Con una carrera de más de 40 años, Die Toten Hosen son una de las bandas más veteranas del punk alemán, y también una de las más exitosas. ¿Cómo han logrado mantener su reputación de auténticos punks a pesar de tener éxitos número uno?
Campino, a quien los Ramones eligieron presentador para ese concierto, no es un músico punk cualquiera. Su banda, Die Toten Hosen —formada por él (voz), Kuddel (guitarra), Breiti (guitarra), Andi (bajo) y Vom Ritchie (batería)— es una de las bandas más conocidas de Alemania. Michael Wenzel conoce bien el origen de su éxito duradero y su papel en el punk alemán. Ha vivido de cerca a Die Toten Hosen desde entonces hasta hoy.
Estudiantes despeinados y con trajes coloridos
En 1978, el entonces joven de sólo 16 años Andreas Frege, alias Campino, fundó en Düsseldorf, en la Alemania Occidental, una banda llamada ZK (Zentralkomitee Stadtmitte, “Comité Central del Centro”). Sin embargo, tras sólo un álbum se fueron de gira de despedida, y de ella surgieron en 1982, con una formación ligeramente modificada, Die Toten Hosen [literalmente: Los pantalones muertos, es una expresión alemana para designar algo aburrido]. Subían a los escenarios clandestinos de Düsseldorf como estudiantes con el cabello despeinado y trajes coloridos, tocaban acordes de guitarra aprendidos por su cuenta y cantaban letras sobre escapadas juveniles.
No solo se hace notar como cantante: Campino en 1980 con su banda de entonces, ZK (Zentralkommitee Stadtmitte), predecesora de Die Toten Hosen, en una casa para adolescentes en Bremen. | © Wolfgang Wiggers / ArchivB.de
¿Berlín? ¿Hamburgo? ¡Düsseldorf!
Die Toten Hosen no se fundaron en Berlín, que ya en los años setenta contaba con una vibrante escena punk, ni en Hamburgo, que al menos desde la extensa estancia de los Beatles en los sesenta reivindica para sí el título de “Ciudad de la Música”. Su lugar de origen, Düsseldorf, parece poco típico para una banda de punk. No era especialmente conocida como metrópolis musical ni tampoco como ciudad industrial con la imagen obrera a la que muchas bandas punk hacían referencia. En cambio, Düsseldorf se asociaba más bien con las bellas artes, la moda y el espíritu burgués. Para Michael Wenzel, sin embargo, hay una buena razón por la que precisamente Düsseldorf haya dado lugar a una de las bandas punk alemanas de mayor éxito. De allí procedían los cofundadores de la música electrónica, Kraftwerk; los krautrockeros [Krautrock: rock experimental de Alemania Occidental], Neu!; o los precursores del punk, Fehlfarben: un entorno perfecto para que Die Toten Hosen se probaran como jóvenes punks. En los años setenta y ochenta, el bar Ratinger Hof, en el casco antiguo de Düsseldorf, fue un lugar clave para los experimentos musicales. Con sus paredes pintadas de blanco y su estridente luz de neón, el Ratinger Hof era un sitio para gente que quería ser vista. Allí se fundaron Die Toten Hosen tras la disolución de ZK.
El Ratinger Hof en mayo de 1978. El Ratinger Hof en mayo de 1978. Aquí, al año siguiente, ZK dio su primer concierto, y por lo tanto era el lugar donde se reunía la escena punk alemana. De este círculo surgieron innumerables grupos, aparte de ZK y Die Toten Hosen, también Male, Mittagspause, DAF, Fehlfarben o Der Plan.
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Ralf Zeigermann, CC BY-SA 3.0
Primero punk, ¿y luego?
De los punks anteriores, los de los años setenta, tomaron Die Toten Hosen la costumbre de aprender sus instrumentos por sí mismos, escribir canciones para beber o temas con letras descaradas y vulgares, y posicionarse contra la derecha. El inicio de su temprana canción Modestadt Düsseldorf (Düsseldorf, Ciudad de la moda) está inspirado en un ejercicio de un método de guitarra. Hofgarten es explícita en su tratamiento del sexo. En el tema Sascha… ein aufrechter Deutscher (Sascha, todo un alemán), Die Toten Hosen describen a un personaje nazi y ridiculizan su visión del mundo. Para Michael Wenzel, un ejemplo infravalorado de sus canciones políticas es Zehn kleine Jägermeister (Diez pequeños maestros cazadores). A primera vista parece una canción de borrachos sobre un licor de hierbas, que los punks pueden seguir cantando sin problemas incluso después de varios vasos. Pero al mismo tiempo, la banda reescribe con esta canción una canción popular racista, posicionándose así contra la xenofobia.Por otro lado, su canción de taberna Eisgekühlter Bommerlunder (Bommerlunder, bien frío, haciendo referencia a otro aguardiente) también existe en una versión de hip-hop, Hip-Hop-Bommi-Bop. Su álbum de consagración Ein kleines bisschen Horrorschau (Un pequeñísimo espectáculo de horror, 1988) acompañó una puesta en escena teatral. Con el álbum Auf dem Kreuzzug ins Glück (En la cruzada hacia la felicidad, 1990), que alcanzó el número uno en las listas alemanas, llegó el éxito comercial. Su éxito Tage wie diese (Días como estos, 2012) no es una cancioncilla punk de guitarras rasposas, sino un himno que multitudes enteras pueden corear en partidos de futbol o fiestas de verano.
