Compartir e intercambiar Los chimpancés actúan de forma desinteresada

Chimpanzees in Ivory Coast’s Taï National Park
Foto (detalle): © C. Boesch/MPI EVA

Compartir está de moda. Christophe Boesch ha observado en Costa de Marfil que no solo a los humanos les gusta hacerlo sino también a los primates. Él es director de la sección de primatología en el Instituto Max-Planck para antropología evolucionista en Leipzig.

Christophe Boesch conduciendo el trabajo de campo en el Parque Nacional de Loango de Gabón. Señor Boesch, el Instituto Goethe lo invitó para el simposio cultural “Compartir e Intercambiar” en junio 2016 en Weimar. En el parque nacional Taï en Costa de Marfil observó que compartir e intercambiar también forma parte del día a día de los chimpancés.

Los chimpancés que observamos comparten su comida de forma habitual, particularmente los machos adultos son muy generosos. Una dimensión de intercambio se crea cuando existe una contrapartida: cuando, por ejemplo, una hembra está más dispuesta a aparearse con un macho si éste le ha pasado carne antes. Lo llamamos de forma provocativa “carne por sexo” pero este intercambio tiene ventajas sociales: se fortalece la red, se crean alianzas. Hablamos de un altruismo recíproco, es decir, de un servicio de provecho mutuo. Si un chimpancé del grupo es atacado es más probable que le ayude otro si anteriormente ha compartido carne con él.

Gran parte de su investigación se dedica al cascar nueces que realizan los chimpancés. ¿Hablaría de altruismo si una madre chimpancé comparte con su hijo?

Las nueces enTaï son ricas en proteínas – pero también son muy duras, las más duras en toda África. A las crías les cuesta cascarlas. Por lo tanto, es normal que una madre chimpancé comparta nueces con su hijo. Sin embargo, cuando una madre le sigue cascando las nueces a su hijo de seis o siete años, es decir, después del destete, eso sí es notable.
 
Chimpancés adoptan a crías huérfanas

Durante siglos se creía que solo los humanos eran capaces de actuar de forma altruista. Usted investiga a los chimpancés desde 1976 y ha podido observar lo contrario.

Más de una docena de veces hemos visto en Taï que otros miembros del grupo han adoptado a crías chimpancés huérfanas, el parentesco no influía. Más de la mitad de las crías huérfanas fueron adoptadas por machos que  - salvo un caso – no eran los padres biológicos.

Hay que tener en cuenta que una adopción es mucho trabajo para los “padres adoptivos”: por ejemplo, tienen que compartir su comida y de noche tienen que construir nichos suficientemente grandes para los dos. ¿Por qué los machos se hacen ese trabajo si  ni siquiera son los padres biológicos y por tanto, tampoco hay intereses evolucionistas?

Posiblemente no va a sonar muy científico – pero probablemente por generosidad o por razones personales como si se dieran cuenta que las crías no tendrían ninguna oportunidad sin su apoyo.
 
Ha investigado a chimpancés no solo en el parque nacional Taï sino también en Gabón y Tanzania. En el parque nacional Taï el altruismo está mucho más desarrollado que en otros grupos de chimpancés.

El peligro de los leopardos es muy alto en el parque nacional Taï: todos los chimpancés son atacados cada tres años y medio en promedio. Por tanto, los chimpancés están obligados a cooperar a un nivel muy alto. Por eso, la disposición de ayudarse mutuamente, de cuidar a miembros del grupo que están heridos y de adoptar a huérfanos está muy desarrollado.
 
Lo que distingue al humano de sus parientes más cercanos

Cuando se discute sobre altruismo y comportamiento desinteresado se llega rápidamente a un nivel filosófico, tal como lo ha adoptado también el simposio cultural del Instituto Goethe. ¿Cómo influyen compartir e intercambiar en el desarrollo cultural y qué significa confianza en tiempos de “sharing economy”, por ejemplo? ¿Cuánto influye la filosofía en su propia investigación?

El intercambio interdisciplinario es muy interesante en esta cuestión. Al final siempre se trata de la pregunta de qué es lo que le hace humano al humano y qué es la diferencia entre el humano y un chimpancé, por ejemplo. ¿Somos los únicos que pueden traspasar tradiciones y culturas a nuestros descendientes? Los filósofos llevan milenios reflexionando sobre esa pregunta – pero solo desde 1950 aproximadamente tenemos acceso a animales salvajes. Por primera vez podemos dar respuestas científicas – pero si yo supiera la respuesta decisiva me quedaría sin trabajo. Lo que sí podemos afirmar con seguridad es que la distancia supuestamente tan grande entre el humano y los animales con cada cosa que aprendemos se vuelve más pequeña.

Sus investigaciones también han contribuido para que se haya vuelto más pequeña. ¿Eso le incentiva?

Siempre me frustro de nuevo por los pocos datos que tenemos sobre los chimpancés. En los zoológicos los animales muestran comportamientos distintos que en libertad y observar a chimpancés salvajes precisamente toma mucho tiempo y además es difícil. Que sepamos tan poco sobre nuestros parientes más cercanos siempre se convierte en un problema para ellos. Tenemos que trabajar duro para saber más sobre los primates y hacer todo lo posible para protegerlos.