100 años de la Teoría de la relatividad El nuevo cosmos de Albert Einstein

Descubrimiento revolucionario: La teoría de la curvatura del espacio de Albert Einstein;
Descubrimiento revolucionario: La teoría de la curvatura del espacio de Albert Einstein; | © NASA

En 1915, Albert Einstein presentó la Teoría de la relatividad. Sus fórmulas y su personalidad lo transformaron en una celebridad mundial.

El 25 de noviembre de 1915, Albert Einstein presentó la “Teoría General de la Relatividad” en la Academia prusiana de ciencias en Berlín, un concepto que revolucionó lo que hasta entonces se conocía sobre la fuerza de gravedad. El físico hablaba entusiasmado de una teoría de "incomparable belleza", que demostraba que la gravedad no era una fuerza sino una sorprendente característica del tiempo y del espacio.

Ya en 1905, Albert Einstein, un funcionario de una oficina de patentes hasta ese entonces prácticamente desconocido en el mundo de la física, había publicado en una jugada genial cinco trabajos revolucionarios. Si bien el Premio Nobel de Física le fue concedido en 1922 por sus investigaciones sobre la naturaleza de la luz, lo que lo hizo famoso fue su Teoría Especial de la Relatividad, con la que entonces puso de cabeza nuestro concepto del tiempo y el espacio. Albert Einstein descubrió que la luz siempre se mueve a la misma velocidad de 300.000 kilómetros por segundo y que ningún cuerpo ni ningún tipo de información puede moverse más rápido.

Una fórmula cambia el mundo

En el marco de la Teoría Especial de la Relatividad, Albert Einstein descubrió la que probablemente sea la fórmula más famosa de la historia: E=mc2. Según esta, existe una equivalencia entre la energía E y la masa m. Este hallazgo es la base del principio de la bomba atómica y los reactores nucleares, así como de la bomba de hidrógeno y la producción de energía en el interior del sol y las estrellas. Todo ello a partir de esa modesta fórmula que transformó al mundo.

Pero el concepto básico de la  “Teoría General de la Relatividad” apunta a otra cosa. Según este, la materia curva el espacio que la rodea y otros cuerpos y rayos de luz deben seguir el rastro de esa curvatura. La luna, por ejemplo, no gira alrededor de la tierra porque ambos cuerpos estén unidos por líneas de fuerza, sino porque ambas provocan una curvatura en el espacio que las rodea, como bolas de acero en una superficie tirante de goma, y giran una en torno a la otra orbitando en las correspondientes hendiduras. Esto es aplicable a todo aquello que ocurre sobre nuestro planeta; una taza que se cae, también está siguiendo la curvatura del espacio. Además, el tiempo en los lugares más expuestos a la fuerza de gravedad transcurre más lentamente que por ejemplo en el espacio, aunque las diferencias a nivel de la tierra son extremadamente pequeñas: tras ochenta años, una persona que ha vivido en el último piso del edificio Empire State, es aproximadamente una diez milésima parte de un segundo mayor que su hermano gemelo que ha vivido la misma cantidad de tiempo en la planta baja.

A pesar de su carácter revolucionario, el verdadero boom de la “Teoría General de la Relatividad” se produjo recién en los años ’60, cuando la astrofísica y la cosmología celebraban un éxito tras otro: sa confirmación de la “Teoría del big bang”, el descubrimiento de las estrellas de neutrones, los púlsares y los hoyos negros, nada de eso podría explicarse sin la teoría general de la relatividad. Albert Einstein creó literalmente un nuevo cosmos; únicamente con papel y lápiz mina. Algunas de sus consecuencias fueron tan revolucionarias, que hasta el propio Einstein retrocedió espantado. Hoy en día, su “Teoría de la relatividad” juega un rol en la vida cotidiana, específicamente en los aparatos de navegación de nuestros autos y celulares que funcionan con GPS.

Una personalidad impresionante

Los revolucionarios descubrimientos de Albert Einstein no son sin embargo la única razón de su fama. El físico no solo poseía un gran genio, sino también una impresionante personalidad. Nacido el 14 de marzo de 1879 en el seno de una familia de judíos comerciantes, ya desde temprano manifestó su deseo por estudiar en la universidad, lo que sin embargo no le fue posible al terminar el colegio. Por ello, se empleó en 1902 en una oficina de patentes en Suiza. En 1914 fue llamado a la Academia prusiana de las ciencias en Berlín, sin embargo, desde comienzos de la década del ’20 se vio sometido cada más intensamente a la campaña de hostigamiento antisemita. Cuando durante una estadía en EEUU se enteró de la llegada de Hitler al poder, el 30 de enero de 1933, decidió no volver a Alemania. La ciudad norteamericana de Princeton se transformó en su nuevo hogar, en cuya universidad siguió investigando hasta su muerte en 1955.

En una actitud bastante escandalosa para un físico de su época, Einstein mostraba gran interés por el devenir político del mundo sobre el cual opinaba a menudo. En ese contexto, abogó por el humanismo y el pacifismo y apoyó la causa anti racista. Ningún otro representante de las ciencias naturales ha sido nunca tan popular como Albert Einstein. Charlie Chaplin le dijo una vez: "A mí la gente me aplaude porque todos me entienden, a usted lo aplauden porque no lo entiende nadie."