Punk en las revistas para adolescentes  Börger, una rata, y todo lo demás

Recorte de imagen de una revista BRAVO (Foto Love Story). Roxy fuma hierba. © Bravo

La historiografía del punk, con su sobriedad casi sagrada, rara vez hace justicia al verdadero ingenio y a la diversión anárquica de su tema. Hace falta ver cómo alguna vez las revistas para adolescentes mostraban cabello de colores y chamarras de cuero para romper con esa solemnidad. Una retrospectiva a las fotonovelas de amor punk, y todo ello acompañado de muchas caritas felices.

Las revistas jugaron un importante papel en la proliferación del punk durante los inicios análogos de las décadas de los setenta y los ochenta. Para que el grito desde la capital inglesa (London Calling) llegara al otro lado del Canal de la Mancha, además de la radio y la televisión, hacía falta tener revistas impresas. Estas abordaron el estridente e impresionante tema del punk y lo adaptaron a su respectivo ámbito lingüístico, por lo general de forma igualmente llamativa, pero rara vez con conocimiento profundo al respecto. Muy pronto quedó claro que algunos periódicos solo veían gestos provocativos y estilosextraños, sin poder clasificarlos, y que, además, consideraban que la música que los acompañaba no era más que ruido extraño. Así, el momentum del punk como “terror social” no solo irrumpió en los salones de clases y las reuniones de padres. Grandes publicaciones como Stern o Bild amplificaron el pánico con artículos sensacionalistas sobre el punk.

Otros medios, sin embargo, no se apresuraron a distanciarse del punk ni a presentarlo como una amenaza nihilista para la nueva generación. Las revistas para adolescentes como BRAVO, Popcorn o Pop Rocky consideraron que había mucho más que ofrecer a su público. A veces, su entendimiento de la escena era menor que el de los medios consagrados, pero estaban mucho más dispuestos a aceptarla, así que se dejaron llevar. En retrospectiva, la representación del punk en estas revistas juveniles destaca por su gran cantidad de extravagancias y errores de estilo.

Uno de los avistamientos punk más conocidos y exitosos en la historia de las revistas alemanas para adolescentes fue algo así:

Fotostory Bravo 1  © Bravo

A finales de 1986, la banda punk de Hamburgo Die Goldenen Zitronen lanzó la canción Am Tag als Thomas Anders starb (El día que murió Thomas Anders). El título hacía referencia, por un lado, a la canción antiheroína de Juliane Werding de 1972 (Am Tag als Conny Kramer starb) y, por otro lado, era una provocación hacia el dúo pop que entonces dominaba las listas de éxitos, Modern Talking (You’re My Heart, You’re My Soul), y especialmente uno de sus vocalistas. El escándalo orquestado se puso en marcha primero con el artículo de BRAVO en el que, entre otras cosas, se habían asignado mal los nombres a los rostros de los miembros de la banda. Bild y otros medios retomaron la historia y con ello impulsaron la fama de la banda que, a mediados de los ochenta, sonada en todas las habitaciones de los adolescentes alemanes. Cuarenta años después, la banda sigue existiendo. Es debatible si este primer impulso pueda atribuirse a aquel neurálgico artículo de BRAVO, pero sin duda se convirtió en un momento clave para la agrupación y para la difusión del fun punk.

Durante los años ochenta, revistas como BRAVO, Popcorn y Pop Rocky siguieron publicando artículos sobre bandas punk, aunque la lejanía con la escena por parte de sus autores era evidente. Entonces, ¿por qué no convertirse uno mismo en narrador? Y con el mágico y romántico formato de la fotonovela, esas páginas se convirtieron en el escenario perfecto para la ficción. Aquí el punk finalmente pudo convertirse en aquello a lo que las bandas reales nunca habían podido adaptarse del todo: una pantalla que presenta al punk como un movimiento marginal y apasionante. Peligroso, libre, deseable y, si se mira con mayor atención, bastante bien preparado para la vida en sociedad, de hecho. BRAVO lo resume muy bien con esta historia:

Fotostory titular de BRAVO: "Enamorado de un punk" © Bravo

Como Romeo y Julieta, los amantes deben encontrarse a escondidas. Solo que a ellos no los separa la disputa familiar, sino por un movimiento juvenil. Aunque, a decir verdad, parece que los personajes de esta historia vienen regresando de un viaje escolar y no de una sucia sala de conciertos. Eso se puede ver en la imagen que presenta a los participantes de cada fotonovela.

Fotostory 3 Viaje escolar © Bravo

¿Esos son los punks? Bueno, una chica tiene el cabello azul y el otro lo tiene ligeramente alborotado. Eso debería ser suficiente para esta adaptación infantil, ¿no? Al fin y al cabo, los cigarros, las chamarras de cuero, los seguros y estar completamente borracho no son más que clichés. Sería impensable que eso le suceda a ese punk que está sentado en la esquina superior izquierda de la imagen. En la historia, le gusta la música, aunque esta no es para nada punk. Eso lo sabía hasta el equipo de redacción de BRAVO desde su torre de marfil pop en Múnich…

El muchacho en la Fotostory dice: "Te dehjaré saber sobre Michael Jackson", muchacha responde: "Super" © Bravo

Börger, por el contrario, en una de las fotonovelas de la revista Pop Rocky de principios de los noventa, es más convincente. Aunque solo a primera vista. Porque, al leer la descripción de su personaje, es evidente que se trata de una ficción escrita por adultos. Al menos así lo dejan ver palabras como “Chef" (jefe), “Gesetze” (leyes) y “Mitbestimmung” (toma de decisiones). No estamos leyendo el verdadero trasfondo de una vida difícil como la de muchos punks sin hogar, aquí en realidad sale a relucir la burocracia.

El pie de foto dice: Börger (17 años) es un punk y jefe de una pandilla. Se escapó de casa con 12 años y vive en la calle, cuyas reglas él contribuye a establecer © Pop Rocky

Pero solo por medio de ese “desarme” editorial o, mejor dicho, esa reinterpretación de los protagonistas del punk es que estos pueden convertirse, en última instancia, en material para el “amor punk”. Así, en esos tiempos, las fotonovelas de temática punk siempre empezaban de forma dramática y terminaban de manera muy clásica, es decir, conservadora. Los punks creados por las revistas para adolescentes siempre estaban muy domesticados. Como recompensa, les esperaba ese final feliz tan entrañable y con una promesa de futuro… ¡Al diablo el “No future”! La única concesión a la estética del punk quizás sea una rata como testigo de la consumación del amor entre esta joven pareja en una historia de BRAVO de finales de los ochenta. Por cierto, aquí la punk es la chica, pero da igual. De todas formas, estamos demasiado ocupados en el roedor y en la joya de diálogo que emana de la boca del tipo…

Muchacha: "Nos dos podemos pasarla bien en la cama sin esos juegos estúpidos," Muchacho: "Vamos a dormir juntos de una manera tan hermosa." © Bravo