80 años de Wim Wenders  Sus mejores películas

 Wim Wenders. Foto: Thiago Piccoli. Creative Commons 2.0

Presentamos algunas de las mejores películas del famoso director de cine alemán Wim Wenders, quien en agosto de este año cumple ochenta años.

Antes de filmar películas, antes de contar historias, antes de plantar la cámara y contemplar el paisaje a través del lente, Wim Wenders (Düsseldorf, 1945) quiso ser pintor. Fue con esa idea que tras un breve paso por las escuelas de Medicina y Filosofía en Munich, Friburgo y Düsseldorf llegó a París en 1966, pero a poco andar reconoció un problema: le era difícil atrapar en un lienzo el paso del tiempo, el transcurrir de las cosas.

Lo que siguió fue inevitable. Ayudado por la programación de la Cinemateca Francesa, el fervor de la Nueva Ola y la mundialización de la cultura pop, se convirtió poco a poco en cineasta; un artista fascinado por el cine clásico estadounidense, las contradicciones de la posguerra, los sonidos del rock and roll e historias de sujetos errantes, gente que ha abandonado su rebeldía sin causa y la búsqueda de su destino para entregarse a algo que sólo podría calificarse de aventura interior, un viaje perpetuo en el que te encuentras y te pierdes, en donde deseas partir apenas has llegado a casa y sólo te hayas a gusto en la medida que te desplazas y el paisaje frente a ti cambia sin parar.

A su manera, Wenders estaba intentando retratarse a sí mismo. Y son partes de él las que se alcanzan a reconocer en sus primeras películas, como en Alicia en las ciudades (1974), el relato de un fotógrafo alemán quien, tras un duro viaje por Estados Unidos, acaba convertido en inesperado guardián de una niña pequeña, abandonada por su madre. De pronto, lo que importa ya no son sus propios problemas sino los de esta niña momentáneamente sin hogar. Ya no sólo se trata de su viaje sino también del de ella.
 
Una sensación de similar extrañamiento es la que experimenta Jonathan, protagonista de El amigo americano (1977), filme con el que Wenders se dio a conocer en América Latina y el mundo entero. Adaptada a partir de una novela de Patricia Highsmith, la cinta es una exploración en temáticas del film noir, pero observada con la paleta multicolor del director de fotografía Robby Müller. Es uno de los filmes más bellos de la década de los 70.
 
Eventualmente, el camino de Wenders lo llevó hacia Estados Unidos. No fue una experiencia fácil: esa tierra de películas legendarias y de cine industrial le resultó un espacio tan fascinante como inhóspito, uno que logró conjurar filmando una historia de reencuentro familiar, entre un padre que vuelve desde el olvido para reunir a su hijo con una madre extraviada. Paris-Texas ganó la Palma de Oro en la edición 1984 del Festival de Cannes.
 
En la década del 80, Wenders logró convertirse en un nombre estelar de la cinematografía europea, pero después de cubrirse de elogios con Las alas del deseo (1987) decidió correr un riesgo supremo: dar la vuelta al mundo con la cámara prendida y crear la road movie definitiva. Rodada desde el centro de Europa hasta rincones perdidos en el desierto australiano, Hasta el fin del mundo se estrenó en 1991 en una versión truncada por sus productores; años más tarde, Wenders y su montajista Peter Przygoda restauraron el filme a su versión original de 287 minutos.
 
La música siempre ha desempeñado un rol fundamental en los filmes de Wenders. Su melomanía lo llevó a introducir a Nick Cave a una audiencia mundial (en Las alas del deseo), convertir en un éxito de ventas el soundtrack de Hasta el fin del mundo y difundir el genio de los portugueses Madredeus (en Historia de Lisboa); sin embargo, nada superará el impacto conseguido por su documental Buena Vista Social Club (1999). Emprendido junto al guitarrista Ry Cooder, la película rescató el legado de artistas cubanos como Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Rubén González y Compay Segundo, hizo de ellos verdaderas superestrellas y de su música un arte indeleble.
 
A partir de 2010, Wenders redobló su compromiso con el formato documental, pero usando un enfoque particular al filmar a tres artistas de su propia generación, nacidos en los años de posguerra: la coreógrafa alemana Pina Bausch, retratada en Pina (2011); el pintor alemán Anselm Kiefer, rescatado en Anselm (2023) y el recientemente fallecido fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado, en La sal de la tierra (2014).
 
Identificado por las nuevas generaciones como un activo documentalista, Wim nunca dejó de filmar historias de ficción, pero ello cobró un nuevo valor con el estreno de Perfect Days, en la edición 2023 del Festival de Cannes. Ambientada en torno a la vida mínima que lleva Hirayama, un encargado de limpieza que trabaja día tras día en el centro de Tokio. Inspirada por la admiración que le generan cineastas como Yasujiro Ozu, capaces de filmar lo pequeño y lo realmente grande a la vez, Wenders realizó una obra intensamente personal, de gran recogimiento íntimo y descarada modernidad.
 
Poco antes de cumplir los ochenta, este 14 de agoto de 2025, y coincidiendo con los 80 años de la rendición de Alemania y el final de la Segunda Guerra Mundial en territorio europeo, Wim Wenders estrenó Las llaves de la libertad, un cortometraje rodado en el preciso lugar donde las actas fueron firmadas: una pequeña escuela de Reims, que concentra dentro suyo las semillas de la paz pasadas, presentes y futuras.
 

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