Una aproximación a la muxeidad  Queer: no. Queer-po muxe: sí

Muxeidad Foto: Mario Patiño
“Queer-po” es un juego de palabras. “Queer-po” se pronuncia casi como la palabra “cuerpo” en español. El artículo de Lukas Avendaño describe la diferente sensación del cuerpo, propia de la muxedad. Los muxes no se sienten queer per se, pero sí tienen una sensación del cuerpo que es queer.

Cuando alguien me pregunta por lo muxe o la muxeidad, es inevitable en sus cuestionamientos si esta expresión cultural, forma de vida o tradición entre los zapotecas, pudiera considerarse como un gesto propio de los habitantes del Istmo de Tehuantepec, en México. Con frecuencia esas personas rayan en el atrevimiento preguntando: ¿desde cuándo existe lo muxe o la muxeidad [1]? A lo que, sin titubear, respondo con un “no lo sé”.

Yo solo tengo vagas intuiciones, hipótesis, e incluso especulaciones, pero nada que pueda instituirse como ‘verdad’. Sin embargo, sí puedo considerarlo como un “criterio de verdad”, como experiencia indudable y auténtica de quien la vive, con la posibilidad de ser “falseable”, puesto que este criterio emana y se origina en la propia vida y experiencia.

El detonante que me motivó a ocuparme de la reflexión de la muxeidad ha sido el darme cuenta que lo escrito con relación a lo muxe tiene mucho de “falseable”, y que el tener ‘calidad muxe’ en el contexto del Istmo de Tehuantepec contrasta con ser muxe fuera de la región. En el Istmo se es muxe, fuera del Istmo, a los ojos del otro(a), yo soy puto/homosexual o cualquier otra denominación parecida.

[1] Muxeidad es “protagonizada” por personas que nacen con “pene y testículos”, y que viven su cotidianidad asumiendo roles culturales considerados “oficios, rol, estéticas y/o gustos no de varones”.
 

En el Istmo se es muxe, fuera del Istmo, a los ojos del otro(a), yo soy puto/homosexual o cualquier otra denominación parecida.

Así, y ante esta afirmación de que la muxeidad en el Istmo de Tehuantepec es un gesto cultural distintivo de la milenaria cultura zaa (zapoteca/binni zaa/zaa), he sentido la necesidad de reflexionar respecto a la forma de vida muxe.

¿Por qué dicen algunos saberes locales que lo muxe ha existido o coexistido ancestralmente en la cultura zaa? Cuando uno pregunta ¿desde cuándo existe lo muxe? algunos responderán: “Desde que Eva y Adán comieron la manzana y fueron expulsados del paraíso se torció el mundo”.

Otros contarán que “cuando San Vicente Ferrer (1350-1419), el santo patrono dominico de Juchitán, andaba repartiendo putos por el mundo, se le rompió la bolsa donde los traía, y de ahí que se hayan multiplicado”. Y otros más responderán: “desde quién sabe cuándo.”
 

Muxeidad 1 © Mario Patiño

Las dos primeras formas de explicar el origen de la muxeidad ubican la existencia de lo muxe en una temporalidad. Es decir, en la versión de Eva y Adán lo muxe existe desde que se torció el mundo y entonces lo muxe existe desde el origen. Pero la expresión “torció” ¡los hace ver como imperfectos, tocados por el pecado, desaprobados por dios a consecuencia de la desobediencia!

En la segunda forma de explicarlo, se narra el surgimiento en el siglo XVI con San Vicente Ferrer. Cabe mencionar que ambas expresiones apelan a los relatos y la iconografía cristianas, lo que por default le quita validez a la premisa de que la muxeidad es una expresión legítimamente zaa, ya que las dota de temporalidad occidental y las remite a un contexto inexistente en la cosmovisión zaa.

Sin embargo, en la tercera expresión, “desde quién sabe cuándo”, cabe la posibilidad de que el “quién” sea cualquiera que pueda relatar la existencia de la muxeidad desde tiempos anteriores al contacto con los peninsulares. Y para comprender esta diferencia propongo dos hipótesis.

Primera hipótesis: “la Gracia”.

