Cine posmigrante  Del cine comprometido al cine posmigrante

Postmigrantisch © plus3mm

En el cine alemán, el género nunca ha tenido una sola forma, sino que siempre ha sido la expresión de los procesos sociales de negociación. Ya sean películas de cuentos de hadas, de vaqueros o de terror, los géneros fungen como pantallas culturales en las que se agrupan las rupturas históricas, las relaciones de poder y las cuestiones de identidad

También el cine de migración puede considerarse su propio género, y no como como una forma claramente definida, sino como una tradición narrativa mutable que cambia junto a las realidades sociales.
Desde las películas de impacto social y educativo de las décadas de la posguerra hasta el cine posmigrante actual, que alterna con naturalidad entre la comedia, el thriller, el melodrama o el terror, este género narra la pertenencia y la exclusión, y todo lo que se lee entre líneas.

El género más joven en esta serie comienza con el reclutamiento de los así llamados Gastarbeiter (“trabajadores invitados”) [RR1] a partir de las décadas de 1950 y 1960. La migración aparece en el cine de Alemania occidental primero como un fenómeno marginal, contada desde la perspectiva de la mayoría de la sociedad. La llamada película de impacto, producida sobre todo por estaciones públicas de radio, a menudo presentaba historias de migración como lecciones morales: los personajes migrantes aparecen como víctimas de sus países de origen o como proyecciones de los sentimientos de culpa de los alemanes, mientras Alemania se establecía de forma implícita como un espacio moral y culturalmente superior. Se consiguió visibilidad, pero se mantuvo estrechamente ligada a la didáctica, el drama social y las claras atribuciones de víctima-victimario.

Der Unfall (1968), un thriller de Peter Beauvais sobre el intento de asesinato racista en contra de un “trabajador invitado” [RR2] español, marca el inicio. Un punto clave de esta etapa es Todos nos llamamos Alí (Angst essen Seele auf, 1974), en la que Rainer Werner Fassbiner utiliza las formas del melodrama para revelar el clasismo y el racismo sin renunciar al uso de representaciones estereotípicas. Alí, un “trabajador invitado” de Marruecos, y Emmi, una mujer viuda, inician una relación amorosa que es rechazada por la sociedad. La película hace referencia explícita al melodrama de Hollywood y lo traslada a un contexto alemán occidental, en el que la migración no solo se perciba como un desafío social, sino también como una relación emocional y estructural.
Paralelo a ello, surgen películas como Shirins Hochzeit (1976) de Helma Sanders-Brahms, un drama temprano sobre una mujer turca que huye a Alemania para escapar de la violencia patriarcal y ahí vuelve a ser explotada. La película visibiliza la migración femenina, pero sigue siendo un drama sobre las víctimas y utiliza la voz en off de la cineasta para hablar de su protagonista. Solo con 40 qm Deutschland (1985) cambia la perspectiva: por primera vez, Tevfik Başer narra la migración desde una mirada turco-alemana y usa el estrecho espacio de un apartamento como metáfora radical del aislamiento, el control y la incapacidad de hablar. El género comienza a reflejar sus propios medios.

En la década de 1990, hay una apertura estética y narrativa. La migración es un tema cada vez más abordado por cineastas con su propia historia migratoria; entorno y urbanidad pasan a primer plano, mientras el género es su herramienta. Películas como Kurz und schmerzlos, Aprilkinder o Geschwister — Kardeşler ya no abordan la pertenencia de manera didáctica, sino casual, insertada en dramas de gánsteres, noir o cotidianos. El director Yavuz Yüksel contó, de primera mano y con mucha poesía, su experiencia como hijo de un “trabajador invitado”.

En 2001, una discreta película de la llamada Escuela de Berlín (Berliner Schule) llama la atención: Der schöne Tag de Thomas Arslan marca una ruptura con la narrativa habitual sobre la migración en el cine. La película normaliza esta narrativa al sacarla del entorno de los trabajadores migrantes y la sitúa en la vida cotidiana de una actriz de doblaje de origen turco en Berlín. Lejos de la narrativa victimista, se trata de un relato sensible y autónomo de una joven mujer cuyo origen no desempeña un papel protagónico.
La irrupción internacional, aunque en cuestión de estilo más bien maximalista, la marca finalmente Contra la pared (Gegen die Wand, 2004). Fatih Akın conecta el melodrama, la estética punk y la tragedia romántica en una experiencia cinematográfica radical. La consecución del Oso de Oro colocó al cine alemán sobre migración finalmente en el centro del debate internacional sobre el cine de autor. Akın se consolida como un virtuoso del género, que alterna con facilidad entre la road movie, la comedia, el thriller y el terror, y que siempre entiende la migración como una parte natural de la realidad alemana.

