Protesta social   Y las víctimas de la violencia, ¿cuándo?

Gráfica de un paisaje urbano oscurecido, con siluetas grises de personas frente a un gran cartel en el que aparecen el número 26, un signo de interrogación y una mano. © Goethe-Institut, Ricardo Roa

Mientras México se prepara para brillar ante el mundo como coanfitrión del Mundial 2026, una realidad persistente permanece detrás de la cancha: más de dos décadas de violencia han dejado cientos de miles de muertos y desaparecidos. Detrás de la narrativa oficial de progreso y celebración, colectivos de víctimas alzan la voz (incluso con un balón en los pies) para recordar que la guerra no ha terminado. Porque mientras “la pelota vuelve a casa”, miles de personas aún no lo hacen.

A quienes vienen de lejos sin contar con antecedentes de lo que aquí pasa, a quienes observan desde la distancia hacia esta nación y sólo alcanzan a distinguir paisajes idílicos, festejos atronadores y exquisiteces culinarias, a quienes por cualquier razón posible aún lo ignoran, es necesario hacerles saber que México, coanfitrión del Mundial de futbol 2026, ha vivido los últimos 20 años sumergido en un conflicto armado interno, es decir, en una guerra.

Pero, a diferencia de los paisajes, la alegría y la cocina, esta violencia no es intrínseca a la mexicanidad ni es parte de la naturaleza o la cultura del pueblo mexicano, sino que es una violencia consustancial al poder, cuya única patria es el dinero. El paso de estos últimos 20 años así lo prueba.

Heridas de la violencia

La sociedad mexicana ha pasado las últimas dos décadas sumida en una crisis de violencia que ha dejado al menos 400 mil personas asesinadas y 130 mil víctimas de desaparición forzada, sólo por mencionar dos de los muchos crímenes que en estas tierras se han vuelto cotidianos.

Como ejemplo ilustrativo, cabe señalar que con las remodelaciones realizadas, el estadio Ciudad de México –donde se realizó el juego inaugural del Mundial– puede albergar en el presente hasta 87 mil asistentes. Eso quiere decir que las víctimas asesinadas durante los últimos 20 años de violencia en el país podrían llenar cinco veces dicho recinto, mientras que las víctimas de desaparicición reconocidas por las autoridades (y que son sólo una fracción del universo real de víctimas) podrían hacerlo una y media veces.
Madre buscadora protesta en el Ángel de la Independencia al término del partido de inauguración del mundial 2026.

Madre buscadora protesta en el Ángel de la Independencia al término del partido de inauguración del mundial 2026. | © Haarón Álvarez @elhaaronalvarez.jpg | Goethe-Institut Mexiko

Durante este tiempo de violencia exacerbada, México ha sido gobernado por fuerzas políticas de derecha, como el Partido Acción Nacional (PAN), el centro-izquierdista Partido Revolucionario Institucional (PRI) y, desde diciembre de 2018, por el izquierdista-populista Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), grupos que, a pesar de sus diferencias doctrinales, al llegar al poder han defendido siempre la misma postura: que el conflicto interno mexicano es originado por grupos del crimen organizado (dedicados al tráfico internacional de drogas, armas, vehículos robados, combustibles y víctimas de explotación, así como al lavado de dinero, al secuestro, el despojo y la extorsión, entre otros delitos) y que el gobierno mexicano combate de forma legítima, por medio de las Fuerzas Armadas.

Lamentablemente, el tiempo ha demostrado que esas tres fuerzas políticas que han gobernado México, lo han hecho de la mano de esos mismos grupos del criminen organizado que dijeron combatir. Ilustra lo anterior el caso Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública y creador de la estrategia bélica contra el crimen organizado y quien fue condenado en Estados Unidos por narcotráfico tras reconocerse parte del Cártel de Sinaloa. Además, seis gobernadores del PRI han sido procesados por vínculos con el crimen organizado, y actualmente Estados Unidos solicita la extradición de un gobernador de Morena por su relación con el cártel mencionado.

Este y muchos otros ejemplos más de la simbiosis entre gobierno y crimen organizado hacen posible afirmar que la guerra en México no se libra entre cárteles y autoridades, sino entre grupos de la delincuencia organizada que se disputan entre sí no sólo el territorio nacional, su gente y sus recursos, sino también el poder público. Esta compleja realidad yace oculta detrás del discurso de desarrollo, estabilidad económica y pacificación, en el que también han convergido todas las fuerzas políticas, discurso que incluye la negación del conflicto armado, a pesar de que las masacres y los cementerios clandestinos proliferaron en todo el suelo mexicano.

En medio de dicha violencia, la lógica promocional asociada al Mundial, y a la atención internacional que el evento concita en México, ha llevado a las autoridades nacionales a realizar un amplio programa de obras puramente cosméticas en la infraestructura pública, lo mismo que en la narrativa oficial sobre la violencia, afirmando que los asesinatos en el país disminuyeron 40% y que más de 70% de las personas desaparecidas fueron finalmente localizadas, todo esto a partir de 2025, es decir, del año previo a la realización del encuentro futbolístico

De esta negación oficial de la guerra depende que se mantengan la inversión extranjera, la tasa de interés impuesta a los créditos adquiridos por el Estado mexicano ante organismos internacionales, el turismo y el Mundial mismo.
Joven en en velada afuera del Estadio Ciudad de México, una noche previa a la inauguración del mundial.