¿Eso sigue siendo punk?
Michael Wenzel concede: “Se puede decir, al nivel actual de Die Toten Hosen, que es una banda de rock con raíces en el punk. Creo que lo que define al punk es más bien la actitud. Con poco se puede lograr algo grande. Ellos tuvieron un sueño, trabajaron para ello y se les hizo realidad. —También hay que destacar el compromiso social de la banda—: Creo que, en última instancia, el objetivo del punk es cultivar la convivencia, estar ahí los unos para los otros. Buena energía y buen espíritu contra todo lo que quiere separarnos como comunidad. El extremismo de derechas y la mala política”. Wenzel también percibe esa convivencia en los conciertos de Die Toten Hosen, pero eso no significa que solo reine la armonía y el bienestar: “Tienen esa ira sana, la voluntad de cambiar algo, de mover a la gente”. También lo demuestra la energía que despliegan sobre el escenario: “Campino siempre fue un increíble adicto a la adrenalina. Se sube al techo de una carpa de concierto o algo así, y hace verdaderos saltos acrobáticos”.Esa cercanía al público, esa autenticidad
La carrera de Die Toten Hosen lleva ya más de cuarenta años; mucho tiempo para una banda de punk, los Sex Pistols apenas existieron dos años y medio. Para Michael Wenzel, la longevidad de Die Toten Hosen viene dada por la amistad de larga data entre sus miembros, que, excepto el baterista Vom Ritchie, están desde el principio. Además, que Die Toten Hosen no olviden su origen dusseldorfés y sigan siendo, en cierta medida, habitantes corrientes de la ciudad, asegura, según Wenzel, que la banda sea constante y querida: “No son gente que se esconda de la opinión pública. Es normal encontrarse con ellos en el día a día de la ciudad, tomándose algo en la cervecería artesanal o apareciendo de repente sobre el escenario de una carpa de carnaval y cantando. Ese es su estilo de vida. Esa cercanía al público, esa autenticidad”.Acabar de repente, mejor con un estallido
Aunque Die Toten Hosen pueden llenar estadios con sus espectáculos, en 2012 dieron conciertos en apartamentos de sus fanáticos y en 2025 regresaron a su lugar de origen, el Ratinger Hof. Como allí sólo cabían 199 espectadores, hubo una retransmisión en streaming y ambiente de concierto en toda la calle. Cercanos, comprometidos y sin escándalos personales, así siguen siendo considerados Die Toten Hosen como una banda íntegra. Sin embargo, con su último álbum, Trink aus, wir müssen gehen! (¡Hasta el fondo, tenemos que irnos!, 2026), pusieron un punto final definitivo. Durante más de cuarenta años han marcado la escena musical alemana con sus éxitos en las listas, pero también con grandes actuaciones, como varios conciertos como cabezas de cartel en el festival alemán Rock am Ring. En la generación musical posterior, Die Toten Hosen han inspirado no solo a bandas punk como Feine Sahne Fischfilet, sino también a grupos de hip-hop como Antilopen Gang. Ambos participan en la versión bonus del último álbum de los Hosen, al igual que Farin Urlaub, miembro de la banda igualmente exitosa Die Ärzte.
Para Michael Wenzel, es un final determinado, no amargo, aunque Die Toten Hosen suelan usar el lema “Hasta el amargo final”. “Existe esa bonita canción ‘Wort zum Sonntag’ (‘Reflexión dominical’) con el verso ‘Todavía no tengo sesenta’. Ahora todos tienen más de sesenta y tuvieron que cambiar la letra. Creo que, si quieren seguir siendo fieles a sí mismos, entonces tienen que parar, y mejor con un estallido. Aunque no me imagino que con Die Toten Hosen sea realmente el final, las canciones quedan, la obra queda, y seguirá moviendo a la gente”.