La cineasta Aysun Bademsoy (Frauen am Ball[RR3] , Ehre, Spuren) navega el género con formatos documentales y observaciones a largo plazo que acompañan a integrantes de las segundas y terceras generaciones, familias, deportistas o víctimas de ataques de la extrema derecha sin llegar a ser voyerista. También en el campo documental y con un acceso sumamente personal, se desempeñan cineastas como Maryam Zaree (Born in Evin, 2019) o Narghes Kalhor (Shahid, 2024), que, al echar un vistazo a la historia de sus familias iraníes, dicen mucho sobre el estado del mundo y la Alemania actual. En el ámbito documental también se mueven otros cineastas como Alex Gerbaulet (Tiefenschärfe, 2017) o Martina Priessner (Möllner Briefe[RR4] , 2025). Basados en colaboraciones e investigaciones, abordan temas como el racismo estructural y el terrorismo de la extrema derecha y, al hacerlo, le muestra un espejo a la sociedad alemana.

Con el concepto del cine posmigrante, impuesto a partir de la década de 2010, se realiza un cambio de perspectiva mayor. La migración ya no es más un tema especial, sino la rutina diaria de la sociedad. Películas como Almanya: Bienvenido a Alemania (Almanya — Willkommen in Deutschland, 2011) cuentan historias familiares que abarcan varias generaciones de forma cómica y así llegan a un público más amplio. Les suceden más comedias sobre choques culturales, que, aunque entretienen, a menudo dejan de lado temas más controvertidos como el racismo. Al mismo tiempo, obras como Berlin Alexanderplatz (2020) muestran que incluso las obras canónicas de la literatura alemana pueden reinterpretarse desde una perspectiva posmigrante. La adaptación de Burhan Qurbani[RR5]  desplaza la novela homónima de Alfred Döblin a un Berlín contemporáneo y convierte a la migración en un componente integral del presente urbano. Con Futur Drei (2020), Faraz Shariat logra una película queer sobre maduración, que reflexiona sobre las realidades de la vida posmigrante, el pop y la política. La adaptación de Aslı Özarslan de la novela Ellbogen (2024) de Fatma Aydemir va un paso más allá y muestra cómo, incluso después de décadas de migración, adaptación y la mejor “integración” posible, el racismo estructural plantea —frente a la cámara y con una ira revolucionaria y una mirada radical— preguntas que en la Alemania actual no encuentran eco. El salón de profesores (Das Lehrerzimmer, 2023) de Ilker Çatak es más que un entretenido drama escolar, es un reflejo de la realidad alemana en el microcosmos de la escuela, atravesado por diferentes dinámicas de poder, un racismo cotidiano profundamente arraigado e ideales frágiles. En Shahid (2024), una mezcla entre ensayo, documental y musical, Narghes Kalhor une preguntas sobre la memoria política con experiencias de exilio y pertenencia, y expande el género con una perspectiva autorreflexiva, en la que la migración no solo es una realidad social, sino una búsqueda estética y personal.

El cine sobre migración se ha desplazado del margen hacia el centro y hoy ya no es posible descartarlo del panorama cinematográfico alemán. Sin embargo, aunque desde hace mucho los cineastas con historias propias de migración se sienten cómodos en todos los géneros gracias a su riqueza narrativa, e incluso consiguen éxitos internacionales para el cine alemán, su aceptación social sigue siendo cuestionada. Sus vidas multifacéticas son una parte importante de la historia alemana de la posguerra. El hecho de que sus voces sean entendidas socialmente como parte de la normalidad alemana sigue siendo una obligación que va más allá de la pantalla.

Datos curiosos y premios
Todos nos llamamos Alí se filmó en 14 días y Martin Scorsese la incluyó en la lista de las 39 películas internacionales esenciales para jóvenes cineastas, junto a obras como Metrópolis o Aguirre, la ira de Dios.
Contra la pared ganó el Oso de Oro en la Berlinale de 2004, mismo que no se otorgaba a una película alemana hacía 18 años. A nivel internacional, es una de las películas alemanas más influyentes de la década de los 2000.
Almanya: Bienvenido a Alemania fue una de las películas alemanas más exitosas de ese año y contribuyó de forma decisiva a afianzar las perspectivas posmigrantes en la corriente dominante.
En 2003 El salón de profesores estuvo nominada al Óscar como mejor película internacional. El uso descuidado del nombre de Ilker Çatak por parte de la prensa alemana provocó críticas.
El programa “Fiktionsbescheinigung” del Foro de la Berlinale (2021 y 2023) puede servir como una fuente adicional.

Éxitos de taquilla
Fack Ju Göthe 1-3 (2013-2017, Bora Dağtekin) más de siete millones de espectadores, con dos secuelas y un total de más de 20 millones de entradas vendidas — uno de los mayores éxitos cinematográficos alemanes de todos los tiempos.
Türkisch für Anfänger (2012, Bora Dağtekin) casi 2.5 millones de espectadores — adaptación cinematográfica de la exitosa serie, comedia familiar intercultural como entretenimiento para todos los públicos.
Almanya: Bienvenido a Alemania (2011, Yasemin Şamdereli) más de 1.5 millones de entradas vendidas en Alemania.
Cocina del alma [RR6] (Soul Kitchen, 2009, Fatih Akın) más de 1.3 millones de entradas vendidas
 
 

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