The Clash: el rechazo al rechazo

La banda The Clash © Helge Øverås - Own work, CC BY-SA 4.0

El punk significa negación, significa reducción, significa: No Future. Pero no para The Clash.
 

Toda su obra consiste en arte más tolerante, tanto en cuanto a contenido como a la música, maximalista y, sobre todo, optimista. Si bien The Clash rechazan las ideas conservadoras —y también el capitalismo, o al menos lo aceptan según su propia interpretación—, no les interesa tanto el nihilismo puramente anárquico, como lo encarnan, por ejemplo, los ruidosos Sex Pistols. En cambio, pretenden crear un espacio para la alternativa, en lugar de destruirlo todo. Espacios en los que una banda punk británica como ellos, por ejemplo, pueda contar con teloneros tan diversos como el rockero de los años cincuenta Bo Diddley, el dúo de soul Sam & Dave o el DJ de hip-hop Grandmaster Flash.

El hecho de que The Clash recibiera el apodo de ser “la única banda que importa” relativamente pronto —y contrario al autoempoderamiento típico del punk, en el que literalmente cualquier persona puede tener una banda de punk— no fue solamente una inteligente estrategia de mercadotecnia; era, de hecho, la verdad. Al fin y al cabo, ¿por qué querrías otra banda cuando ellos lo tienen todo? Solo escucha su legendaria obra maestra London Calling: el extenso LP —que, por su duración, es bastante poco punk— comienza de manera apocalíptica. Londres se está hundiendo, proclama el cantante Joe Strummer, y él está en medio de la acción. Contrario, sin embargo, a lo que la agresiva portada del álbum sugiere, London Calling pronto se torna en divertida música de fiesta, llena de arreglos pop magistrales, muchos de los cuales fueron compuestos por el guitarrista y coautor Mick Jones y que poco tienen que ver con el punk clásico.

De cierta forma, esto es un rechazo al rechazo: The Clash nunca crearon punk solo porque sí, porque es entonces cuando se vuelve débil. En sus ojos, la musicalidad no es algo malo. ¿Quién quiere pasarse la vida entera tocando solo tres acordes? Pero incluso si otras bandas punk arrojan sus principios por la borda y experimentan con esta música, ellos no podían hacerlo así nada más, pues los integrantes de The Clash eran músicos en el sentido clásico del término; el baterista Topper Headon, en particular, es el arma secreta de la banda. Un buen ejemplo de esto es London Calling, que abre el álbum homónimo: el patrón del hi hat cambia durante los versos, lo que da un ritmo consistente a una canción con un staccato, por lo demás, bastante amenazante. Así, la vida sigue por medio de la música, a pesar del apocalipsis: “Engines stop running, but I have no fear” (Los motores dejan de funcionar, pero yo no tengo miedo), canta Joe Strummer. Y justo al final: “After all this, won’t you give me a smile?” (Después de todo esto, ¿no me vas a regalar una sonrisa?).
Además del punk y el reggae, la obra de The Clash también tiene influencias del soul, rockabilly, disco, funk y hasta hip-hop. London Calling y Sandinista!, un álbum triple todavía más extenso, parecen odas a las diversas formas de expresión en la música pop estadounidense, la cual los integrantes de la banda —como británicos— admiraban y subvertían desde la distancia; su canción “I’m So Bored with the U.S.A.” (Estoy tan harto de E.U.A.), por lo tanto, solo hablaba medio en serio. Existe la sensación de que la banda reinventa el concepto nuclear de su proyecto musical con cada canción —como si deliberadamente permitieran que todo colisione para hacer honor a su nombre (clash = colisión). El proceso para escribir sus canciones —o al menos mi idea un poco mitificada de este— encaja perfectamente: Joe Strummer escribe sin descanso las letras con la máquina de escribir mientras Mick Jones está parado junto a él y ambos tienen que acercase cada vez más entre sí hasta que algo único surja.

La banda considera que la idea del punk como fatalismo o mera reducción es una tontería. Con The Clash, no solo sí que hay futuro, sino también un pasado al que se refieren constantemente. Por ejemplo, la portada de London Calling es un claro guiño al álbum debut de Elvis Presley, sin mencionar todas las referencias musicales a artistas como The Who o Lee “Scratch” Perry. Y por supuesto, también hay presente: Pocas bandas han estado tan firmes en su postura, tan decididas en su actitud frente a los eventos actuales. La gente aceptaba todo lo que hacían, tanto lírica como musicalmente.

The Clash no solamente nos ofrecen algo con cada canción y esperan que algo se pegue; más bien, cada uno de sus gestos transmite una seguridad que funciona. El álbum London Calling es más que un experimento o un intento de salirse de su zona de confort. Por el contrario, de manera casi mágica, todo ello era su zona de confort. Cuando Joe Strummer imita a James Dean, el bajista Paul Simonon canta sobre inmigrantes jamaicanos en The Guns of Brixton, o Mick Jones interpreta una balada rock en The Card Cheat, todo se siente totalmente natural.
Quizás eso sea la magia. The Clash fueron una gran banda, una que golpea hacia arriba y extiende una mano abierta hacia abajo, escupe a la derecha y sonríe a la izquierda, asiente hacia atrás mientras corre hacia el frente.