Carlos Gardel ya cantaba tangos en el Hollywood de los años 30. Pérez Prado facilitaba excomuniones a ritmo de mambo en los 50. Y luego llegó Ritchie Valens cantando “La bamba”. Desde hace décadas, la influencia de la música latina en Estados Unidos y Europa ha evolucionado. Y sigue aumentado exponencialmente.
El intermedio del Super Bowl, la noche del 8 de febrero de 2026, no se trató solo de música. Sin una voz excelente, una dicción particularmente clara en español ni letras profundas, Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como “Bad Bunny” para el mundo, entendió que en un momento como ese los latinos –no solo los que viven en Estados Unidos– necesitaban sentirse representados en las escenografías y los ritmos. Un desafío simbólico en tiempos de políticas racistas y la brutalidad cotidiana de las redadas contra inmigrantes del ICE estadounidense.La presentación de Bad Bunny convirtió esa noche en una celebración de lo latino, vista por más de 200 millones de personas en todo el mundo. Según Roc Nation, la actuación tuvo un total de miles de millones de espectadores gracias a las retransmisiones nacionales e internacionales, además de las vistas en plataformas como YouTube. Y esto solo en las primeras 24 horas. Todo indicaba que, mientras más los rechazaran Trump y el ICE, los latinos estaban más listos para reafirmar su presencia en territorio estadounidense.
Del crossover a la integración total
La primera canción en español que alcanzó el Top 40 en la lista Billboard en los Estados Unidos fue “La bamba” de Ritchie Valens, en 1958. Luego llegaron José Feliciano, Carlos Santana o Gloria Stefan, antes de que Ricky Martin se convirtiera en el primer artista latino en lograr un éxito global con la canción oficial del Mundial de Fútbol Francia 98, “La copa de la vida”. Después fue el turno de Shakira con el “Waka Waka” de Sudáfrica 2010.En el proceso, Selena, llamada la “Reina de la música tejana”, tuvo el disco más vendido por un artista latino en Estados Unidos, en 1995. Daddy Yankee produjo un fenómeno con “Gasolina” y años más tarde, Luis Fonsi lo repitió con “Despacito” (2017).
A 1999 se le conoció como “El año de la explosión latina”. Casi 30 años más tarde, sus principales talentos siguen en la brega. La diferencia es que vivimos un mundo más globalizado, y la música está más a la mano que nunca, guiada, además, por un logaritmo capaz de llenar nuestros playlists de productos similares antes de que pensemos qué queremos escuchar.
“La idea de crossover ha cambiado muchísimo”, dice Leila Cobo, vicepresidenta de Billboard y autora de Decodificando Despacito: Una historia oral de la música latina (2021). “Hoy vemos artistas como Bad Bunny, J Balvin, Ozuna o Daddy Yankee que han cantado muy poco en inglés. Su éxito es en español”.
Aquí se habla español
Spotify confirmó recientemente que, entre el 2015 y el 2025, las reproducciones de temas latinos aumentaron un 2500%. De hecho, hoy Bad Bunny es el quinto artista más escuchado en el mundo a través de esa plataforma. Su música ya supera los 8 billones de reproducciones. Es, por supuesto, el latino más oído y bailado en Estados Unidos y Europa, a pesar de que ni los mismos latinos entiendan muy bien lo que canta.Su Grammy para Mejor álbum por “Debí tirar más fotos” (2025), fue el primero en esa categoría para un artista latino en la historia. Sin embargo, obras maestras como “Hard Hands” de Ray Barretto (1968) y ante todo el álbum “Siembra” de Rubén Blades y Willie Colón (1978) tendrían algo que decir al respecto.
“Bad Bunny es más grande que los Rolling Stones”, dijo recientemente el crítico musical español Diego Manrique. “Tenemos que asimilar que la música no es solo un producto estético que proporciona placer e identidad, sino que justifica actos sociales”, explicó. “Para el resto del mundo los latinos somos bulla, somos alegría, somos música. Entonces, son muchos ingredientes que hacen que el resto de las culturas se sientan, de una u otra forma, complementadas con nuestra alegría”, dice Ángel Montoya, conocido DJ en Sidney, Australia. Bad Bunny visitó recientemente esta ciudad, convirtiéndose en el primer artista latino en llenar un estadio en un país que la colombiana Shakira había visitado hace más de 20 años, y donde sigue siendo una de las artistas femeninas latinas más escuchadas, junto a su compatriota Karol G.
Precisamente Karol G, la llamada “Bichota”, se presentó en abril de 2026 en Coachella en California, encabezando el cartel publicitario. Fue la primera vez para una artista latina. Y ella lo reafirmó orgullosa, ante un público que ondeaba banderas de Venezuela, Colombia, Puerto Rico o México. Para Adrian Horton, de The Guardian, “su set de 90 minutos fue una exuberante declaración de orgullo latino y unidad panamericana, así como la alegría de una música absolutamente letal y bailable”.
Los artistas latinos ya no son solo parte de eventos para la comunidad hispana, sino para un público angloparlante cautivado por el trap, el dembow, el reguetón o la cumbia electrónica. La música latina ya no es periférica. Así, el crítico británico Simon Reynolds dijo en Rolling Stone que el siglo XXI “marcará el fin de la hegemonía musical anglosajona”, mientras los ritmos urbanos latinoamericanos alcanzan influencia global.
¿Hegemonía latina?
Ahora bien, algunas voces críticas indican con razón que ese auge implica un proceso de homogenización de los diversos ritmos latinoamericanos para adaptarlos a su versión más comercial. Se habla de “música latina”, pero se pierde lo que podría sonar genuinamente venezolano, argentino, colombiano o peruano. Y otro detalle cuestionable: hoy es difícil que una artista femenina que no se muestre sexy o realice vistosas coreografías lidere los rankings.Hay que recordar que la historia musical en español latina incluye la explosión de la salsa en la Nueva York de los 60, con Willie Colón, Héctor Lavoe y Celia Cruz, o hitos individuales Julio Iglesias o Luis Miguel. Curiosamente, cuando se habla de “música latinoamericana”, un latinoamericano se remite inmediatamente a artistas de música vernacular de alcance internacional, como Mercedes Sosa, Víctor Jara o Atahualpa Yupanqui. Sin embargo, cuando se habla de “música latina”, se piensa de inmediato en artistas como Shakira, Karol G, Bad Bunny o Rosalía.
Según la Recording Industry Association of America, la música latina generó 490.3 millones de dólares en los Estados Unidos solo durante la primera mitad del 2025. Según Spotify, Bad Bunny, Karol G, Peso Pluma o Shakira también están entre los artistas más escuchados en Europa, con España como consumidor principal. Sin embargo, el crítico David Saavedra hace una aclaración: “En términos hegemónicos, las listas en una y otra categorías siguen copadas por artistas anglosajones (o asiáticos que cantan en inglés, como BTS), pero sí parece intuirse un cambio de paradigma en el que la música latina se muestra más pujante… ¿qué nunca? en términos globales”.
mayo 2026