Entrevista a Alain Mabanckou “Todos nos necesitamos mutuamente”

Petit Piment © Lena Kronenbürger

El escritor franco-congoleño Alain Mabanckou habla sobre si es necesario juzgar la literatura por su utilidad, por qué sus amigos de Pointe-Noire quieren aparecer en su próxima novela y por qué ya es hora de dejar de llamarlo “escritor negro”.

En su novela Petit Piment el sacerdote Papa Moupelo tiene una gran influencia sobre el protagonista. Cuando se piensa en ese personaje, en Papa Moupelo, enseguida dan ganas de bailar y cantar como él lo hace con los niños del orfanato. ¿Qué papel jugó la música en su infancia?

La música jugó un papel muy importante poque en África la música está afuera, en los bares, en la radio, en la iglesia. Cuando voy a las iglesias occidentales, la música es muy tradicional, con órganos y niños serios. Pero cuando nosotros íbamos a la iglesia, era un ambiente tropical, ¡saltábamos, bailábamos! Y así es en el libro cuando el sacerdote llega a la escuela y nos hace bailar,  porque la danza es sinónimo de la felicidad, del entusiasmo que se puede tener. Incluso cuando escribo mis libros, siempre hay música de fondo. Pongo, por ejemplo, rumba congoleña. En efecto, la música está muy presente en mi vida.

¿Por qué, en su opinión, alguien se convierte en escritor?

Alain Mabanckou Alain Mabanckou | © Alain Mabanckou
Uno es escritor porque falta algo en nuestra memoria, porque queremos llenar los agujeros de la memoria. Lo que diferencia al escritor de la persona que hace strip-tease es que la personas que hace strip-tease se quita la ropa para hacerse ver, para mostrarse, mientras que el escritor, por el contrario, intenta abrir las cosas para ocultar un poco su dificultad, su soledad.

Hace algunos años el escritor Édouard Louis me dijo: “Si la literatura no busca cambiar el mundo, no vale la pena gastar una hora en ella”. ¿Está de acuerdo?

No es necesario cuestionar la literatura por su utilidad. Hay escritores/as que escriben pensando que son inútiles, que no cambian el mundo, que cantan la felicidad de la nieve, que piensan que no piensan sino en ellos mimos... En fin, no hay que pensar siempre que la literatura debe tener determinado color, una función única. Para mí, la literatura cambia el mundo porque permite tomarle la temperatura al imaginario del ser humano. Yo soy africano, sé que la literatura cambió mi continente. La literatura se usó para luchar contra la colonización o contra los regímenes dictatoriales, tuvimos lo que se llama literatura comprometida. Édouard Louis está en un proceso de compromiso... con la identidad individual, social y sexual. Es lógico que su literatura tenga una misión. Pero yo sigo abierto a los que pueden hacer literatura sin sentirse obligados a investirse de una misión.

Ahora usted está en París, pero también pasa bastante tiempo en Pointe-Noire, en el Congo-Brazzaville, donde creció, y en Los Angeles, Estados Unidos, donde es catedrático de literatura de lengua francesa.

Sí, ya tengo una identidad tricontinental: África es el continente de mis orígenes, donde nací y crecí, donde pasé mi infancia y parte de mi juventud. Europa es mi continente adoptivo, poque llegué a Francia a los veinte años. Europa es, para mí, mi tierra por adopción. Me adoptó, me ayudó a tomar consciencia de mi cultura, a estudiar, a leer los grandes autores... Y después los Estados Unidos, donde trabajo y miro desde lejos toda esta nostalgia y a veces me siento mejor allí. Hace diez días que estoy en París, y bueno, ya estoy fatigado. Tengo ganas de volver tranquilamente a Los Angeles, de estar lejos de la actividad social francesa, bajo el sol de California... Los tres continentes me fascinan y pienso que me he convertido tal vez en un monstruo de tres cabezas. África habla en mí todos los días, Europa me recuerda que la cultura está viva y los Estados Unidos me exigen trabajar cada día más duro para merecer lo que tengo.

Cuando regresa a Pointe-Noire, ¿se reintegra de modo inmediato a la sociedad, al círculo de amigos y de la familia? ¿O tiene que luchar cada vez para reencontrar su lugar?

Como escribo mucho sobre el Congo, mis libros están anclados a la realidad africana. Cuando llego al Congo-Brazzaville, mis amigos están contentos, ¡sienten como si llegara su hermano mayor! Todos quieren estar en mi novela. Todo el mundo quiere ser un personaje de mi próximo libro. Los libros que publiqué estos últimos años son libros autobiográficos, en consecuencia, hablan de la realidad, de personas que viven a mi alrededor. Si va al Congo, las podrá encontrar: las calles que describo existen realmente y así, si alguien aparece en una novela, es porque es un personaje importante del barrio.

En Europa, los/as escritores/as tienen miedo de escribir sobre los personajes de su propio entorno... ¿Podría explicar la diferencia entre la novela autobiográfica europea y la africana?

La novela autobiográfica europea es una novela que se parece mucho a las disputas familiares, es decir, es un destape total. En general, si alguien escribe una novela autobiográfica en Europa, puede terminar en un tribunal acusado de difamación. Pero si uno escribe una novela autobiográfica africana, tendrá problemas con los que no figuran en el libro y preguntan: “¿Por qué están todos menos yo?”. Por eso escribí Petit Piment. Petit Piment se enojó cuando escribí Lumières de Pointe-Noire; todos figuraban ahí menos él. Entonces escribí un libro para él.