Joven en una velada afuera del Estadio Ciudad de México, una noche previa a la inauguración del mundial. | © Haarón Álvarez @elhaaronalvarez.jpg | Goethe-Institut Mexiko

“La pelota vuelve a casa... ¿ellxs cuándo?”

México se postuló como sede del Mundial de futbol 2026 e invirtió 53 mil millones de pesos (algo así como 2 mil 650 millones de euros) para vestirse de gala y recibir –junto con Canadá y Estados Unidos– este encuentro deportivo. Para ello, las autoridades trabajaron a marchas forzadas en el embellecimiento de los centros urbanos, los estadios y los puntos turísticos en los que se espera mayor presencia de visitantes, llegando al exceso –casi ridículo– de instalar candelabros victorianos en estaciones del Metro de la Ciudad de México, semanas antes del inicio de la gesta futbolística.

Es con estas acciones de orden cosmético –y confiando en que por miedo aquí nadie habla de la guerra, salvo sus víctimas–, que el gobierno de México celebra el tercer Mundial que se realiza en suelo nacional (después de 1970 y 1986), con una frase publicitaria estampada en el pavimiento de distintas vialidades: “La pelota vuelve a casa”.

Esa frase promocional, sin embargo, no adquirió relevancia pública sino hasta que familias de las víctimas de la violencia en México la estamparon sobre Paseo de la Reforma, avenida ubicada en el principal enclave turístico de la capital del país, con un añadido: “La pelota vuelve a casa... ¿ellxs cuándo?”, en referencia a sus seres queridos, ausentes por efecto de la violencia.
Pinta sobre Paseo de la Reforma con la frase "México campeón en desaparición" y "La pelota vuelve a casa, ¿ellxs cuándo?

Pinta sobre Paseo de la Reforma con la frase "México campeón en desaparición" y "La pelota vuelve a casa, ¿ellxs cuándo? | © Haarón Álvarez @elhaaronalvarez.jpg | Goethe-Institut Mexiko

“Con esto del Mundial, vamos a tener el foco de la prensa internacional puesto en México”, explica Jorge Verástegui, integrante del colectivo de familias que realizó la pinta sobre Reforma y quien, desde 2009, busca a su heremano Antonio y a su sobrino Antonio de Jesús, desaparecidos por la policía de Coahuila, en contubernio con el crimen organizado. ”Y, por eso, este es un momento adecuado para visibilizar la problemática de las desapariciones y de la violencia, justo porque el gobierno está tratando de imponer una narrativa de eficiencia, pero nosotros, las familias de las víctimas, queremos dejar claro que esto no es así”.

Futbol contra el olvido

Es por estas razones que quien visite México, en su andar quizás reciba la invitación a jugar una cascarita –como aquí se conoce a los encuentros de futbol callejero–, organizada por algún colectivo de familiares de víctimas, al grito de “Mete un gol por los desaparecidos”. Así descubrirán que es posible protestar con un balón entre los pies.
Colectivos y personas solidarias se reunieron sobre Paseo de la Reforma para jugar las "Cascaritas contra el olvido", una manera futbolera de visibilizar la crisis de desaparición en México.

Colectivos y personas solidarias se reunieron sobre Paseo de la Reforma para jugar las "Cascaritas contra el olvido", una manera futbolera para visibilizar la crisis de desaparición en México. | © Haarón Álvarez @elhaaronalvarez.jpg | Goethe-Institut Mexiko


“La problemática de la violencia en México, especialmente la de las desapariciones forzadas, y el dolor que esta genera, es algo que causa mucho miedo en la gente, alejándola de las víctimas –subraya Jorge–, por eso nosotros vemos estos juegos de futbol en la calle como una vía para acercarnos a la sociedad, pero de una manera distinta, y así se ha acercado mucha gente a nosotros y nosotras: tanto niñas y niños, como gente adulta que va pasando. Nuestra intención es que la gente se sume y aprovechemos el deporte, el futbol, como una herramienta que nos ayude a visibilizar lo que está ocurriendo”.
Por eso es también que en su recorrido, quizás, quien ande por las calles de México encuentre estampas Panini adheridas a los muros, aunque no con la foto de un futbolista, sino la de una persona desaparecida o asesinada.

El objetivo de estas acciones de protesta ciudadana, aclara Jorge, no es boicotear el Mundial de futbol, ni incomodar a los asistentes o al turismo, “sino transmitir fuera de México lo que está ocurriendo aquí, queremos pedirle a los visitantes que nos ayuden a compartir las fichas de búsqueda de nuestros familiares, que van narrando la realidad de México. Y también queremos que nuestras protestas tengan un efecto preventivo: le estamos diciendo a las personas que vienen a México que disfruten del Mundial, pero que tengan cuidado, porque éste es un país inseguro, en el que cualquier persona puede matar o desaparecer a otra, sin que haya consecuencias. No queremos que sus familiares después formen parte de nuestros colectivos.”

Bienvenidxs a México

Así, quienes vienen de lejos, quienes observan desde la distancia, quienes sólo lo ignoran, sépanlo ya: esto es México, esto es más México que los sombreros de charro, los shots de tequila y los desfiles del Día de Muertos. Aquí la muerte desfila todo el año, todos los años, desde hace mucho.

Bienvenidxs.