de 1,5 millones de víctimas en ambos bandos. “La épica película de guerra de Joseph Vilsmaier llega tan lejos como puede un filme llegar para representar la guerra moderna como una forma nauseabunda de asesinato en masa”, escribe el New York Times. Hasta hoy, este infernal viaje cinematográfico es controvertido. Se le acusa de avivar el mito de la “Wehrmacht (Fuerzas Armadas alemanas entre 1921 y 1945) limpia”.
En 2004, Oliver Hirschbiegel enciende otra discusión. En La caída (Der Untergang) muestra los últimos días de Hitler, interpretado de manera brillante y angustiosa por Bruno Ganz, en el búnker de Berlín. La película obliga a pensar el mal más allá de lo monstruoso. “¿Se puede presentar al monstruo como ser humano?”, preguntan los medios y cineastas alemanes. Para muchos, la respuesta es: ¡No! En cambio, internacionalmente se aclama el drama de Hirschbiegel como una valiente ruptura del tabú. La revista estadounidense Variety elogia el “resultado fascinante” y la “magistral puesta en escena” de la “prestigiosa obra de Arthouse”.
¿Y hoy? Dramas psicológicos (del frente) como el reciente Tiger: Tanque de Guerra (Der Tiger, 2025/2026) de Dennis Gansel exploran zonas grises morales, y, gracias al streaming (en este caso, Prime Video), lo hacen con perfil internacional. En ellos se buscan en vano respuestas simples, como las que el género ofreció durante mucho tiempo con demasiada facilidad. Mejor así, pues los próximos flautistas de Hamelín ya acechan.
Desarrollo Histórico
Voces pacifistas marcaron las primeras películas de guerra alemanas: Frente occidental 1918 (1930, G.W. Pabst) y Tierra de nadie (Niemandsland, 1931, Viktor Trivas) mostraban la crueldad de la guerra de trincheras y contradecían las narrativas heroicas.
Período Nazi (1933-1945):
Las películas antibélicas fueron prohibidas. En su lugar, dominaron la propaganda y filmes de resistencia, tales como Stukas (1941).
Posguerra – República Federal de Alemania vs. República Democrática Alemana:
RFA (Alemania Occidental):
- Los alemanes occidentales abordaron tardíamente los traumas de la guerra. El puente (1959, Bernhard Wicki) se convirtió en un hito: la guerra desde la perspectiva de adolescentes, un claro filme antibélico.
- En los años 70, O.K. (1970) de Michael Verhoeven conmocionó la Berlinale: un drama sobre la guerra de Vietnam que renegoció en el cine la responsabilidad alemana en la guerra.
- El submarino (1981) de Wolfgang Petersen tematizó la guerra submarina como trauma claustrofóbico; ambivalente entre antibelicismo y aventura masculina.
- El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, 1979) de Volker Schlöndorff (basada en la novela de Günter Grass) mostró la guerra y el nazismo desde la perspectiva de un niño; Óscar y Palma de Oro.
Aquí las narrativas antifascistas se colocaron en el centro. Yo tenía diecinueve años (Ich war neunzehn, 1968, Konrad Wolf) mostraba experiencias bélicas a través de los ojos de un joven soldado soviético de origen alemán. Filmes de la DEFA (Compañía fílmica estatal de la RDA) como Cinco cartuchos (1960, Frank Beyer) también moldearon la lectura antifascista.
1970 – 1990, Cultura de la memoria:
Lo antibélico se vinculó crecientemente con la posguerra y la memoria. Fassbinder tematizó en El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979) la posguerra como trauma social.
Años 2000 hasta hoy; globalización y nuevas imágenes:
- La caída (2004, Oliver Hirschbiegel), polémica por la representación “demasiado humana” de Adolf Hitler.
- Anónima: Una mujer en Berlín (Anonyma – eine Frau in Berlin, 2008, Max Färberböck) con Nina Hoss; basada en libro autobiográfico, muy discutida por la violencia sexual de parte de los soviéticos.