Muxeidad - 2 © Mario Patiño En la región del Istmo de Tehuantepec –entre las comunidades zapotecas o con ascendencia zaa– se suelen encontrar expresiones como: “¡Ni gracia contigo!”, como una forma de desaprobación. O también, “¡Pero gracia tiene!”, como forma de aprobación, reconociendo así alguna habilidad en la persona para expresiones estéticas como crear adornos florales, danzar, diseñar textiles, hablar, caminar, maquillarse, contar chistes con humor, etc.

Y esta gracia acompaña lo muxe como seres de gracia, que poseen la gracia o que la gracia está en ellos. Es importante saber que entre las expresiones estéticas que ellos realizan se incluye la oralidad: el simple hecho de hablar ha de hacerse con gracia. ¡No son la gracia!, mas sí es la gracia que existe en ellos lo que hace que se concrete su expresión.

Segunda hipótesis: “Gracia = Guenda”

Muxe Performance Foto: Mario Patiño

Hablar de gracia no responde a la necesidad de encontrar vestigios que den cuenta de la existencia de la muxeidad antes del contacto con los primeros evangelizadores, sean estos dominicos, franciscanos o agustinos, pese a que es la manera más común de asociar una cualidad de ser a lo muxe y su existencia en el castellano.

Entre los hablantes del didxazaa (zapoteco) existe una palabra que es sustituida por la palabra en castellano “gracia” y es “guenda”, el “ser” [2]. Todas las cosas –como también las personas– poseen su guenda e incluso las palabras están dotadas de guenda.

Cuando los niños tienen algunos días o meses de nacidos y, mientras duermen, suelen hacer muecas o gestos que hacen parecer que se ríen. Cuando esto sucede, los habitantes del barrio de Santa Cruz Tagolaba, en Tehuantepec, les piden a los adultos que no los vean y cubren al bebe con un pañuelo “para que no le roben su guenda” o angelito. ¿Se trata de una traducción del nagual y del tonal mesoamericano?

La gente adulta de aquel barrio dice que todo ser humano que nace trae guenda, lo cual está considerado como un don para crear, ya sean por medio de oficios manuales o de prácticas estéticas tales como cantar o tocar algún instrumento. Pero, si un adulto ve al recién nacido haciendo gestos, puede robarle su “angelito”, ya que lo que hace en ese momento el recién nacido, expresado en gestos, es “platicar” con su guenda. Y si al recién nacido le roban su guenda, de adulto no podrá hacer aquello para lo que venía destinado.

[2] Espíritu, de origen, de la fuente, raíces, tótem, nagual, alma, don, facultad, virtud, talento mágico, prístino, originario, primitivo, identidad, mente, cerebro (como origen), relativo a la herencia cultural, raíz cultural, cultura, ser.

Y si al recién nacido le roban su guenda, de adulto no podrá hacer aquello para lo que venía destinado.

Si entonces el guenda es el ser, es también la energía creadora. Y si se encuentra asociada con la muxeidad, entonces podemos decir que se ha encontrado una conexión que vincula la coexistencia de la muxeidad con la cultura zaa desde tiempos precolombinos. De ser así, tenemos hasta estos momentos en el guenda los primeros vestigios de la existencia muxe en la cultura zaa, cuando menos desde el periodo posclásico zapoteca [3].

Si bien el guenda nos ayuda a entender el por qué se asocia al ‘ser muxe’ con la gracia, es importante hacer un ejercicio de larga duración, siguiendo a Fernand Braudel, cuando dice que lo que más tarda en cambiar de las sociedades son “las mentalidades”, porque se encuentran atravesadas por la coyuntura, el acontecimiento y la larga duración. Digo entonces, que tanto el guenda como la gracia en este momento encuentran su explicación en la larga duración, aunque primero tuvo que ser el acontecimiento/coyuntura.

[3] Posclásico mesoamericano del año 900 d. C. al 1521 d. C.

La identidad muxe no se restringe a la sexualidad.

Muxeidad - 4 © Mario Patiño Es preciso reconocernos todos como seres sexuados, donde sexualidad y erotización son una constante, en semejanza con las aves que se aparean y con los insectos. En todo cuanto existe se reconoce al macho, la hembra y el manflor. Los juegos infantiles, para representar ser la mamá y el papá, conllevan la simulación del coito entre varones, o bien los juegos a tocarse las nalgas, el pene, los pezones, e incluso la costumbre de orinar juntos.

