El punk tampoco se detuvo ante la antigua República Democrática Alemana (RDA). Las bandas se llamaban Wutanfall, Namenlos o Schleim-Keim (Ataque de ira, Sin nombre o Semilla-moco). Miniaturas de canciones explosivas, tres acordes, letras provocativas; estéticamente, las diferencias entre Oriente y Occidente parecen pequeñas, pero el punk en el socialismo tiene su propia historia.
Una fiesta de cumpleaños en la Alemania de principios de los ochenta. ¿No sería genial que la banda local de punk diera un concierto en el desván? Los padres, después de todo, han tenido la amabilidad de ausentarse por la noche...¿Cómo continúa esta historia? Depende de dónde exactamente tenga lugar. En Bottrop, Lübeck, Kaufbeuren u otras ciudades del Occidente, se podría esperar que, si la fiesta es realmente buena, es decir, se descontrola, los vecinos acaben llamando a la policía. Alteración del orden público nocturno o, en su defecto: “Si tenemos que volver, tendremos que confiscar el equipo”. Si el evento tiene lugar en Karl-Marx-Stadt, Cottbus o Magdeburgo, sin embargo, es muy probable que, además de los organizadores de la fiesta, los asistentes también caigan en el punto de mira de la Stasi (Policía Estatal Germanooriental) o incluso sean detenidos esa misma noche.
El punk no es lo mismo en la Alemania dividida.
La cultura juvenil siempre desafía el orden establecido; las generaciones que crecen buscan su propio camino, su propio lugar. En el punk de los primeros años, este desafío era especialmente llamativo. La rebelión contra la norma que conllevaba también trajo problemas en Occidente a los que llevaban chamarras de cuero y crestas. Ya fuera por padres, superiores, o profesores enfadados o por pandillas juveniles rivales y hostiles como los Poppers, los Rockers o los Teds. Hoy en día, la literatura cuenta con innumerables biografías punk que narran estas experiencias; se encuentran, por ejemplo, en Vorkriegsjugend (Juventud en tiempos de guerra) de Jan Off o en Dorfpunks (Punks pueblerinos) de Rocko Schamoni. En ellos se habla del autodescubrimiento en una sociedad que se percibe como extraña.En la Alemania Oriental, en cambio, se trata de autoafirmación para los jóvenes punks. El Estado puede parecerles tan extraño como a sus compañeros de Occidente, pero, sobre todo, es una cosa: muy cercano.
En una entrevista para la Fundación Federal para el Procesamiento de la Dictadura del SED (Partido Socialista Unificado de Alemania), Jürgen Gutjahr, de la banda de Leipzig Wutanfall, lo describe así: “En el momento en que uno se declaraba punk, quedaba fuera. Era el rechazo más radical que ha existido nunca dentro de la cultura juvenil de la RDA hacia ese Estado, y la reacción del poder estatal fue igualmente masiva”.
Gutjahr, nacido en 1964, sufrió estas represalias en carne propia. Desde principios de los ochenta, se enfrentó hasta cuatro veces por semana a interrogatorios, en los cuales lo acosaban física y psicológicamente. Incluso cuando abandonó la banda en 1983 debido a esta presión los ataques estatales se intensificaron, ya que era considerado un factor en la propagación de la escena punk. Las consecuencias fueron la prohibición de trabajar, la vigilancia constante y varias denuncias penales. Apenas unos meses antes de la caída del Muro, Gutjahr recibió la oportunidad de emigrar a la Alemania Occidental.
El punk en la RDA exigió un alto precio a muchos jóvenes de aquella época. Sin embargo, todo esto no impidió que la banda Wutanfall, que el Estado combatía, escribiera uno de los mayores éxitos punk del Estado socialista, que se difundió a través del medio de la cinta de casete.
“Con Wutanfall al ritmo del pogo / Divertido hasta el infarto / Golpea fuerte y todos se asombran / Leipzig baila clandestino.”