- Napola – Academia para élites (Napola – Elite für den Führer, 2004, Dennis Gansel) tematiza el adoctrinamiento de los jóvenes; un enfoque raro en el cine bélico alemán.
- El listón blanco (Das weiße Band, 2009, Michael Haneke); violencia prefascista en la comunidad de un pequeño pueblo.
- Lore (2012, Cate Shortland); perspectiva femenina en la posguerra.
- Hijos del Tercer Reich (Unsere Mütter, unsere Väter, 2013, Philipp Kadelbach); polémica miniserie de TV que generó críticas sobre la representación de roles de víctima alemanes.
- Sin novedad en el frente (2022, Edward Berger) - nueva versión de Remarque, éxito mundial de Netflix y ganadora del Óscar.
Paralelismos internacionales
- EE.UU.: Sin novedad en el frente (All Quiet on the Western Front, 1930) influyó en Pabst y Berger. Filmes estadounidenses sobre Vietnam como Pelotón (Platoon), y Apocalipsis ahora (Apocalypse Now) inspiraron O.K. de Verhoeven.
- Francia: La gran ilusión (La grande illusion, 1937, Jean Renoir) como clásico pacifista.
- Italia: Cine neorrealista bélico y de posguerra como punto de comparación.
- Canadá y México: Menos películas bélicas directas, pero más documentales sobre guerras civiles o misiones de paz como referencia.
Género, queeridad y diversidad
- Tradicionalmente: Hombres en el centro de atención; soldados, víctimas, perpetradores.
- Excepciones:
- Margarethe von Trotta (sobre la memoria, no como cine bélico directo) trajo perspectivas de las mujeres al cine histórico.
- Lore (2012), coming-of-age en la posguerra, mirada femenina.
- El tambor de hojalata; perspectivas infantiles y queer sobre el trauma y la violencia.
Películas significativas (selección)
- Frente occidental 1918 (1930, G.W. Pabst)
- Tierra de nadie (1931, Viktor Trivas)
- El puente (1959, Bernhard Wicki)
- Cinco cartuchos (1960, Frank Beyer, RDA)
- Yo tenía diecinueve años (1968, Konrad Wolf, RDA)
- O.K. (1970, Michael Verhoeven)
- El tambor de hojalata (1979, Volker Schlöndorff)
- El submarino (1981, Wolfgang Petersen)
- El matrimonio de María Braun (1979, Rainer Werner Fassbinder)
- Napola - Academia para élites (2004, Dennis Gansel)
- La caída (2004, Oliver Hirschbiegel)
- Anónima: Una mujer en Berlín (2008, Max Färberböck)
- El listón blanco (2009, Michael Haneke)
- Lore (2012, Cate Shortland)
- Hijos del Tercer Reich (2013, Philipp Kadelbach, TV)
- Sin novedad en el frente (2022, Edward Berger)
Los tres éxitos de taquilla definitivos del cine anti/bélico
- El submarino (Wolfgang Petersen, 1981) recaudación en Alemania: alrededor de 33 millones de marcos (unos 17 millones de euros actuales).
- La caída (Oliver Hirschbiegel, 2004) recaudación en Alemania: alrededor de 28 millones de euros.
- Sin novedad en el frente (Edward Berger, 2022) distribución limitada en cines, distribución principal en Netflix. Recaudación en Alemania: alrededor de 5 millones de euros.
Disponibilidad en streaming (América del Norte, 2025)
- Frente occidental 1918 en Criterion Channel, Kanopy.
- El Puente, en Amazon, Apple VOD.
- Yo tenía diecinueve años, en DEFA Film Library, Kanopy.
- O.K. en Festival-on-Demand, Goethe-on-Demand.
- El tambor de hojalata en Criterion Channel, Amazon y Apple VOD.
- El submarino en Prime Video, Apple, Criterion Channel.
- La caída en Netflix y Amazon.
- El listón blanco en Criterion Channel, MUBI.
- Lore en Hulu, Amazon.
- Hijos del Tercer Reich en Netflix (rotativo), Amazon Prime.
- Sin novedad en el frente en Netflix para todo el mundo.
marzo 2026