Por otra parte, la sexualidad y el erotismo no pueden entenderse si se tratan por separado –muxes y hombres– sino que compete a la comunidad. De ahí que proponga no hablar aquí del muxe en singular-plural, sino de la muxeidad como un “hecho social total”.

De ahí que proponga no hablar aquí del muxe en singular-plural, sino de la muxeidad como un “hecho social total”

Tal condición también implica abordar el “baalana” –ritual que festeja el “desvirgamiento”– o la virginidad de las mujeres. Por ello, la mujer robada o raptada debe “legitimarse como ser virgen” mostrando como prueba las manchas de sangre del “desvirgamiento”; lo cual se festeja luego repartiendo flores rojas, confeti rojo, así como vino y refrescos rojos entre los vecinos.

Como parte del ritual, la comitiva de familiares y amigos del “novio” van a conformar a la madre ofendida por el rapto de su hija. Es una constante entre los presentes llevar regalos, con el uso del color rojo; con estos presentes la madre podrá sentirse “orgullosa” porque cuidó la virginidad de su hija, lo que significa que su hija y la familia han sido honrados con su “desvirgamiento”.

Como resultado, la madre puede poner sus condiciones para celebrar el casamiento-boda, “porque su hija vale,” y ante cualquier menosprecio por parte de los familiares del novio, la madre de la desvirgada podrá argumentar ofendida, diciendo: “¡Qué! ¿Mi hija no vale?”.

En contraste, para los varones no existe ritual de la virginidad, sino que ellos pueden tener una sexualidad libre con otros varones, o también con las chivas, las borregas, las marranas, ¡hasta las gallinas pasan! También pueden hacerlo con los muxes o con “las mujeres de la cantinita de la esquina”.

Una identidad muxe o identidades plurales muxes

Muxeidad Makeup © Mario Patiño Ya que existen identidades diversas, lo muxe se distingue de quienes quieren simular “ser mujeres” (travestis, transgéneros, transexuales). Los muxes solo retocan su identidad, sumando algunos signos considerados “no masculinos”, tales como pintarse las uñas, usar sandalias “pata  de gallo” o guaraches de “mujeres”, enchinarse  las  pestañas y ponerse rimel, delinearse los ojos, sujetarse el cabello con pinzas de plástico y usar aretes. Todo esto sin perder el uso de los pantalones.

El muxe “tradicional” no pierde los pantalones, pues si opta por la indumentaria femenina lo hace desde la cotidianidad, en el espacio público y privado como es el caso de Martha Medina en San Blas Atempa [4], quien está dedicado a vender cervezas en una cantina y hace uso en todo momento de su enagua y refajo corto[2], sus aretes de oro y, se agarra los pocos cabellos con unas muelas de plástico que no logran cubrir del todo su calvicie. Así cumplen con la tradición.

El muxe sincrético, lo describiría como aquél que “cumple” con la tradición, participa de ella haciendo uso de la indumentaria femenina tradicional y se comporta manteniéndose en los márgenes de los espacios de participación femenina. Pero, una vez salido de los roles de la tradición, adopta la “indumentaria femenina” occidental, como los vestidos, las faldas y minifaldas, los escotes, un maquillaje exagerado, zapatos de tacón y hasta el uso de tintes en el cabello.

[4] San Blas Atempa, municipio conurbado con Santo Domingo Tehuantepec.
[5] Prendas femeninas tradicionales entre las mujeres zapotecas –falda/pollera-.
 

Lo muxe como un tercer género zapoteco

Muxeidad - 6 © Mario Patiño Resulta difícil emitir una respuesta con un sí y/o un no respecto a lo muxe como un tercer género. Recordemos que lo muxe existe en la medida en que es un “hecho social total”. Por ello, no conviene hablar de lo muxe, sino de la muxeidad. Habría que considerar muchas otras variables que no sólo incumben a lo muxe, sino también a las masculinidades, a la feminidad  y  al rito de  paso  del “desvirgamiento”, al erotismo, y a la sensualidad por la  vida en el sentido  más amplio.

