Dengue, chikunguña y virus del Nilo Occidental ya no son enfermedades confinadas al trópico. El cambio climático está alterando el mapa global de los virus y poniendo a prueba sistemas de salud que no se prepararon para ellos. Una entrevista con la epidemióloga colombiana Diana Rojas Álvarez sobre un fenómeno preocupante.
Hasta hace apenas dos décadas, pensar en dengue, chikunguña o virus del Nilo Occidental en Europa parecía algo absurdo. Durante años, estas enfermedades –transmitidas por mosquitos y asociadas históricamente a regiones tropicales– eran amenazas muy lejanas para el continente. Pero el aumento global de las temperaturas está cambiando rápidamente las cosas: hoy, estos virus ya están presentes en países como España, Grecia, Italia y Portugal, y todo indica que continuarán expandiéndose hacia el norte de Europa.El virus del chikunguña fue detectado por primera vez en Tanzania en 1952 y durante décadas permaneció restringido a regiones tropicales. La enfermedad causa dolores articulares prolongados y puede ser mortal en niños y adultos mayores. En 2025 Francia superó por sí sola los 800 casos, muchos de ellos vinculados a viajeros procedentes de territorios tropicales franceses. Hasta ahora, los inviernos fríos interrumpían la circulación del virus, pero el calentamiento global está debilitando esa barrera climática.
La doctora Diana Rojas Álvarez, epidemióloga colombiana y líder del equipo de arbovirus de la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera que todavía existen oportunidades para contener estos virus, aunque las medidas dependen del escenario de transmisión en cada lugar. En el caso de Sudamérica, las limitaciones en financiación y en recursos de salud pública amenazan con debilitar aún más el control de vectores y otros esfuerzos de respuesta frente a enfermedades arbovirales.
En los últimos años se han visto enfermedades como el dengue, el chikunguña y el virus del Nilo Occidental en regiones donde antes no estaban. ¿Qué ha sucedido?
La transmisión depende de varios factores, entre ellos la presencia de un gran número de mosquitos vectores adecuados y el nivel de inmunidad de la población donde se introduce el virus. Por ejemplo, en 2025 hubo un resurgimiento del chikunguña en las islas del océano Índico, donde la cepa circulante tenía una mutación que aumentaba su capacidad de propagación a través de mosquitos Aedes albopictus (tigre asiático). Al mismo tiempo, el mosquito se expandió por el sur de Europa gracias al aumento de temperaturas. Así, cuando viajeros infectados llegaron desde las islas del océano Índico a Francia e Italia, los mosquitos locales que los picaron adquirieron el virus y comenzaron a transmitir la enfermedad.
¿Qué papel está jugando el cambio climático en la expansión de los mosquitos que transmiten estas enfermedades?
Los ambientes más cálidos y las temporadas de verano más largas permiten que los mosquitos amplíen sus zonas de reproducción y que el período de riesgo de infección se prolongue. Aún se investiga cómo estos cambios afectan tanto a los mosquitos como a los virus.
¿Cómo explicar que virus tradicionalmente considerados “tropicales” estén apareciendo en Europa y Norteamérica?
Los mosquitos transmisores están apareciendo en nuevas áreas con condiciones adecuadas para reproducirse y sobrevivir. Para que esto ocurra deben coincidir varios factores: la llegada de estos mosquitos a nuevos territorios a través del transporte, el comercio y viajeros infectados que introduzcan el virus, así como poblaciones sin inmunidad previa.
¿Estamos frente a un cambio temporal o a una transformación más profunda en la distribución global de estas enfermedades?
Esto depende en gran medida de si las especies de mosquitos vectores logran establecerse de manera permanente en las áreas afectadas y de si el virus puede seguir circulando sin necesidad de nuevos casos importados, además de que una parte importante de la población siga sin defensas frente al virus.
¿Qué implica este cambio para los sistemas de salud de países que no estaban preparados para enfrentar este tipo de enfermedades?
Los profesionales de la salud que no están familiarizados con las enfermedades arbovirales transmitidas por Aedes podrían no reconocer rápidamente este tipo de infecciones, lo que afecta el manejo clínico y retrasa la notificación a las autoridades de salud pública, quienes necesitan actuar rápidamente.
Más allá del clima, ¿qué tanto influyen factores como la deforestación, la urbanización y la forma en que usamos el territorio en esta expansión?
Todos estos factores influyen, pero también la movilidad global de personas infectadas, especialmente cuando el virus llega a zonas donde estos mosquitos ya están presentes y donde la población no tiene inmunidad frente a la infección.
¿Cuáles son las poblaciones más vulnerables frente a estas enfermedades y por qué?
Esto varía según el virus, pero en general las personas mayores y quienes tienen enfermedades preexistentes tienden a tener mayor riesgo de desarrollar cuadros graves. Las mujeres embarazadas también enfrentan riesgos mayores, especialmente en enfermedades como el zika o el chikunguña.
Desde la perspectiva de la OMS, ¿cuáles son las principales preocupaciones frente a la expansión de los arbovirus hacia nuevas regiones?
Las principales preocupaciones incluyen la falta de vigilancia epidemiológica y la limitada preparación para enfermedades arbovirales en países donde antes no circulaban estos virus. Esto puede retrasar la respuesta sanitaria y facilitar brotes más grandes. Para enfrentar estos desafíos, la OMS está finalizando el módulo: “Preparación y resiliencia frente a amenazas emergentes” enfocado en arbovirus, acompañado de una herramienta de evaluación de riesgo para posibles arbovirus de preocupación en cualquier país.
¿La expansión de estas enfermedades representa una ruptura en la manera en que entendemos la relación entre salud, clima y territorio?
Los acontecimientos actuales refuerzan las preocupaciones y premisas que dieron origen al enfoque de “Una sola salud” (One Health) y a otras iniciativas impulsadas por la OMS y sus aliados. Al mismo tiempo, muestran cómo el cambio climático está transformando la relación entre salud, territorio y circulación de enfermedades en el mundo.
mayo 2026