La canción Messestadtpunk (“Punk de feria de la ciudad”), junto con casi cuarenta temas más de bandas de la RDA, se encuentra hoy en la recopilación Too Much Future – Punkrock GDR 1980-1989 (Demasiado futuro, Punkrock en Alemania Oriental 1980-1989). Los nombres de las bandas son contundentes: Die Fanatischen Frisöre, Menschenschock, The Leistungsleichen, L'Attentat, Ernst A. Fall (Los peluqueros fanáticos, Conmoción humana, Cadáveres de eficiencia, El atentado, Caso Serio) y otros. Nadie en esta recopilación, que abarca toda la RDA, poseía un permiso de actuación. Para que las bandas del Oeste se percibieran como el “enemigo”, tal como les sucedió a los punks del Este, tuvieron que esforzarse bastante, y sólo unas pocas lo consiguieron. Sin duda, los hamburgueses de Slime, con canciones censuradas como Deutschland muss sterben (Alemania debe morir) o Polizei SA SS (Policía SA SS), estuvieron a la cabeza.Pero volvamos al Este: permiso de actuación, ¿qué era eso? Para actuar en público en la RDA, se necesitaba un permiso de actuación otorgado por el Estado, y para obtenerlo, uno debía someterse a una clasificación oficial. Pocas bandas punk lograron tal empresa; muchas ni siquiera se sometieron a esta subordinación.
Así pues, los conciertos en vivo seguían siendo un riesgo constante y se celebraban sobre todo en espacios privados o de las Iglesias.
La obtención de nueva música punk funcionaba, en cambio, de manera menos peligrosa; el medio para ello era la radio. “En realidad, éramos la estación de escucha. Escuchábamos al Occidente a escondidas”, cuenta Henryk Gericke en una conversación sobre el proyecto Too Much Future, del que forma parte este escritor berlinés con pasado punk oriental. “Los presentadores, por supuesto, sabían que estábamos ahí, pegados a los aparatos, —añade—; a menudo decían: ‘En esta canción no vamos a hablar, la ponemos para nuestros amigos del Este’. Las autoridades lo odiaban, ¡pero no podían hacer nada!”. Una de las publicaciones centrales de la escena punk de la RDA llegó, en cambio, al Estado socialista por un camino mucho más aventurero. La entrada, sumamente arriesgada, se hizo escondiendo el material en el baño de un tren. DDR von unten (Alemania Oriental desde abajo) era un LP compartido de 1983 con las bandas Zwitschermaschine (Máquina de trinos) y Sau-Kerle (Cabrones, en español, el seudónimo de la banda de Erfurt Schleim-Keim), se editó y publicó en Occidente y uno de los impulsores de esta conexión punk bilateral y clandestina, Sascha Anderson, introdujo de contrabando por ferrocarril tres ejemplares ya terminados. Tres discos que proporcionarían la base para un sinfín de copias en cinta. Este intercambio de bandas de la RDA con el enemigo de clase no pasó desapercibido para la Stasi. Los tres miembros de Schleim-Keim fueron encarcelados tras la publicación, basándose jurídicamente en el párrafo 219 del código penal de la RDA: “Establecimiento de contactos ilegales”. Zwitschermaschine, la otra banda de esta conexión punk, hasta entonces única, desde el Oriente hacia el mundo occidental, se libró, sin embargo, de la persecución estatal. ¿Casualidad? Probablemente no, ya que el mencionado empresario Sascha Anderson era miembro de su formación y, al mismo tiempo, estaba registrado como informante de la Stasi. El gran golpe de aquella publicación de DDR von unten, que llegó hasta John Peel y a la influyente revista estadounidense Maximum Rock'n'Roll, resultó ser, sin embargo, un trabajo interno de la Stasi para socavar la escena, algo que no se supo hasta después de la caída del Muro. Este costoso intento de disrupción no tuvo éxito, todo lo contrario.
El punk en la RDA, a pesar de todas las represalias, creó una red y añadió un capítulo conmovedor, a veces dramático, al canon cultural de habla alemana.