Por ejemplo, se sobreentiende que si eres muxe tus prácticas sexuales se ejercerán permitiendo ser penetrado en todo momento. Y el que penetra no es otro muxe, sino que es un “hombre en toda la extensión de la palabra”. Y este “hombre” nunca ve trastocada su identidad sexo/genérica; no sé pregunta ni se cuestiona su sexualidad, es decir no se le reconoce como muxe, ni tampoco como bisexual u otro.  El ejercicio que este varón tiene de su sexualidad sólo es una más de las prácticas que tiene permitidas por ser “hombre”.
 

fuera de la colectividad dejas de ser muxe, para ser un ‘puto cualquiera’, un pervertido degenerado.

A manera de cierre (sin concluir nada porque esto hay que discutirlo, repensarlo todo el tiempo y en todo momento), considero que de existir un tercer género muxe, éste existe inserto en el tejido socio-cultural de la colectividad, ya que fuera de la colectividad dejas de ser muxe, para ser un ‘puto cualquiera’, un pervertido degenerado.

Es la colectividad la que te enuncia, la que te visibiliza. Son ellos quienes te nombran, quienes te dan existencia real o simbólica y quienes aportan tu capital social, económico o simbólico, que se re-capitaliza en la medida en que te encuentras inserto en las prácticas culturales de esa colectividad, cumpliendo con los compromisos, participando en las dinámicas internas. Por lo que cabe subrayar que este “tercer género” se construye solamente en la participación cotidiana de todas las esferas públicas y privadas, lo que significa ¡ser comunidad pues!

Muxeidad - 7 © Mario Patiño Es importante tener presente que las lógicas internas de la colectividad zapoteca istmeña, pareciera que se declaran intencionalmente inmorales a los ojos de la moralidad occidentalizada del resto de la ciudadanía mexicana. A los ojos de los dxu –los otros / los fuereños que han logrado estar en “la piel del nativo”– los muxes somos una sociedad matriarcal, zoofílica, pedofílica y bárbara porque degüella toros, chivos, marranos, y decapita gallinas, festeja y exhibe la sangre del desgarramiento del himen de las vírgenes, y claramente también es permisiva y tolerante de los homosexuales.

A modo de conclusión

En la lógica del capitalismo nadie tiene otra forma de ser sino compitiendo, comparándose, corriendo tras la zanahoria. Y ya que en el capitalismo la tradición no es un valor a intercambiar o que genere dinero, tampoco es un bien de plusvalía, a no ser en calidad de “pueblos mágicos”, certificación que no posee ninguno de los pueblos del Istmo de Tehuantepec. Por lo tanto, nuestras tradiciones quedan fuera de la competencia porque ningún muxe dirá que es el mejor rezador del barrio o que adorna más bonito al santo o a la virgen para su fiesta. Ellos sólo se esmeran como un gesto instintivo/empírico por su carácter de guenda/gracia. Una cualidad del ‘ser muxe’ es la vocación de servicio para la comunidad.
Muxeidad - 8 © Mario Patiño

Hablar de expresiones muxes fuera del contexto oaxaqueño puede colocarles de forma riesgosa en la punta del iceberg del mercado, convirtiéndolos en mercancías culturales virtuales, sin base social, sin tejido comunitario que les dé sustento. Así, siendo signos incomprensibles para el mercado, en su polisemia se vuelven ambiguos.

Pero, esta manifestación de la cultura muxe fuera del contexto ¿realmente está generando comunidad y colectividad? ¿Fortalece el tejido social sobre el que se inaugura y configura? ¿O es una estrategia queer para irrumpir en las subjetividades hegemónicas de sus respectivos contextos? ¿O acaso es un carnaval virtual?

Todo eso son pretensiones que pueden surgir. Pero el guenda no se encuentra en la pretensión. Es decir, que tratándose de las personas con “don” / guenda, si actuaran usándolo con el afán de la pretensión podrían llegar a perderlo: el guenda te abandona, entre más grande es el deseo de ser mejor, mayor es el desarraigo al “don”.

Y esta manifestación de ofrecerse/ofrendarse para ayudar, para servir, es lo que le da al muxe un reconocimiento social, respeto, lugar en la estructura social

De hecho, diría que el que es mejor no se mueve por ser el mejor, lo mueve su guenda, como gracia con su deseo de servir, de cumplir con el compromiso, de cumplir con la promesa y de ahí el espíritu del desapego, del ofrendar, del reparto de sus bienes reales o simbólicos, de acumular para después derrochar, como el potlatch entre los Wakiut. Y esta manifestación de ofrecerse/ofrendarse para ayudar, para servir, es lo que le da al muxe un reconocimiento social, respeto, lugar en la estructura social, prestigio, porque todo esto es inherente a su persona y a su condición “¡porque ellos son así!”. Porque tienen guenda/gracia y no porque sean los mejores.