¿Es importante conocer la nacionalidad de un escritor?

Es importante si se quiere saber cómo la sociedad define o recibe la novela. Porque la novela siempre es la misma. Usted es una escritora alemana y yo uno congoleño pero cuando escribimos tenemos la misma angustia de creador y sentimos la añoranza de la misma manera, pues la fuerza de la creación es la misma. Lo que tal vez nos puede diferenciar son los universos en los que vivimos y, por supuesto, cómo las sociedades reciben el mensaje que se les da. Europa en cuanto tal tiene una larga y establecida tradición de novelas: el surrealismo, el realismo, el simbolismo, los románticos, etc.… Pero África no tiene esa larga tradición de la novela escrita. Y entonces la sociedad no sabe cómo reaccionar cuando hay una obra que se inspira en la realidad y la integra a la ficción.

¿Por qué no existe esa larga tradición de la novela escrita en África?

En la literatura africana se usan y están activas muchas lenguas. Algunas lenguas tuvieron la oportunidad de ser lenguas con una tradición escrita. Pero si usted toma el África Central, muchas se quedaron en el estadio oral y no tienen literatura escrita. La literatura de esas regiones es oral, una literatura alimentada de relatos, leyendas, mitos y que se transmiten de abuelo a nieto o de abuela a nieta. La literatura escrita se desarrolló en África recién a comienzos del siglo XX, porque a partir de ese momento los africanos fueron a la escuela occidental. Aprendieron inglés, francés, alemán y comenzaron a escribir en la lengua de los colonizadores.

Cuando pienso en sus novelas, pienso en la incorporación de la lengua oral en la escritura. ¿Tiene que ver con la idea de transmitir una parte de la tradición oral africana en sus relatos?

Ese es el corazón del problema, porque en general, cuando escribo, ¡transcribo la oralidad de mi cultura! En la mayoría de mis libros se tiene la impresión de que todo es hablado. Son libros de palabras dichas. Mi escritura, primero la escucho, no la veo ni la pienso pero la escucho. Y cuando la escucho, reflexiono sobre lo que voy oyendo. Aquí también hay un lazo con la música.

¿Habla en voz alta cuando escribe?

Si, a veces leo. Es imprescindible que los capítulos suenen bien a mis oídos. Si las palabras no suenan bien a mis oídos, ¡está mal! Es como una nota musical. Mi literatura, hay que escucharla, oírla, ¿porque lo que describo es la vida!

¿Ya es tiempo de dejar de llamarlo “escribano negro”? Nunca se dijo “él es un escritor blanco”...

Cuando se dice “Usted es un escritor negro”, ya se ha dado una definición. No se le deja a uno la posibilidad de definirse a sí mismo. Uno está definido, etiquetado. Cuando alguien dice “escritor/a negro/a”, lo dice en un mundo donde forzosamente hay una distinción de color. Algo diferente es decir que uno es un escritor africano. Ahí ya no hay definición por las características físicas sino por el espacio geográfico. Si alguien dice “Usted es un escritor africano” está dando la posibilidad de decir también que es un escritor africano blanco, por ejemplo, lo que amplía las cosas. Solamente quiere decir que uno viene de algún lugar de África y que de ese lugar sale una voz literaria. En Francia soy un escritor franco-congoleño.

¿En Francia se lo ve como un escritor francés? Después de todo, usted tiene la nacionalidad congoleña y la francesa?

Mire, cuando salgo para comprar pan, lo primero que se ve es un negro enorme que entra en una panadería. Cuando se describe a un francés, lo que aparece en la cabeza de todo el mundo es una persona blanca.

¿No le duele?

No, no me duele porque en el origen de la construcción de la sociedad francesa no había negros. Los negros llegaron con la historia. Hace falta tiempo para que les entre en la cabeza a los franceses que “el francés” no es más únicamente una persona blanca de ojos azules sino que también puede ser negra, asiática, amarilla, mestiza, etc. Es una realidad que es nueva para Francia. Pero hay una tarea pedagógica que realizar tanto con los negros como con los blancos. Y decirles a los negros: “Si eres francés, no es por tu color, es porque incorporaste cierta idea sobre esta nación.”

Era joven cuando vino a Francia a estudiar derecho. ¿Todavía reconoce la Francia de entonces?

Viví diecisiete años en Francia, es un país que conozco bastante bien. Hubo un cambio total entre los años noventa, cuando llegué, y la Francia de ahora. Nuevas voces toman la palabra. ¡Se habla de la Francia negra! Antes la literatura africana no llegaba al Collège de France. Y es el pueblo francés el que impulsa este cambio cada vez más importante. ¡La Francia de hoy es multicolor!

Escucho en sus palabras esperanza y optimismo. ¿No le dan rabia los xenófobos?

Si no me dan rabia es porque escribo sobre esos problemas. Si uno siente rabia frente a los racistas, los racistas van a vencer. A los xenófobos no hay que oponerles la rabia sino la frialdad irónica del conocimiento. El arma más importante para contrarrestar el racismo es el conocimiento, más exactamente el conocimiento de la cultura. Muchas veces es el inconsciente el que habla. Ya sabemos que en este mundo el color no tiene importancia porque nos necesitamos unos a los otros.

 

Alain Mabanckou es escritor y profesor de literatura en lengua francesa en Francia y los Estados Unidos. Nació el 24 de febrero de 1966 en Pointe-Noire, en el Congo-Brazzaville, un lugar donde le gusta situar sus novelas autobiográficas. Su obra está traducida a más de veinte idiomas.
 

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