Léase esto como mi contribución a una comprensión menos simplista de la experiencia muxe por parte del mundo externo, vislumbrando la imposibilidad de hablar de lo muxe sin tocar las otras instituciones, como “el baalana”, la femineidad, las masculinidades. Por eso bromeo expresando que el muxe es como el rey Midas, sólo que a diferencia de él que todo cuanto tocaba lo convertía en oro, el muxe con todo (todos/as) cuanto (cuantos/as) se relacionan se muxeidisa (muxeisa).
 

En suma, Muxeidad es:

Muxeidad - 9 © Mario Patiño Una forma de vida circunscrita a un espacio geográfico en la región del Istmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, que está latente en las sociedades con “estilo étnico” zapoteca.
Muxeidad es “protagonizada” por personas que nacen con “pene y testículos”, y que viven su cotidianidad asumiendo roles culturales considerados “oficios, roles, estéticas y/o gustos no de varones”.
Muxeidad es una poética de la vida y una subjetividad menos ortodoxa para asumir y vivir los cuerpos que contrasta además con la escrupulosa mirada de la heteronormatividad.
Muxeidad es una economía galopante y generadora de excedentes capaces de ser los proveedores/as del núcleo familiar, generosa con los sobrinos y con sus padres, practicada desde la guelaguetza, la guendaliza, el tequio, lo común y más.
Muxeidad es una estética que se refleja en la forma y maneras de adornar los espacios festivos.
Muxeidad es una manera deliberada, abierta y franca de cuestionar y falsear algunas enunciaciones patriarcales como “criterio de verdad”.
Muxeidad es la punta del iceberg de una práctica de vida con una temporalidad “en la larga duración” en términos de Fernand de Braudel.
Muxeidad es un baluarte celoso de la religiosidad sincrética y de la desnudez de los santos y las vírgenes.
Muxeidad es la mano en la que se apoyan los padres y madres en su senectud.
Muxeidad es coito y felatio entre “varones” mientras las aguas del río cubren a los encuerados.
Muxeidad es una manera de salvaguardar la integridad de la virginidad de las mujeres.
Muxeidad es una manera de iniciarse y descubrirse en el ejercicio de la sexualidad sin miedos, sin culpas, sin remordimientos y sin pecados concebidos.
Muxeidad son formas en que varones se inician sexualmente con muxes.
Muxeidad es la ruptura del paradigma judeocristiano de la sexualidad, de la propiedad privada del cuerpo, de la familia heteronormativa y de la monogamia.
Muxeidad es una manera de contradecir el libro de Levítico 20:13.
Muxeidad es una posibilidad de enamorarse y ser feliz, aunque él solo pase por tu casa.
Muxeidad es vivir la fantasía de que eres amada(o) mientras te besa con su aliento etílico y lengua de tabaco.
Muxeidad es ser autosuficiente económicamente y tener una cama que ocasionalmente se entibia por un amante casual.
Muxeidad es ser el coreógrafo de los quince años de las mujeres del barrio de la colonia.
Muxeidad es ser entrenado como macho alfa, aunque el lomo plateado sea esmalte en las uñas y el pelo en pecho las extensiones o plumas en la cabeza.
Muxeidad es una vasija mesoamericana que no se convirtió en tepalcate.
Muxeidad es un códice que se salvó de las llamas del fuego eterno del infierno.
Muxeidad es un significante polisémico.
Muxeidad es un alfabeto y muxe un fonema.
Muxeidad es un entramado de signos y símbolos.
Muxeidad es un “estilo étnico”.
Muxeidad es la manera de una colectividad de asumir valores, formas y ritmos.
Muxeidad, fuera del Istmo de Tehuantepec, es “poligamia”, “incesto”, “estupro”, condición irracional, superstición, creencias, supercherías, idolatrías, sodomía, y pecado nefando que habita con todo el rencor ponzoñoso en un asqueroso cuerpo homosexual.
 

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